jueves, 24 de marzo de 2011

La bestia en Lima (Iron Maiden, Estadio de San Marcos, 23 de marzo de 2011)



Siempre me criticaron que en los conciertos no era demasiado efusivo, que la emoción me la guardaba en los bolsillos. No sé si esa visión era la correcta. Creo que no. Sin embargo, ayer sí que fue la excepción. Cuando Iron Maiden salió al escenario a las 9 de la noche, todo cambió.

La noche limeña prometía, a pesar que la convocatoria no terminaba de pegar y la gente llegaba a cuentagotas. Y digo prometía porque no estaba solo, después de muchísimos años asistía con mis dos mejores amigos a la comunión con la música (Valium en pleno, sus otros miembros están en el destierro). Las cervezas y los puchos iban y venían y el cuerpo estaba preparado para detonar como un cochebomba.

Contracorriente, el grupo peruano telonero, cumplió con creces. Con dos magníficas guitarras y una estridente batería demostró que hay poco que envidiar afuera y dejó algunas frases de antología ("Buenas noches, basuras"; "Aniquila la situación"; "Sácale la mierda a esa guitarra"). Los tres comenzamos a avanzar, entre una marea de sudor y polos negros, el escenario era el objetivo final.

Con una puntualidad inglesa, a las 9 de la noche los reflectores se apagaron y el escenario se convirtió en una pequeña vía láctea. Los acordes del intro de The final frontier dieron paso a la explosión de las tres guitarras, el bajo, la batería y la voz inconfundible de Bruce Dickinson. La bestia estaba nuevamente en Lima y venía dispuesta a arrasar. La espera de 26 años por fin terminaba. Durante las próximas dos horas nadie iba a quedar indiferente.

La noche comenzó a enfriarse (una inusitada lluvia se desató y me hizo pensar por un momento en el Cusco) pero adelante el calor era peor que un sauna. Los cabellos mojados y la gente arremolinada que saltaba sin pausa contagiaban al pogo que poco a poco se fue desatando. 2 minutes to midnight fue el principio del fin. La marea humana nos llevaba de un lado a otro y lo único que quedaba por hacer era dejarse llevar. Intentar resistirse era inútil.

Es difícil tratar de recordar lo que pasó a continuación. Tengo visiones fragmentadas del concierto. Solo sé que la música sonaba y sonaba, potente, sólida, sin pausa. Lo siguiente que recuerdo es un cataclismo de gente saltando y gritando y yo con ellos, abrazado a extraños (cometí el error de ir al baño a medio concierto -mis recientes estrenados riñones no aguantaron tantas cervezas- y, aunque volví a meterme de lleno a la masa de gente de adelante, no pude encontrar de nuevo a mis partners). La gente, cuando había una pausa en esa locura colectiva, socializaba las cervezas, los puchos y hasta los huiros. Acólitos de una religión extraña y desconocida, comulgábamos en conjunto con todos los presentes.

Al final, pude recuperar al fin a mis amigos y terminamos la noche conversando y tomando unas cervezas en un parque, hasta que la policía, patrullero de por medio, nos botó. Ya no seremos los jóvenes de antes, pero ayer pudimos comprobar que nos divertimos igual. 

Dicen que al concierto de Maiden asistieron únicamente 25 mil personas. Sentí que era hermano de todas ellas.

 

Set List
Satellite 15... The Final Frontier
El Dorado
2 Minutes to Midnight
The Talisman
Coming Home
Dance of Death
The Trooper
The Wicker Man
Blood Brothers
When the Wild Wind Blows
The Evil That Men Do
Fear of the Dark
Iron Maiden
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The Number of the Beast
Hallowed Be Thy Name
Running Free



lunes, 21 de marzo de 2011

Presentación (Nueva Era)

Queridos (y escasos) seguidores:

Han sido más de cuatro años que escribo y mantengo este blog bajo el seudónimo de Giordano Bruno, aquel hereje por excelencia que decidió incinerarse defendiendo sus ideas en un mundo regido por el oscurantismo y la intolerancia. Durante este largo tiempo quise hacer de este medio una bitácora de viaje, un registro de emociones, sensaciones y lecturas que me permitieran arrojar una botella al mar del ciberespacio dejando constancia que existía alguien del otro lado, con las mismas confusiones, sufrimientos y pequeñas alegrías como cualquier otro.

De ese tiempo hasta ahora demasiada agua ha corrido bajo el puente. Mis confusiones siguen siendo muchas y mis certezas son pequeñas y se cuentan con los dedos de una mano. Sin embargo, hace poco tiempo que mi vida está experimentando un cambio radical en todos los aspectos, he empezado un viaje interior que espero que me lleve a encontrarme conmigo mismo, sea lo que fuere que halle al final del sendero. En esos afanes, me planteé seriamente abandonar este blog, eliminarlo o dejarlo a la deriva, con la esperanza que tantas palabras que podían resumir una vida sirvieran -si fuera el caso- de algo a alguien. Sin embargo, me pareció injusto abandonar este pequeño cuaderno de viaje, por insignificante que fuera. Le tengo un inmenso cariño y en sus páginas virtuales puedo reconocerme en todos estos años, tal como soy y como siempre quise ser.

Es por eso (y por muchas otras cosas más) que decido hoy abandonar el anonimato y dar la cara (disculpen la osadía). Se inicia -al menos para mí- una nueva etapa y una nueva era. Aún no sé a dónde me llevará. Como música de fondo resuenan los acordes de la canción de la Velvet Underground: "Something's got a hold on me/ And I don't know what/ It's the beginning of a new age/ It's the beginning of a new age/ It's a new age."

  

viernes, 18 de marzo de 2011

Ala de Colibrí


Hoy me propongo fundar un partido de sueños,
talleres donde reparar alas de colibríes.
Se admiten tarados, enfermos, gordos sin amor,
tullidos, enanos, vampiros y días sin sol.

Hoy voy a patrocinar el candor desahuciado,
esa crítica masa de Dios que no es pos ni moderna.
Se admiten proscritos, rabiosos, pueblos sin hogar,
desaparecidos, deudores del banco mundial.

Por una calle descascarada
por una mano bien apretada.

Hoy voy a hacer asamblea de flores marchitas,
de deshechos de fiesta infantil, de piñatas usadas,
de sombras en pena del reino de lo natural
que otorgan licencia a cualquier artefacto de amar.

Por el levante, por el poniente,
por el deseo, por la simiente.

Por tanta noche, por el sol diario.
En compañía y en solitario.

Ala de colibrí,
liviana y pura.
Ala de colibrí
para la cura.
                 (Silvio Rodríguez)

jueves, 17 de marzo de 2011

Wild Horses


"I know I dreamed you a sin and a lie
I have my freedom but I don't have much time
Faith has been broken, tears must be cried
Let's do some living, after we'll die

Wild horses couldn't drag me away
Wild, wild horses, we'll ride them some day

Wild horses couldn't drag me away
Wild, wild horses, we'll ride them some day"

Amén, Rolling Stones.

martes, 8 de marzo de 2011

Lucha de Gigantes


Lucha de gigantes convierte
el aire en gas natural,
un duelo salvaje advierte
lo cerca que ando de entrar
en un mundo descomunal,
siento mi fragilidad.

Vaya pesadilla corriendo
con una bestia detrás,
dime que es mentira todo,
un sueño tonto y no más,
me da miedo la enormidad,
donde nadie oye mi voz.

Deja de engañar,
no quieras ocultar
que has pasado sin tropezar.

Monstruo de papel,
no se contra quién voy,
¿o es que acaso hay alguien más aquí?

Creo en los fantasmas terribles
de algún extraño lugar,
y en mis tonterías para
hacer tu risa estallar.

En un mundo descomunal,
siento mi fragilidad.

Deja de engañar,
no quieras ocultar
que has pasado sin tropezar.

Monstruo de papel,
no se contra quién voy,
¿o es que acaso hay alguien más aquí?

Deja que pasemos, sin miedo...

PD: Hoy, por alguna extraña razón, me levanté con esta canción en la cabeza.
El gran Antonio Vegas y una verdad inmensa como la luna.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Cerrado por derribo


Esta sala de espera sin esperanza,
estas pilas de un timbre que se secó,
esta mala ventura, esta contradanza,
este tráiler de mudanzas,
con los muebles del amor.


Esta campana herida en el campanario,
esta mitad partida por la mitad,
estos besos de Judas, este calvario,
este look de presidiario,
esta cura de humildad.


Este cambio de acera de tus caderas,
este payaso que ya no hace reír,
este arrabal sin grillos en primavera,
ni espaldas con cremallera,
ni anillos de presumir.


Este dulce de leche contaminado,
este perro andaluz sin domesticar,
este orgullo de príncipe destronado,
esta esquina del pecado,
esta ruina de Don Juan.


No abuses de mi inspiración,
no acuses a mi corazón
tan maltrecho y ajado
que está cerrado por derribo.
Por las arrugas de mi voz
se filtra la desolación
de saber que estos son
los últimos versos que te escribo,
para decir "condiós" a los dos nos sobran los motivos.


Esta necesidad de necesitarte,
este llamarte sin quererte llamar,
este olvidarme del deber de olvidarte,
este lunes, este martes
y el miércoles que vendrá.


Esta lágrima de hombre de las cavernas,
esta horma del zapato de Barba Azul,
qué poco rato dura la vida eterna
por el túnel de tus piernas
entre Córdoba y Maipú.


Esta guitarra húerfana y delirante,
con su terco knock knockin’ on heaven’s door,
estos dedos que dejan caer un guante,
delicado y transhumante,
a los pies de un trovador.


Este Land Rover aparcado en tu puerta,
la rueca de Penélope en el Luna Park,
este sueño que sueña que se despierta,
esta caracola muerta
sin la gramola del mar.


No abuses de mi inspiración,
no acuses a mi corazón
tan maltrecho y ajado
que está cerrado por derribo.
Por las arrugas de mi voz
se filtra la desolación
de saber que estos son
los últimos versos que te escribo,
para decir "condiós" a los dos nos sobran los motivos.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Javier Heraud: Poema


Quisieron ser iguales los hombres.
                                     Y eran hombres.
Sólo que no se daban cuenta.
Quisieron gozar y sufrir como los hombres.
                                    Y eran hombres.
Quisieron morir como los hombres.
                                     Han muerto.
Ahora sí que saben qué hombres eran.
                                    Son hombres.
                                                          (1958)

lunes, 21 de febrero de 2011

La insoportable inmadurez del ser


En casi todas las películas de Woody Allen el azar suele jugar un papel fundamental en determinar el destino de sus protagonistas. El destino, en ese sentido, no es otra cosa que las piezas de ajedrez movidas por un Dios detrás de Dios del que hablaba el poema de Borges. Casi siempre, las fichas dispuestas en ese enorme tablero que es la vida acaban firmando tablas, en el mejor de los casos y, en el peor, suscribiendo la defunción del rey.

La última película de Allen, "You will meet a tall dark stranger" (2010)  (traducida extrañamente al castellano como "Conocerás al hombre de tu vida") es un manifiesto acerca de la mediocridad de la que están pobladas nuestras relaciones afectivas en los tiempos que corren, de cómo solemos angustiarnos por perseguir una felicidad que es cada vez más esquiva, de cómo el destino se burla de nuestras insatisfacciones. Aquí no hay golpes de suerte como en Matchpoint, aquí lo que puede salir mal sale de todas maneras mal.

El amor evidentemente es el leivmotiv de este cúmulo de historias entrecruzadas donde cada personaje va construyendo, poco a poco, el pozo de donde ya no podrá salir. Sin embargo, la narración es ajena al tono fatalista y sombrío que podría adoptarse (y que constituye una marca registrada de Woody Allen); aquí los personajes se van a la mierda con una sonrisa cómplice del espectador. La comedia es la excusa para presentarnos en toda su dimensión la fatalidad de la que está hecha la vida de los hombres.

Los protagonistas también dan la talla: Anthony Hopkins (primera vez dirigido por Allen) es un correcto anciano preocupado por alcanzar una plenitud física y sexual que ya le es esquiva y que lo lleva a divorciarse de su arcaica esposa (una brillante Gemma Jones) y volver a casarse con una prostituta escandalosa y venida a menos (Lucy Punch). También está la bellísima Naomí Watts (con esa belleza que a las mujeres solo le otorga la madurez) quien debe sobrellevar un anodino matrimonio con un escritor frustrado (Josh Brolin) y un amor no correspondido con su jefe snob (Antonio Banderas). El hilo conductor de todos ellos es una charlatana adivinadora del futuro que con sus predicciones ocasiona más de un desarreglo. En suma, el reparto cumple a cabalidad la función de representar la tragicomedia montada por Allen para ilustrarnos acerca de cómo la vida se encuentra en otra parte, menos allí donde la esperamos.

En los primeros 7 minutos de la película, Allen, de manera brillante, nos presenta a todos los personajes de la historia. El resto de la narración está dedicada a mostrarnos su inevitable -y a veces cómica- caída.

Háganse un favor y véanla.

  

lunes, 7 de febrero de 2011

Blues for Gary


Se fue a los 58 años. Una edad donde uno ya no es una joven promesa pero el queda el innegable talento que te brinda la experiencia. Estaba en Málaga de vacaciones y, al parecer, su agotado y bluesero corazón no quizo consentir unos acordes más. Se fue como los grandes. Sin despedirse. Sin lágrimas ni adioses inoportunos. Se quitó sin más.

Gary Moore (1952-2011) fue uno de aquellos eximios guitarristas de segunda fila, sin que esto signifique desmedro o falta de maestría. Nada de eso. Lo suyo era la guitarra eléctrica y afilada. Lo supo Thin Lizzy que lo tuvo entre sus filas. Lo supo también el gran Peter Green que lo recomendó ante la CBS para que lo ficharan. Lo suyo era era el hard rock y el heavy. El blues -la etapa que más prefiero- fue un amor tardío pero no menos importante. Su guitarra lloraba con esos acordes sobre el amor sucio y no correspondido.

Ahora, mientras escucho el magnífico disco "Blues for Greeny" (1995), donde plasmó toda su admiración por Peter Green y el blues duro de Fleetwood Mac, creo que Moore, allá arriba, ya está afinando su vieja guitarra y buscando a Rory Gallagher y a Hendrix para bajarse unas botellas de whisky.

Hasta luego, maestro.   

martes, 1 de febrero de 2011

La noche devastada


Las memorias del cubano Reinaldo Arenas, “Antes que anochezca” (Barcelona, Tusquets editores, 7º edición. 343 páginas),  es un libro devastador en varios sentidos.

En primer lugar, porque desnuda la miseria de la revolución cubana, aquel experimento social que entusiasmó a gran parte de Latinoamérica, pero que, luego de muy poco tiempo, terminó plagada de oscuros funcionarios y soplones de toda laya, donde la sola palabra crítica, disidente  o contraria al régimen era –y es- condenada como delito y castigada con prisión efectiva en unas cárceles que se asemejan a degradantes campos de concentración. Reinaldo Arenas tuvo la desdicha de encarnar todo lo condenado por los progresistas barbudos que tomaron el poder a partir del 1º de enero de 1959 en la pequeña isla caribeña: era escritor, homosexual y disidente.

El testimonio de Arenas sobre su vida en Cuba es conmovedor y desgarrado. Al principio, aun adolescente, se pliega vigorosamente a la revolución que se venía gestando y que culmina en la toma del poder por parte de Fidel Castro y sus milicianos. Después, poco a poco, va cayendo en cuenta del gran embuste que significaba el régimen que solicitaba sacrificios del pueblo a cambio de discursos floridos y promesas etéreas. Su devoción por la literatura lo lleva a escribir como poseso sus novelas y poemas y pedir a sus amigos que le guarden sus manuscritos originales por temor que caigan en manos de los burócratas del servicio de inteligencia, donde, de seguro, lo condenarían por escribir aquellos despropósitos en una isla donde en teoría el paraíso había sido instaurado en la tierra. Aquel ir y venir de sus manuscritos lo llevó a reescribir de memoria más de tres veces “Otra vez el mar” (una de sus más logradas novelas y que mi dilecto amigo puñalón secuestró de mi biblioteca sin devolución hasta la fecha) porque, por alguna u otra razón, aquel endemoniado manuscrito se perdía una y otra vez. Hasta que sucedió lo inevitable. Le fabrican una denuncia y dictan orden de arresto contra él. Se escapa y logra refugiarse en el Parque Lenin de La Habana por algunos meses, trepado a los árboles y durmiendo como mono colgado en ellos, con la única compañía de un viejo ejemplar de La Ilíada. Teme perder la razón y se deja capturar. La prisión a donde lo envían es en realidad un campo de concentración disfrazado donde los seres humanos son tratados como escoria, trata de suicidarse pero falla. La vida, poco a poco, se vuelve una oscura pesadilla de la cual teme no despertar. 

Los suplicios y vejaciones sufridas por Arenas no las narra el yo ficcional del escritor, las sufre él mismo en carne propia y por tanto son el testimonio de un sobreviviente, de alguien cuyo error fue no coincidir con el régimen implantado y que por lo mismo tuvo que padecer los vericuetos de un sistema desalmado y kafkiano que condenaba a la desaparición cualquier intento de disidencia. Si alguien, aun en la actualidad, defiende (con candor o ingenuidad) el régimen cubano, bastaría una lectura de estas descarnadas memorias escritas por un cubano cuyo único delito consistió en declarar abiertamente su insatisfacción con el estado de las cosas existente para reconsiderar los entusiasmos progresistas con relación a Cuba. 

En segundo lugar, el libro también es devastador en la descripción abierta e impudorosa de la homosexualidad de Arenas y de los homosexuales en Cuba en aquellos primeros años de la revolución cubana. Según confesión propia, Arenas tuvo encuentros sexuales con más de 5000 hombres en Cuba, muchos de ellos altos oficiales y soldados rasos que representaban la virilidad de la revolución. Sin embargo, esta condición y estas preferencias son narradas de una manera espontánea, sin complejos ni remordimientos de ningún tipo, como una consecuencia previsible y natural de las preferencias sexuales de su autor. Incluso en las más sórdidas aventuras, la libertad de hacer lo que a uno le plazca es la guía que ilumina el camino de Arenas.

Al fin, con la apertura del Puerto Mariel en Cuba para dejar salir a todos los indeseables de la impoluta revolución cubana (homosexuales, orates, delincuentes y un largo etcétera), Reinaldo Arenas consigue escabullirse del férreo control del régimen cubano contra él, y cambiando una letra de su apellido –Arinas por Arenas- logra embarcarse en una de esas naves repletas de desesperados cubanos que dejando atrás familia y sueños destrozados, logran, por fin, escapar del "paraíso terrenal".

Sin embargo, ya una vez libre, aquella libertad sexual le pasaría la factura. Le detectan sida y, muy enfermo ya, antes del fin (antes que anochezca) decide suicidarse, en el ejercicio último de su libertad de decidir. Estamos en Nueva York, en el mes de diciembre del año 1990 y la noche afuera ya llegó.      

 CARTA DE DESPEDIDA DE REINALDO ARENAS ANTES DE SUICIDARSE:

“Queridos amigos: debido al estado precario de mi salud y a la terrible depresión sentimental que siento al no poder seguir escribiendo y luchando por la libertad de Cuba, pongo fin a mi vida. En los últimos años, aunque me sentía muy enfermo, he podido terminar mi obra literaria, en la cual he trabajado por casi treinta años. Les dejo pues como legado todos mis terrores, pero también la esperanza de que pronto Cuba será libre. Me siento satisfecho con haber podido contribuir aunque modestamente al triunfo de esa libertad.  Pongo fin a mi vida voluntariamente porque no puedo seguir trabajando. Ninguna de las personas que me rodean está comprometida con esta decisión. Sólo hay un responsable: Fidel Castro. Los sufrimientos del exilio, las penas del destierro, la soledad y las enfermedades que haya podido contraer en el destierro, seguramente no las hubiera sufrido de haber vivido libre en mi país. 

Al pueblo cubano, tanto en el exilio como en la isla, los exhorto a que sigan luchando por la libertad. Mi mensaje no es un mensaje de derrota sino de lucha y esperanza. 

Cuba será libre. Yo ya lo soy”


viernes, 28 de enero de 2011

Salmo de gloria


Gloria a mí nacido para cafichar, reír, joder,
morirme de miedo, colocar bombas, 
tener mujeres, hijos, padres, enemigos,
saludar amigos, ir a bares, drogarme, 
llorar, amar a mi abuela, gritar en mi casa
correr sobre el césped
preguntar la hora
intentar trabajar para vivir con mi mujer
Gloria a mí
y piedad inmensa de los dioses
a la hora última de todos los días
cuando sin las luces de los actos heroicos
ni los gritos de los actos cobardes
me halle en el último rincón, el más oscuro de mi cuarto
curándome de las diarias heridas, limpiándome los ojos
y no teniendo ya ganas ni siquiera de gritar.
                                                                                                         (Óscar Málaga)

jueves, 20 de enero de 2011

Voluntad de vivir manifestándose


Ahora me comen.
Ahora siento cómo suben y me tiran de las uñas.
Oigo su roer llegarme hasta los testículos.
Tierra, me echan tierra.
Bailan, bailan sobre este montón de tierra
y piedra
que me cubre.
Me aplastan y vituperan
repitiendo no sé qué aberrante resolución que me atañe.
Me han sepultado.
Han danzado sobre mí.
Han apisonado bien el suelo.
Se han ido, se han ido dejándome bien muerto y enterrado.
Este es mi momento.

(Reinaldo Arenas, Holguín -Cuba- 1943, Nueva York 1990)

domingo, 16 de enero de 2011

Reflexiones de un autócrata


Hoy, después de mucho tiempo, estuve desempolvando mis viejos libros. 
Mientras pasaba la franela por las páginas y lomos de viejos libros conocidos y otras promesas por descubrir, me encontré con esta cita del maestro Onetti (Confesiones de un lector), subrayada en un tiempo remoto e inmemorial, pero que perfectamente se puede aplicar en la actualidad, sobretodo que mañana es un maldito lunes, otra vez:

"Esta vida propia es entonces verdadera, más o menos sensible de acuerdo con el grado de talento del autor. Personajes-personas que nacieron en los libros son hoy mis amigos o conocidos. Fabricio del Dongo, Hamlet, Bovary, el primo Pons, Maigret, Tartufo, Don Quijote, Marlowe y una serie larguísima de héroes triunfantes que no menciono para evitar que alguien me atribuya pretensiones de erudito, tienen hoy para mí más vida y realidad, casi más cuerpo, que mis anónimos compañeros de oficina." (Noviembre de 1978)

Amén, maestro.



jueves, 13 de enero de 2011

El infierno tan temido


La generosidad y el cariño de mi amigo Fernando me permitieron devorar en pocos días la última novela de Mario Vargas Llosa, “El sueño del celta”. Pude entonces asistir al irlandés Roger Casement en su descenso a los infiernos de la selva congolesa y amazónica, horrorizarme de los abusos perpetrados contra los indígenas que las habitaban, ser testigo de su conversión fanática al nacionalismo irlandés y estar a su lado cuando la horca terminó con sus días luego de ser juzgado como traidor al imperio británico al que sirvió de manera leal y eficiente como su diplomático.  

Y es que la historia construida por Vargas Llosa alrededor de Roger Casement es, desde muchas lecturas, fascinante y terrible. Por ello no es gratuito que uno se embarque en sus primeras páginas y no pueda despegarse hasta el final, absorto y alucinado, acompañando como mudo testigo a esa multiplicidad de espíritus y hombres que es en sí mismo Roger Casement. Por eso tampoco es gratuita la inclusión en la novela de la célebre frase del uruguayo José Enrique Rodó: “Un hombre es muchos hombres”.

Sir Roger Casement

En efecto, la vida de Roger Casement fue la existencia no de uno, sino de varios hombres. 

Aún muy joven, con 19 años, partió al Congo, deslumbrado por ese continente africano inexplorado y desconocido. Allí pasó 20 años, trabajando en nombre de una civilización y un dios occidental. No tardó mucho en darse cuenta que la verdadera motivación de los funcionarios del rey belga Leopoldo II (un bribón y genocida donde los haya) pasaba por la explotación y la degradación moral, espiritual y física de los aborígenes africanos, quienes eran obligados a trabajar forzadamente sin retribución alguna recolectando marfil y caucho y muchas veces torturados y mutilados cuando se negaban a ello o se resistían a cumplir las órdenes de los desalmados funcionarios. La codicia era el signo distintivo de la civilización que, como fachada, pretendía implantarse. Fue nombrado cónsul y por su informe honesto y desgarrado denunciando la miserable situación del Congo recibió la orden de caballero del imperio británico.

Africanos mutilados como castigo

Luego, parte ya de la diplomacia británica, enrumba hacia la selva amazónica para internarse en el Putumayo y denunciar, también horrorizado, la infrahumana situación de los indígenas amazónicos explotados por la empresa de Julio C. Arana (la Peruvian Amazon Company, peruana con capitales británicos) en la recolección del caucho, esa fiebre desatada alrededor de los árboles gomosos abundantes en nuestra selva, donde los indígenas de varias tribus (witotos, ocainas, boras, andoques, entre otros) fueron diezmados en trabajos extenuantes y genocidios organizados por aquellos a quienes solo importaba la comercialización europea del caucho (no por gusto a aquella selva infernal del Putumayo se la conocía como “El paraíso del diablo”). Aquí también Casement se enfrentó a un régimen colonial y esclavista (a pesar que en el Perú la esclavitud se había abolido hace mucho), los caucheros constituían un estado dentro del estado peruano y la Casa Arana era la única ley en aquellos territorios agrestes e inhóspitos. Aquí, Casement se ve envuelto en una telaraña burocrática que es uno de nuestros signos más distintivos, pues los representantes gubernamentales (jueces, prefectos, policía y militares) defendían a capa y espada la explotación cauchera que sustentaba la economía regional y traía el progreso de Iquitos (incluso, la Casa Arana pagaba los sueldos de estos funcionarios públicos cuando el estado peruano –por la lejanía de estos lugares- no podía cumplir con hacerlo). Casement presenta su informe sobre las atrocidades cometidas en el Putumayo y Julio C. Arana comparece ante una comisión de la Cámara de los Comunes defendiendo lo indefendible.

Una indígena amazónica muerta de inanición
Indígenas amazónicos esclavizados
Por otro lado, poco a poco, Roger Casement se convierte al nacionalismo irlandés y toma conciencia de la condición de sometido de su milenario pueblo celta. Se aparta de los servicios de la corona británica y comienza a complotar contra ella. Estamos en la primera guerra mundial y Casement viaja a Alemania a pedir ayuda al gobierno del Káiser para liberar a Irlanda del yugo británico. Como parte de ese complot, llevado fusiles y municiones para los nacionalistas desembarca de un submarino alemán en las costas irlandesas donde es capturado por militares británicos. Es juzgado por alta traición y su condena es la horca. El 03 de agosto de 1916 ve la luz matinal por última vez mientras el verdugo acomoda la gruesa soga alrededor de su cuello.

Casement también sobrelleva, en su múltiple vida, una homosexualidad que lo atormenta y consume. En sus diarios anota, con un detalle morboso, sus innumerables aventuras sexuales con desconocidos (“Baños públicos. Hijo de clérigo. Bellísimo. Falo largo, delicado, que se entiesó en mis manos. Lo recibí en mi boca. Felicidad de dos minutos”). Vargas Llosa cree que muchas de aquellas aventuras fueron inventadas por un Casement atormentado que quería sublimar sus instintos y que veía en la redacción de esos relatos escandalosos una manera de desfogarse (estamos en plena época victoriana y la homosexualidad es poco menos que un crimen inconfesable). Luego, el imperio británico sacaría a la luz aquellos diarios íntimos para desprestigiar y terminar de hundir en la ignominia al encarcelado Roger Casement.

Mario Vargas Llosa ha logrado con “El sueño del celta” acercarnos al insondable pozo que supone el alma, a los límites de la maldad consustancial al ser humano, a aquel infierno tan temido que habita en todos nosotros.     




PD: La semilla de una novela es una idea persistente que ronda en la cabeza del escribidor y que no puede exorcisarse hasta que se plasma en papel. Quizás, uno de los orígenes de El sueño del celta sea esta propia confesión de Vargas Llosa en el 2002 cuando, en su libro de ensayos La verdad de las mentiras y analizando el Corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, escribe lo siguiente:

"Pero quienes, a base de una audacia y perseverancia formidables, consiguieron movilizar a la opinión pública internacional contra las carnicerías congolesas de Leopoldo II fueron un irlandés, Roger Casement, y el belga Morel. Ambos merecerían los honores de una gran novela. El primero (que, al cabo de los años, sería, primero, ennoblecido y, luego, ejecutado en Gran Bretaña por participar en una rebelión por la independencia de Irlanda) fue, durante un tiempo, vicecónsul británico en el Congo, y desde allí inundó el Foreing Office con informes lapidarios sobre lo que ocurría."   (pág. 36)

Vargas Llosa le hizo los honores a la historia de Roger Casement.

sábado, 11 de diciembre de 2010

El discurso del nobel

Desde mi cubículo andino pude escuchar, en directo, la mayor parte del discurso de recepción del Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, ante la Academia Sueca en Estocolmo. Y, debo confesar que, también yo, acompañé profundamente emocionado las palabras de un hombre que, en la penumbra de la vida, hace un recuento de todo cuanto le ayudó a forjar su vocación espartana de escribidor.

"Elogio de la lectura y la ficción" es un discurso sencillo y emotivo (imposible olvidar la voz quebrada y las lágrimas asomando cuando hace referencia a la prima y esposa Patricia y le agradece haberlo salvado del "torbellino caótico" en que se hubiera convertido su vida sin ella) pero no por ello menos profundo y significativo. Son las palabras de un hombre cuya vida entera fue dedicada, en cuerpo y alma, al complicado y difícil arte de narrar ficciones y con ellas tratar de rectificar una realidad siempre adversa y anodina.

Sin embargo, siempre hay aguafiestas. Se ha acusado al discurso de Vargas Llosa de "repetitivo, caótico, superficial y errático". Estos señorones de la literatura que suelen ser bastante interesantes pero a veces, también y en igual medida, terriblemente insufribles, anhelaban quizás una clase magistral sobre literatura dictada desde una cátedra elevada e indigerible. Olvidan que el discurso de Vargas Llosa son las palabras urgentes de un hombre enfrentado al umbral de su existencia, que quiere dejar constancia -en su último gran reconocimiento en vida- de la pasión que fue el centro de toda su existencia: la literatura. Son palabras simples que están dirigidas al hombre común, para alentarlo quizás a que tome un libro, se introduzca en sus páginas y se rebele ante las miserias de las que está hecha la vida cotidiana. Quizás, a lo mejor, por ese breve espacio de tiempo, esta vida sea más llevadera y la muerte y toda su parafernalia quede desterrada. 

lunes, 6 de diciembre de 2010

Heberto Padilla, 1 poema

POÉTICA

DI LA VERDAD.
Di, al menos, tu verdad.
Y después
deja que cualquier cosa ocurra:
que te rompan la página querida,
que te tumben a pedradas la puerta,
que la gente
se amontone delante de tu cuerpo
como si fueras
un prodigio o un muerto.


sábado, 4 de diciembre de 2010

Nuestros años verde olivo


"Nuestros años verde olivo" (1999) es una novela autobiográfica del chileno Roberto Ampuero sobre los años que vivió en Cuba, a la que llega huyendo de la carnicería instaurada por Pinochet en Chile luego del golpe de estado a Salvador Allende. Es un manifiesto desencantado y sórdido y es la comprobación -desde dentro de la utopía cubana- que el paraíso ofrecido por el socialismo jamás fue tal (o tan solo lo fue para algunos iluminados). Es el testimonio de un joven (como miles de otros) que creyó firmemente en la lucha por los ideales de justicia e igualdad y encontró, en aquella isla donde se suponía que el hombre avanzaba en la construcción de una nueva civilización, que el sueño ofrecido iba tornándose pesadilla de la cual uno no se podía despertar fácilmente.

La historia comienza cuando Ampuero (o el personaje creado por él para que cuente la historia) llega a Alemania Oriental en 1974, luego de salir de Chile a salto de mata, pues en el gobierno de la Unidad Popular pertenecía a una célula de estudiantes comunistas y, ya se sabe, estos eran la carne fresca con la cual llenar estadios para después desaparecerlos. En la Alemania Socialista, el joven e idealista Ampuero conoce a la hija del reconocido revolucionario Ulises Cienfuegos (personaje inspirado Fernando Flores Ibarra, fiscal de la Revolución Cubana que durante los años 1961-1964 envió al paredón a más de cien cubanos acusados de ser 'contrarevolucionarios', ganándose con ello el apodo de 'charco de sangre') y se enamora perdidamente de ella. Con un incipiente embarazo a cuestas y con la severa admonición del padre, los jóvenes deciden viajar a Cuba, casarse y formar una familia allí, en pleno centro de la revolución latinoamericana y bajo la consigna de "patria o muerte".


El caso es que, poco a poco, el joven e idealista chileno, va cayendo en cuenta que la utopía cubana es en realidad una miserable dictadura como cualquier otra que beneficia únicamente a aquella burocracia dirigencial -como la de su suegro- que nunca sufren escasez o racionamiento alguno, mientras que el pueblo pasa las de Caín con la libreta de racionamiento, donde se persigue a la gente por sus ideas y por cómo piensa (en la novela, el autor describe la amistad que llega a tener con Heberto Padilla, el escritor abominado por la revolución cubana por su libro de poemas "Fuera de juego" y cuya persecución causaría el rompimiento definitivo de muchos intelectuales con el régimen cubano, entre ellos, Mario Vargas Llosa). Con un divorcio a cuestas y alejado de la élite dirigencial en la cual se desenvolvía su suegro, el joven chileno comienza a vivir -como un simple cubano más- la realidad del régimen y sus miserias cotidianas, las penurias para conseguir un pedazo de carne o un simple techo donde dormir. Aprende a desconfiar de todos lo que lo rodean, pues cualquier inocente crítica al sistema, cualquier queja expresada en voz alta se convierte en sospechosa de contrarevolucionaria y por lo tanto perseguida y punible penalmente. A partir de entonces, salir de la isla se convierte en su única obsesión, lo que lo llevará incluso a planear escapar en una balsa, como cientos de cubanos de antes y después, como su propio hijo que muchos años más tarde murió en el intento ("Mi hijo se hizo a la mar en balsa durante una noche de luna llena y nunca arribó a los cayos de la Florida. Una nave del servicio de guardacostas de Estados Unidos descubrió su embarcación en aguas internacionales. Estaba volcada y vacía", pág.441).

Fernando Flores Ibarra "Charco de sangre"
Roberto Ampuero, como su personaje, finalmente logra salir de la isla, luego de intrincadas peripecias burocráticas y con la desilusión marcada en el espíritu. En el espíritu y en la pluma.  

Raúl Castro sostiene el libro de Ampuero y lo enseña a Michelle Bachelet en la Feria del Libro de la Habana (2009), como queriendo desmentir su censura en la isla, al igual que "Persona non grata" de Jorge Edwards y "Confieso que he vivido" de Pablo Neruda.


SOBRE EL LIBRO Y SUS REPERCUSIONES:

"Hacía tiempo que un libro no me absorbía y emocionaba tanto como esta descripción tan honesta, tan veraz y tan lúcida de una ilusión que compartimos tantos latinoamericanos con la Revolución Cubana" (Mario Vargas Llosa)

"Ampuero sería hoy un don nadie si no hubiese tenido la suerte de vivir en Cuba. Gracias a la Revolución cubana y a sus suegros tuvo casa, comida y ropa limpia. Con el sustento resuelto, se dedicó a sacar provecho de la nueva beca obtenida. Y una vez concluida la meta de ser profesional, con el título de licenciado bien seguro bajo el brazo, salió de Cuba, dejando atrás dos hijos, uno de ellos de su matrimonio fracasado, de quienes poco o nada se ocuparía en adelante" (Fernando Flores Ibarra)

"Usted es conocido por el apodo de "Charco de sangre". ¿Es verdad que mandó a fusilar a más de 100 personas entre 1961 y 1964 en la isla, cuando Castro desató su más dura represión?
-Es posible. No he contado para saber si fue esa cifra, pero ¡nunca me he arrepentido!.

Esas muertes no me han quitado el sueño. Jamás he dejado de dormir un minuto, ni siquiera en la siesta. ¿Sabe por qué? La mortalidad infantil en mi país es de sólo siete por cada mil habitantes. Es decir, con la revolución le hemos salvado la vida a cientos de miles de niños. También fusilamos gente, aunque no me jacto de eso ni mucho menos. (Fernando Flores Ibarra)

DEL EPÍGRAFE DEL LIBRO:

No lo olvides, poeta.
En cualquier sitio y época
en que hagas o sufras la Historia
siempre estará acechándote algún poema peligroso.
"Dicen los viejos bardos", Heberto Padilla

domingo, 28 de noviembre de 2010

Los hijos perdidos de Neruda

La soledad también tiene sus ventajas, al menos para aquellos que solemos detestarla por múltiples razones. Podemos, por ejemplo, disponer de nuestro tiempo libre con absoluta libertad, tirarnos perniabiertos sin hacer nada, viendo como el reloj va avanzando descuidado a lo largo del día o, como ahora, enfrascarnos en un libro divertido que nos haga perder la noción del tiempo, al menos durante el par de días que duró su lectura.

Esto último es lo que acaba de pasarme con "El caso Neruda" del chileno Roberto Ampuero, el libro que compré distraído en una libreria de mi andina ciudad con esa secreta intuición de tesoro oculto que solo el tiempo puede develar.

La historia discurre en Chile, en el invierno de 1973, los últimos meses del gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende. Cayetano Brulé (el célebre detective cubano creado por Ampuero) conoce casualmente a Pablo Neruda, quien, en el ocaso de su vida y carcomido por el cáncer que, junto con el golpe de estado de Pinochet, se lo llevarían al otro lado, le confía una extraña misión. Debe rastrear en México a una enigmática mujer, quien en el pasado ha sido la amante del poeta siendo una mujer casada y a quien éste abandonó en su embarazo, sospechando que la hija que tuvo es suya.

Sin duda, la humanización de Neruda y la descripción de sus contradicciones como ser humano son lo más logrado de la novela. El poeta, quien hasta su vejez no dejó de tener mujeres y amantes a su lado, recuerda, en su ocaso, su reprochable comportamiento con las mujeres de su vida, que lo llevó incluso a abandonar a su única hija -Malva Marina y a la madre de ésta, Maria Antonieta Hagenaar- porque había nacido con hidrocefalia y sería un lastre demasiado pesado de cargar en su incipiente -todavía- carrera de poeta. El remordimiento y la lucidez que supone encontrarse próximo a la muerte hace que Neruda le encargue a Cayetano Brulé el seguir los rastros de su amante y de su hija perdida, entregándole unos libros de George Simenon para que, con la ayuda del personaje de éste, Maigret, pueda definir su carácter de detective privado.

Ampuero se inspira en un verso del poema "La pródiga" (Los versos del capitán), donde Neruda escribe: "Yo te pregunto: ¿dónde está mi hijo?" para dar rienda suelta a una historia llena de suspenso e intrigas históricas, donde si bien es cierto a veces se ven las costuras, el producto final es bastante satisfactorio y entretenido, que ya es decir bastante en épocas como la nuestra, donde la literatura se parece cada vez más a un fuego de artificio que a una herramienta que te ayude a transitar tu soledad, por ejemplo.

Ahora ataco "Nuestros años verde olivo", las memorias de la revolución cubana de Ampuero, pero ésa es ya otra historia.

  

Machu Picchu


Quizás se deba a los días de ausencia. Quizás al tiempo pasado fuera de casa. Quizás a este terrible, puntual y marcial dolor de estómago. Quizás a que regreso de Tacna, cuna del poeta Juan Gonzalo Rose. Quizás a todo esto y quizás a ninguna cosa, simplemente porque sí. El caso es que me acuerdo del breve pero inmenso poema de Juan Gonzalo, a quien le bastó únicamente un par de versos para revelarnos una verdad inconmensurable como nuestra enorme ciudadela: "menos belleza, Padre, y más sabiduría".

Machu Picchu, dos veces
me senté en tu ladera
para mirar mi vida.

Para mirar mi vida
y no por contemplarte,
porque necesitamos
menos belleza, Padre,
y más sabiduría.