sábado 5 de diciembre de 2009

Días de borrasca

Estos días no son buenos.
La angustia y la culpa se multiplican y las mañanas son más sombrías que de costumbre.
Hay muchas menos razones para seguir (pero hay que hacerlo).
Una canción que nunca falla (ojalá que no, esta vez -por favor- no).


Hey Jude, don't make it bad.
Take a sad song and make it better
Remember to let her into your heart,
Then you can start to make it better

Hey Jude, don't be afraid.
You were made to go out and get her.
The minute you let her under your skin,
Then you begin to make it better

And any time you feel the pain, Hey Jude, refrain,
Don't carry the world upon your shoulders.
For well you know that it's a fool who plays it cool
By making his world a little colder.
(.)
Hey Jude don't let me down.
You have found her, now go and get her
Remember to let her into your heart,
Then you can start to make it better.
(.)
So let it out and let it in, Hey Jude, begin,
You're waiting for someone to perform with.
And don't you know that it's just you, Hey Jude, you'll do,
The movement you need is on your shoulder.
(.)
Hey Jude don't make it bad.
Take a sad song and make it better.
Remember to let her under your skin,
Then you'll begin to make it
Better, better, better, better, oh.

domingo 15 de noviembre de 2009

No Surprises (House M.D Sixth Season)



La sexta temporada de House M.D empezó oficialmente en setiembre y aún no he podido verla.
Me pierdo el episodio de estreno en el cable porque, en el fondo, me rehuso a convertirme en esclavo de los horarios y comerciales de grandes corporaciones (además, no veo quién pueda seguir cualquier serie alguna en el cable cuando tienen dos hijas revoloteando alrededor).
Recurro a mis caseros de siempre (en Cusco, el Centro Comercial El Molino, 969 stands de 2.5 m2 cada uno, es lo más parecido a Polvos Azules que existe) hasta que una de ellas, como quien hace un pase prohibido, me entrega los dos primeros discos de la temporada de estreno.
Despatarrado y dueño del control del DVD me dispongo a ver el primer capítulo ("Broken"), cuando House está internado en un hospital siquiátrico para tratar las alucinaciones que lo perseguían, gracias a un agotamiento agudo y los centenares de "Vicodin's" que ingería como Halls de limón. De entrada, lo primero que me impacta es la canción con la cual se abre el capítulo y que muestra al inefable doctor en pleno proceso de desintoxicación, es "No Surprises" de Radiohead, incluido en uno de los mejores discos que rock que jamás haya escuchado "Ok Computer" (1997). Después vendrán situaciones que me hacen recordar a Jack Nicholson y "Atrapado sin Salida", incluyendo un breve affaire con Franka Potente (demasiado acartonada para mi gusto).
El primer capítulo se cierra con un House casi en paz consigo mismo, curado de su infelicidad y desintoxicado por fin, aguardando, con su media sonrisa cachacienta y un polo desgastado, lo que los guionistas le tienen deparado en esta temporada.
No sé porqué pero, cuando apago el DVD, la canción de Radiohead me sigue dando vueltas en la cabeza.


House en plan Jack Nicholson


A heart that's full up like a landfill,
a job that slowly kills you,
bruises that won't heal.
You look so tired-unhappy,
bring down the government,
they don't, they don't speak for us.
I'll take a quiet life,
a handshake of carbon monoxide,

with no alarms and no surprises,
no alarms and no surprises,
no alarms and no surprises,
Silent silence.
This is my final fit,
my final bellyache,

with no alarms and no surprises,
no alarms and no surprises,
no alarms and no surprises please.
Such a pretty house
and such a pretty garden.
.
No alarms and no surprises,
no alarms and no surprises,
no alarms and no surprises please.
.
[Un corazón lleno como un vaciadero de basura,
un trabajo que mata lentamente,
contusiones que no se curan.
Te ves tan cansado e infeliz,
derroquemos al gobierno,
ellos no, no hablan por nosotros.
Elijo una vida tranquila,un apretón de manos de monóxido de carbono.

Sin alarmas y sin sorpresas,
Sin alarmas y sin sorpresas,
Sin alarmas y sin sorpresas,
Silencioso silencio.
.
Este es mi último exabrupto,
mi último dolor de estómago.
.
Sin alarmas y sin sorpresas,
Sin alarmas y sin sorpresas,
Sin alarmas y sin sorpresas, por favor.
.
Qué linda casa,
y qué lindo jardín.
.
Sin alarmas y sin sorpresas,
Sin alarmas y sin sorpresas,
Sin alarmas y sin sorpresas, por favor.]

viernes 13 de noviembre de 2009

Metallica: The Four Horsemen

Hasta que por fin los deseos comienzan a convertirse en realidad.

Metallica empieza su gira latinoamericana en Lima el 19 de enero de 2010, en el Estadio de San Marcos (caray, si los camaradas de los '80 hubieran avisorado lo que pasaría en su alma mater se entregaban por cuenta propia a la DINCOTE).

Valdrá la pena el recorrido de los 800 kilómetros que me separan de la sucia capital si, alrededor de las 10 de la noche, comienzo a escuchar, ese esperado día, entre el humo y la adrenalina a full, los primeros acordes de Ectasy of Gold de Morricone.

Lo demás ya no importa.

domingo 25 de octubre de 2009

El Guerrero de Hielo

De todos los próceres que poblaron nuestra independencia, siempre preferí –intuitivamente- a don José de San Martín. Después de leer “La Logia de Cádiz” del argentino Jorge Fernández Díaz (Buenos Aires, Planeta, 2008) esa intuición queda plenamente comprobada.

Don José de San Martín fue ese raro prototipo de militar profesional y hombre de principios, para el cual el honor constituía el norte hacia el cual estaban guiadas todas sus acciones. Supo darse cuenta a tiempo del oscurantismo que representaba la España de Fernando VII e ingresó –de cuerpo y alma- a la logia masónica “La Sociedad de los Caballeros Racionales” de Cádiz para conspirar en beneficio de la libertad de los pueblos de américa. Abandonó una expectante carrera militar en España para viajar a la incertidumbre de la américa española y organizar –de la nada, desde el cero- el movimiento que llevaría a una de las mayores gestas militares e independistas de la historia. Como dice el autor del libro que comentamos, San Martín tuvo que traicionar para no traicionarse a sí mismo.

Con el grado de capitán combate fieramente en el bando español contra los franceses en la famosa batalla de Bailén, que supuso la primera derrota del glorioso ejército napoleónico. El general Francisco Javier Castaños dirigía los ejércitos españoles y Pierre Antonine Dupont los franceses (Napoleón, después de conocido el resultado de la batalla diría: “Desde que el mundo existe, no ha habido nada tan estúpido, tan inepto y tan cobarde como el general Dupont”). San Martín, por su valerosa acción en combate, recibe la Medalla de Oro de los Héroes de Bailén. A pesar de eso, y ya decidido a luchar por la independencia de los pueblos americanos, pide su baja en el ejército español, escoge una nueva espada y se embarca hacia lo desconocido y la incertidumbre. La libertad y el honor guiarían luego sus pasos.
(.)
San Martín sabía que sin la férrea disciplina de la milicia profesional, la idea de la gesta independentista estaba perdida. Por ello, con paciencia, tenacidad y mano de hierro creó el “Regimiento de Granaderos a Caballo” y los adiestró personalmente en técnicas de batalla y en el honor inclaudicable que profesaba (dejó escrito de su puño y letra los catorce pecados mortales de sus granaderos, entre los cuales se encontraba “por cobardía en acción de guerra, en la que aun agachar la cabeza será reputado tal”). Sus Granaderos le temían más a él y a su honor que a los propios realistas.

Sin embargo, la incipiente américa no estaba exenta de los odios, envidias y mezquindades que serían nuestro sino futuro. Por ello, San Martín es sospechoso de espionaje a favor de la corona española y es enviado a misiones suicidas, como aquella dirigida a frenar las incursiones de los realistas en las costas del río Paraná. Con su recién creado regimiento se instala en el Convento de San Carlos (provincia de Santa Fe) esperando el desembarco de los realistas. La mañana del 03 de febrero de 1813 y ante el desembarco de 300 soldados españoles, en primera línea de combate, el entonces coronel San Martín libra el combate de San Lorenzo, donde, a pesar de la victoria, casi pierde la vida.

Luego, la historia es conocida. Abandona a su familia para organizar la expedición que cruzaría Los Andes (su esposa María de los Remedios de Escalada muere de tuberculosis muy joven dejando a la hija de ambos, Mercedes, al cuidado de su abuela) y, cansado de las intrigas políticas y la mezquindad ególatra de Simón Bolivar, después de libertar a la nueva América (“No queda un solo español armado en la América” dirían después sus Granaderos) decide abandonar la gloria y la nueva fortuna de patriarca libertador, y se retira a París a vivir su últimos años en compañía de su hija Mercedes.

“La Logia de Cádiz” es un excelente libro que va a caballo entre la novela histórica y el relato histórico. Está plagada de honor militar, trepidantes aventuras y batallas militares protagonizadas por don José de San Martín, quizás el único héroe de nuestra independencia que realmente merezca tal nombre.

San Martin cruzando los Andes con su regimiento de Granaderos

San Martín en 1848, a los 70 años de edad, retirado de la gloria de patriarca


"Todo empezó cuando vi que mis hijos adolescentes y sus compañeros detestaban la historia argentina. Me impactó mucho que se interesaran por episodios históricos de Estados Unidos y Europa, a partir básicamente de películas de aventuras producidas por la cultura anglosajona, y que desdeñaran, por aburridísimos y confusos, a los héroes nacionales. La versión escolar era tan formal y la transmisión de la épica era tan desganada que la historia argentina se había transformado en eso: un amasijo de fechas, internas políticas y héroes de bronce. Me sentí tocado, me prometí mostrarles que la historia argentina podía ser una maravillosa novela de peripecias. Para los chicos, San Martín es un político, algo así como un estadista de plomo que hizo cosas tan loables como soporíferas. Mis hijos miraban con indiferencia las proezas sanmartinianas, pero veían con gusto la historia universal en grandes producciones cinematográficas y se interesaban por esos héroes anglosajones. Asociaban nuestra guerra de la independencia con los manuales de hastío y con las pesadas fiestas patrias en los patios del colegio. Esa idea fue muy hiriente para mí. Por alguna razón, alguien nos había robado la épica. La Argentina asordina la épica y ningunea a sus guerreros, y le regaló a la derecha militar el sentimiento y la simbología sanmartiniana. San Martín fue canibalizado por las dictaduras, usurpado en su iconografía y utilizado de paraguas para la perpetuación del poder. Esa carencia, se diría, esa injusticia fue el germen de La Logia de Cádiz . Incluir un volumen en la Colección Robin Hood o una película en Sábados de cine de superacción , donde los chicos de mi edad vivimos las aventuras maravillosas de tantos. El problema es que los héroes y las aventuras siempre quedaban allá lejos. Es como si tuviéramos un complejo de inferioridad, como si hubiésemos aceptado nuestra condición de sociedades subdesarrolladas, que no tienen héroes ni epopeyas."
(Jorge Fernandez Diaz)

domingo 4 de octubre de 2009

Sensaciones de Domingo


"How does it feel
How does it feel
To be on your own
With no direction home
Like a complete unknown
Like a rolling stone?"

domingo 27 de septiembre de 2009

G.K.Chesterton y los Herejes

"Nada indica más singularmente un mal enorme y callado de la sociedad moderna que el uso extraordinario que se hace estos días de la palabra «ortodoxo». En los días pasados el hereje se enorgullecía de no ser hereje: herejes eran los reyes del mundo, la policía, los jueces; él era ortodoxo. No se jactaba de haberse rebelado contra ellos; era ellos quienes se habían rebelado contra él. Los ejércitos con su cruel seguridad, los reyes con sus rostros insulsos, los ceremoniosos procedimientos del Estado, las razonables acciones de la ley, todo eso se había descarriado, como las ovejas. Mas el hombre se enorgullecía de ser ortodoxo, de estar en lo cierto. Si se encontraba solo en un desierto terrible, era, más que un hombre, un credo. Era el centro del universo: en su rededor giraban las estrellas. Todas las torturas de los infiernos no le harían confesar que era hereje. No obstante, algunas frases modernas lo muestran alabándose de serlo. Ahora él dice, con risa consciente: «Supongo que soy todo un hereje», y busca el aplauso de su entorno. La palabra «herejía» no sólo significa que no se está equivocado; prácticamente implica una mente despejada y valerosa. La palabra «ortodoxia» no solamente no significa ya estar en lo cierto; prácticamente quiere decir estar equivocado.

Todo esto puede significar una cosa, y sólo una cosa. Significa que las gentes se preocupan menos de estar filosóficamente en la verdad. Porque, evidentemente, un hombre antes debería confesarse de fatuo que de hereje. El bohemio con su corbata roja debería preciarse de su ortodoxia. El dinamitero que pone una bomba debería creer que, aparte de cualquiera otra cosa que sea, por lo menos es ortodoxo.

Es una locura, hablando en general, que un filósofo encienda en la hoguera a otro filósofo porque no están de acuerdo en sus teorías del Universo. Esto se hizo muy frecuentemente en la última decadencia de la Edad Media y fracasó en la totalidad de su objeto. Pero hay una cosa que es infinitamente más absurda que quemar a un hombre por su filosofía. Es el hábito de decir que su filosofía nada importa; y esto es lo que se hace universalmente en el siglo veinte, en la decadencia del gran período revolucionario.

Las teorías generales son menospreciadas en todas partes: la doctrina de los derechos del hombre es tan desacreditada como la doctrina de la caída del hombre; el ateísmo nos resulta hoy demasiado teológico; la revolución tiene demasiado de sistema; la libertad misma tiene algo de estrechez. No aceptamos generalizaciones."

(G.K.Chesterton, Herejes, Capítulo I)

sábado 26 de septiembre de 2009

Marx y el Materialismo Gruñón

................................Marx en sus últimos años..............................

Desde que estaba en el colegio, la figura de Marx como intelectual siempre me pareció enormemente atractiva e influyente. Cierto es que en esa época repetía de memoria algunos conceptos del materialismo histórico y dialéctico como un loro, sin apenas comprenderlos, siguiendo la moda de izquierdas que tanto marcó a nuestra generación. Sin embargo, la figura de Marx como intelectual siempre mantuvo su vigencia en mi santoral particular a pesar del manoseo que de él hicieron sus seguidores.

Comprometido con su quehacer filosófico e intelectual hasta las últimas consecuencias (pasaba días enteros sin comer, investigando y leyendo encerrado en la biblioteca de Londres y sin un cobre en el bolsillo), quiérase o no, para bien o para mal, se convirtió en la figura mundial más influyente del siglo XX.

La estupenda biografía intelectual que sobre él hace Isaiah Berlin [(2007): Karl Marx. Su vida y su entorno. Madrid, Alianza Editorial, tercera reimpresión. 240 páginas] me lo trae de vuelta, humano e intelectualmente honesto (parece mentira que Berlin, connotada figura liberal, haya publicado su primer libro, con 30 años, precísamente sobre el viejo Karl).

Leyéndolo, vuelvo a reafirmar mis viejos afectos a su gran figura intelectual y humana (aun cuando no esté de moda en estos días) y me entero de sus odios y afectos, de sus inconmovibles convicciones rayanas en la intolerancia, de su misantropía a prueba de todo, de su carácter huraño y terriblemente gruñón. Detestaba a las muchedumbres y a las masas a pesar de haber dedicado toda su vida al estudio de los intereses de éstas.

Un intelectual ruso contemporáneo suyo, Annenkov, dejó escritas estas líneas sobre él después de conocerlo:

"Marx pertenecía al tipo de hombres que son todo energía, fuerza de voluntad e inconmovible convicción. Con una espesa greña negra, con manos velludas y una levita abotonada como quiera, tenía la apariencia de un hombre acostumbrado a inspirar el respeto de los otros. Sus movimientos eran desmañados, pero revelaban seguridad en sí mismo. Sus maneras desafiaban las convenciones del trato social y eran altivas y casi despectivas. Tenía voz desagradablemente áspera y hablaba de los hombres y de las cosas en el tono de quien no está dispuesto a tolerar ninguna contradicción y que parecía expresar la firme convicción en su misión de influir en los espíritus de los hombres y dictar las leyes de su ser." (citado en Isaiah Berlin: Karl Marx. Su vida y su entorno)

“A Marx […]se le ha atacado con demasiada frecuencia sobre un terreno personal y moral, de modo que lo que aquí hace falta es, más bien, una severa crítica racional de sus teorías combinada con la comprensión afectiva de su sorprendente atracción moral e intelectual.” (Karl Popper, La sociedad abierta y sus enemigos)