sábado 11 de julio de 2009

Una y muchas muertes

Me entero que el pasado 6 de julio ha fallecido Enrique Congrains Martin (1932-2009).

Autoexiliado del Perú por voluntad propia, Congrains era de esos raros casos de escritores que un día, de un momento a otro y movido por circunstancias desconocidas, decide dejar de escribir y borrarse del panorama y el mundillo literario. Alguien diría, siguendo a Vila-Matas, que era un Bartleby más, alguien a quien la vida y sus pequeñas miserias lo reclamaron a sus dominios alejándolo de la literatura.

Desempolvo mi vieja edición de "No una, sino muchas muertes" (1967) publicada en Montevideo por la editorial Alfa y vendida a precio de regalo hace ya muchísimos años, en el mercado de Jesús María, por un librero ambulante, gordo y alcohólico, quien cada vez que me veía llegar por novedades me llamaba 'camarada' y entonaba la Internacional Socialista mientras me invitaba un trago de su mortal mezcla rebajada.

Busco también -y encuentro- una vieja revista Quehacer (número 46, abril-mayo de 1987) donde, luego de 30 años de silencio sin conceder entrevista alguna, conversa con Tomás G. Escajadillo y Carlos Caldeón Fajardo sobre el Perú, la literatura, Sendero Luminoso y un variado etecétera.

Transcribo algunos fragmentos de ambas a modo de homenaje, sobretodo ahora que estamos frente a una y muchas muertes.

Del inicio de la novela:

"Precedediendo a Berta, al fin emergió del humo que cubría gran parte del basural, y poco a poco, como para reencontrarse, fue tomando contacto con las referencias habituales del paisaje: al fondo, a medio kilómetro de distancia, sobre el barranquito que daba al acequión paralelo al Rímac, la silueta del lavadero de pomos, y en el trecho que aún debían andar, en aquel restante sector húmedo, vegetal y podrido, los chanchos y los gallinazos, repartidos por toda la blanda superficie, limpiada previamente por otros hombres y animales de lo útil para las reventas y de lo provechoso para el engorde y sobrevivencia."

De la entrevista:
"Para mí el Perú se jodió el día que nos invadieron y conquistaron los españoles. Ese es mi punto de partida histórico. Pero es un se jodió temporal, absolutamente temporal. Es un jodió que justamente nuestra obligación histórica es resolverlo"
[...]
"Creo que la fuerza de Sendero no radica en su proyecto maoísta formal u oficial, sino en que renueva la revolución de Túpac Amaru. Sendero no es un grupo postizo; es un grupo que ha arraigado y está recogiendo toda la vitalidad del elemento indígena"
[...]
"Yo no creo que los problemas del Perú , los verdaderos problemas del Perú, se resuelvan por las vías legales"
[...]
"Me gustaría que hubiera un Inca, que sea representante del Estado y el representante de los peruanos, de todos los peruanos, exactamente como el rey Juan Carlos de España. Y un presidente moderno , un presidente elegido por otras vías"
[...]
"(...) el Perú criollo tenía tres alternativas frente al problema indígena, desde su punto de vista. La primera solución era el sistema norteamericano o el sistema australiano: el exterminio del indígena, captar una fuerte corriente migratoria europea y convertir al Perú en lo que más o menos es la provincia de Buenos Aires, no toda Argentina, o lo que es parte de Chile, un país más o menos blanco. La segunda alternativa era asimilar al indígena promoviéndolo. Y por último, la alternativa del cholo barato, la del indio barato. Esa fue la alternativa que escogieron, y ahora la están pagando con Sendero Luminoso"
[...]
"Dejé de escribir después de No una, sino muchas muertes, novela que nadie ha sabido entender [...] es una novela básicamente política; nadie la tomó en ese sentido: la tomaron como una novela de los basurales, del lumpen. Es una novela donde yo transmito, trato de transmitir un mensaje a la mujer (...)"

viernes 3 de julio de 2009

Gracias Shakey


Desde siempre, Neil Young ha sido uno de mis iconos musicales y culturales obligados. Recuerdo que, cuando andaba en la universidad, en aquellas reuniones interminables de fines de semana pobladas de botellas y cigarrillos, siempre estaba presente Neil Young acompañándonos con sus canciones. Muchas veces, totalmente borrachos ya, entonábamos algunos de sus himnos en voz alta, destrozando los oidos del vecindario y de mis pobres viejos. En esas pequeñas fiestas, uno de los mayores entusiastas con Neil Young era mi viejo amigo Kaiserkeller.

Ahora que anda por Alemania estudiando cosas inintelegibles, tuvo la oportunidad de asistir por primera vez a un concierto de Neil Young y lo que sigue es una pequeña crónica de ese momento de comunión con nuestro viejo Shakey. Estoy seguro que, en algún momento de ese concierto, estuvimos presentes con él todos aquellos que, desde ese pequeño cuarto blanco perdido en Los Olivos, disfrutábamos de sus canciones y sus melodías.

"¿Se puede traducir la música? Y no sólo me refiero a los textos sino a todo el concepto musical. Eso es lo que traté de hacer el día en que por primera vez escuché a Neil Young, genio donde los haya.

Dentro del espectro musical, pocos son los músicos que crean climas distintos con sus melodías y ese ha sido siempre el caso del popular Shakey. Hace un par de semanas pude comprobarlo frente a él cuando, sin mayor parafernalia y armado únicamente con sus guitarras, se paró en el escenario y con tan sólo un parco movimiento de mano, que significaba ‘hola, aquí estoy’, inició un repaso de su extensa carrera musical.

Dar un recuento de cada tema interpretado con magistral intensidad resultaría ocioso, la experiencia Young fue apoteósica, duros y violentos riffs, cruda violencia sonora y remanso acústico espiritual, parecía que nos llevaba del paraíso al averno, ida y vuelta y sin escalas.

Cada instante ha quedado marcado en el recuerdo y gracias al portal youtube puede ser revivido de alguna manera. Nueve mil personas deseosas de escuchar a nuestro querido (anti) héroe quedaron extasiadas (y, seamos honestos, vivimos de héroes y antihéroes cada día y en Young confluyen ambos).
Desde el inicio con su rudo “hey hey my my”, pasando por el medio con el adorable “unknow legend” para llegar al final con el violento tributo “a day in the life”, en el cual Young desgarró las cuerdas, en violenta escenificación, hasta que él y su tropa se retiraron en medio de una ardiente emoción. Young no pronunció muchas palabras (es más bien parco y ese también es su estilo) pero dejó el más hondo mensaje a cada uno de nosotros. Tal como escribió muy bien un periodista al día siguiente, Neil Young no es la máxima expresión de la técnica en la guitarra pero sí es la máxima expresión del minimalismo guitarrero, y yo agregaría que la máxima expresión de honestidad musical.

Gracias Shakey."

lunes 8 de junio de 2009

Esperando a Roncagliolo


Mi amigo Rosendo me la prestó sin mucha convicción, casi como deshaciéndose de ella. "Se extraña al narrador de 'Pudor'", me dijo escuetamente y abandonó la novela en mis manos.

Comenzé a leerla sin muchas expectativas, casi por obligación. Sin embargo, pasadas las primeras hojas, poco a poco, la historia de la nueva novela de Santiago Roncagliolo (Memorias de una Dama: Lima, Alfaguara, 328 páginas) comienza a agarrar vuelo y se deja leer con facilidad.

La novela narra la historia de un joven aprendiz de escritor que busca en España afirmar su vocación, la cual -en el Perú, su país de origen- corría el riesgo de convertirse en un hobby pasajero. El muchacho va en busca de cualquier trabajo que le permita subsistir mientras aguarda la oportunidad adecuada para escribir la novela que lo sacara del anonimato literario europeo. En esas anda cuando conoce a Diana Minetti, una millonaria dominicana y aristocrática que lo contrata para que -como negro literario- escriba sus memorias. La novela, a partir de entonces, desarrolla dos historias en paralelo: las peripecias del joven sudaca para subsistir en España e insertarse -arribista, en el puro sentido limeño de la palabra- en el mundillo literario español y la historia de la familia de la millonaria dominicana en plena dictadura de Trujillo, en donde se gestó una fortuna non santa que ahora reclama la vieja dama.

Sin duda la parte más lograda de la novela es aquella que relata el origen del poderío de la familia Minetti en la República Dominicana y las peripecias del joven escritor para desentrañar los oscuros hilos tejidos alrededor de esa madeja. La otra parte de la historia (aquella centrada únicamente en la vida del joven escritor y sus desventuras) es predecible y, muchas veces, aburrida, a pesar que desfilan en esta etapa como personajes Vargas Llosa y el mismo Roncagliolo, quien es tomado como el cliché del nuevo escritor famoso: pedante e insoportable ("A la cuarta cerveza, Roncagliolo, con su apellido ridículo y sus maneras de señorito, ya me caía bien: era lo que yo quería ser, era lo que quizás yo podría ser, era un amigo natural, un alma gemela del Paraguay").

En un anterior post sobre Roncagliolo comenté que había que esperar al muchacho. En esta novela, en efecto, se nota mucho más el nervio y el oficio y la técnica parece un problema resuelto, sin embargo, todavía se percibe que falta algo, un toque, un halo, quizás el sello imperceptible de los maestros.

Esta es la tercera novela de Roncagliolo, la tercera novela de Vargas Llosa fue Conversación en la Catedral.

Del Libro:

"Pero el problema real no era el dinero, sino la autoestima. Lima era en esos años una ciudad deprimida, donde cualquier ilusión corría el riesgo de ser detectada y aniquilada a la menor señal de vida. Y la prosperidad no cambiaba eso. Los pocos amigos con que aún me escribía eran socios menores en estudios de abogados, periodistas de televisión, guionistas de productoras transnacionales. Tenían autos y casas, algunos hasta esposas y putas y eso. Pero se quejaban igual. Todo les parecía horrible en Lima. Si les escribía que pensaba regresar, nadie me decía:
-Qué bueno, hermano, nos tomaremos unas cervezas.
Sino:
-¡Noooooo! ¿Estás loco? ¡Esto es una mierda! ¡Quédate en España!"

domingo 7 de junio de 2009

LODAZAL



Detenido en el desconcierto
asumo el áulico aullido de las derrotas.
El lobo busca su natural religiosidad
contra la muerte.
Llueve la vida con asombro.
Llueve en los tapices de carne.
Llueve en los esperpénticos vueltos
enmascarando territorios de súplicas.
Hay humo.
Hay miedo.
Y las palabras explotan fastidiadas.

Y trepida una estrella.
(Jorge Pimentel, En el Hocico de la Niebla)


Domingo Rojo



La muerte en Bagua celebra la ineptitud de los políticos. Ha reclamado para sí vidas de ambos bandos. Por un lado, policías pagados con un sueldo miserable que no saben porqué dejan su sangre y sus anhelos regados en el piso. Por el otro, indígenas secularmente olvidados por el Estado y llevados a una confrontación inútil por obra y gracia de los politiqueros de siempre.

Al final, la muerte de pie y aplaudiendo, feliz.

miércoles 27 de mayo de 2009

Amores Perros

Trato de matar el tiempo un sábado. Tengo media hora y unos soles en el bolsillo. Entro a una de las pocas librerías que hay en mi ciudad. Husmeo entre títulos antiguos y otros no tanto. Diviso el libro de Magaly Medina y sonrio. Me encuentro con una edición boliviana de“Lo que Varguitas no dijo”, el libro de Julia Urquidi Illanes, la primera mujer de Vargas Llosa, y sonrio dos veces. Lo compro y salgo dispuesto a entrometerme en la vida íntima del escritor.


Cuando Vargas Llosa publicó en el año 1977 “La tía Julia y el escribidor”, su primera esposa, Julia Urquidi Illanes acusó el golpe (“…me sentí amargada de que ponga mi vida al descubierto”, pág. 327) y se dispuso a fraguar una velada venganza en forma de libro. “Lo que Varguitas no dijo” (La Paz, editorial Khana Cruz, tercera edición, 1995, 329 páginas) se publicó originalmente en 1983 y supuso la versión de parte de la famosa “Tía Julia” sobre la relación amorosa y marital que sostuvo con el aún imberbe escritor. Así como una minuciosa historia de los detalles que le llevaron a la separación y posterior divorcio –prima hermana por delante- del escritor.

De entrada, en el prólogo, Julia Urquidi levanta el pie y escribe: “No han sido pocas las dificultades que he tenido que vencer para que este libro salga a la luz, desde la amenaza velada –a través de terceras personas- hasta querer silenciarme –con malas artes- con la compra de originales por una suma que no era de dejar pasar” (pág.15).
Cuando se conocen, en Bolivia, Julia tenía 19 años y Vargas Llosa 9 años (“Mario era un niño debilucho, engreído y antipático; toda la familia vivía alrededor de él y él tenía conciencia de su privilegiada situación y sabía cómo aprovecharla. Parece que desde niño supo sacar ventaja de quienes lo querían.”). Luego, 10 años después, cuando se reencuentran, Mario era un estudiante universitario y Julia había atravesado su primer divorcio. Poco a poco, el amor se va instalando entre ellos y deciden casarse clandestinamente en Chincha, ante la oposición de la familia que veía con malos ojos este amor extraño entre la tía y el sobrino (Julia Urquidi era la hermana de la mamá del escritor).

Viven en Lima un tiempo y después deciden quemar sus naves y viajar a Europa. Primero en Barcelona, luego a París. Durante este tiempo, en la pareja, se suceden escenas comunes en la vida marital: celos, peleas, rupturas, reconciliaciones y todo desde el principio. La cosa se agrava cuando viaja a vivir con ellos la prima hermana de Varguitas y la sobrina de la tía Julia, Patricia Llosa, la verdadera manzana de la discordia. Patricia comienza a estudiar en la Sorbona y entonces Julia comienza a notar un extraño cambio en el comportamiento de Varguitas: pasa más tiempo con Patricia, van al cine juntos, cuchichean, cuando viajan ella se sienta al lado de él, en fin, señales evidentes que algo se traen entre manos. Las crisis de celos de la tía Julia se agravan hasta llegar a intentos de suicidio. Varguitas no reconoce el nuevo amor y trata que las cosas sigan como están. En ese tiempo, un avión de Air France con destino a Lima se estrella poco después de despegar, en él viajaba Wanda Llosa, la hermana mayor de Patricia, que también vivía en París con Mario y Julia. Patricia, destrozada, retorna a Lima.

Durante un tiempo la pareja vive sola y los problemas empeoran. Julia nota a Varguitas lejano, distraido y melancólico, pero éste impide siquiera hablar del tema. El tiempo transcurre y “La Ciudad y los Perros” es premiada con el Biblioteca Breve de Seix Barral. La carrera del escritor comienza a despegar. Atraviesan un breve periodo de tranquilidad y Mario le pide permiso para viajar a Lima para cotejar algunos datos del primer borrador de La Casa Verde. El permiso le es concedido y Varguitas viaja a Lima para ya no volver junto a la tía Julia. El reencontrarse con Patricia fue el detonante y el escribidor rompe su matrimonio por carta. Le pide el divorcio a su tía para casarse con su prima hermana.

Julia Urquidi queda muy dolida por el comportamiento de sus sobrinos, a los cuales acusa de no haber actuado con la honestidad debida cuando tuvieron la oportunidad. Estigmatiza a Varguitas con un egoismo digno de mejores causas. “Tenía fe en él y una gran confianza. No me equivoqué en lo literario. Como hombre me defraudó. Cuando ya su nombre empezó a ser conocido y tenía una vida nueva me excluyó. Lo anterior ya no servía. Ahora tenía que ascender con nuevas emociones y relaciones. Los sacrificios de quien tanto le había dado ¿qué importancia tenían? Eso ya no valía nada. Ya logró lo que quería. Borrón y cuenta nueva. Sólo importaba él.”

Como anécdota, con gran frescura, luego del divorcio con la tía Julia y el inminente matrimonio entre los primos hermanos, Varguitas llama a Julia a La Paz y le pide un favor: que le consiga la partida de nacimiento de Patricia en Cochabamba pues es un requisito legal ineludible para casarse.

Las páginas del libro son una crónica de un amor extraño (los psicoanalistas tendrían que analizar la pertinaz voluntad endogámica de Vargas Llosa) y destilan pasión, odio y revancha. Como debe ser, además.
.
Cierro el libro y no sé porqué me siento como si hubiera visto un programa de Magaly Medina.

(Mario y la prima Patricia, travesuras de la niña mala)

lunes 18 de mayo de 2009

METALLICA: Oberhausem, mayo 16, 2009

De todos los conciertos que alguna vez quisiera ver en Lima, sin lugar a dudas, el de Metallica ocupa el primer lugar. Cómo olvidar que la energía y potencia de su música fue un refugio cuando la adolescencia infundía miedos y temores y uno necesitaba algo con qué identificarse. Luego, pasados los años y crecida la panza, seguimos agitando los pies y la escasa melena que queda cuando oimos algunas de sus clásicas canciones (hace algunos años, con mi mujer, nos quedamos hasta las 5 de la mañana en el Kamikaze cusqueño únicamente por bailar Whiskey in the Jar, la inmejorable versión de Metallica del clásico de Thin Lizzy).

Nuestro querido amigo Kaiserkeller, perdido desde hace años en tierras germanas, nos envia la siguiente crónica, a modo de colaboración, sobre el concierto de Metallica en Alemania y su particular experiencia.

“Recuerdo era el año 1988 cuando un amigo me prestó un casete de la época conteniendo dos temas que me hicieron ver distinta la música de aquel entonces, los temas en mención eran Whiplash y Motorbreath de un disco directo y sin concesiones llamado Kill´ em all, así es: estoy hablando de Metallica. A partir de aquella época empecé a seguirles el paso y entre grandes obras y algunas críticas posteriores, siempre seguí escuchándolos con deleite.

Luego de mucho tiempo, por fin, el momento de confrontar la dimensión de su música llegó. El lugar: Oberhausem, Alemania; la fecha: el pasado 16 de mayo. Ese día quedará en mi recuerdo pues estuve frente a los 4 grandes del thrash, frente a Metallica. La banda ya madura (en el mejor sentido de la palabra) y super experimentada rompería los fuegos aquella noche.

Dos previos calentarían el ambiente del König-Pilsener-Arena de Oberhausem, dos grupos que a decir verdad no los conocía pero que a la gente del bastión metal los remecía. Primero, a las 7 de la noche, hizo su aparición "Machine Head", una banda con base de heavy setentero y, la segunda, alrededor de las 8, "The Sword", una agrupación de metal total que hizo vibrar a gran parte del estadio, en mi caso, cuando tocaron un cover de Iron Maiden, la clásica "Hallowed be my Name", y para despedirse, tocaron un tema suyo para el cual invitaron a su amigo de años James Hetfield, así es, ese fue el primer encuentro con el ya mítico vocalista de Metallica, él subio al escenario, saludó a todos, y armado con su guitarra, participó con el referido grupo, tocaron como muchachos que gozan la música en un garaje o en su cuarto y se despidió con un hasta luego.

Metallica se hizo esperar, siendo las 9 y 25 de la noche el escenario circular se oscureció y se escucharon los toques del clásico tema de Ennio Morricone: "Ecstasy of Gold", la introducción que siempre usa Metallica al inicio de sus conciertos, ese tema transportó a todos de inmediato y desbordó la emoción de cada uno. De pronto, en el escenario, los 4 jinetes, ataviados de sus instrumentos, rompían los fuegos de la noche con dos de sus temas del nuevo álbum "That was just your life" y "The end of the line", sin embargo, en el fondo, todos esperábamos los clásicos de siempre, como sucedió después, así, unos minutos después, empezaban los acordes de "One". A estas alturas, la emoción ya era envolvente y la parafernalia del mismo recreaba un escenario de guerra con lenguas de fuego y balas, cuyas trayectorias eran marcadas por los rayos láser.

No quiero hacer un recuento canción por canción porque resulta casi imposible descibir ese espectáculo, pero sí queda claro que la intensidad del concierto fue algo para mí insospechado, nunca habia presenciado un concierto con tal fuerza, Metallica entonó himnos como "Master of Puppets", "Damage Inc.", "Seek and Destroy", "Nothing else Matters", “Sad but True", etc.

Luego de las más de dos horas de alto voltaje, comprobé que los cuatro jinetes del metal son no en vano los dioses del género. James Hetfield es un tío en permanente contacto con el público, Hammet, el guitarrista nato de una banda, Rob Trujillo, simplemente imponente como se desplaza en el escenario tocando el bajo y Lars, cerebro de la banda, un director de orquesta con todos los años de trajín rocanrolero. Simplemente cuatro profesionales de la música y de forma de ser bastante carismática.

El concierto se cerró luego que regresaran a pedido del público y regalaran tres temas más, cerrando con "Seek and Destroy", así despedía Metallica la noche.

Entonces, un ejército enfundado en sus polos con los logos de la banda se empezaba a retirar del estadio, esperando, tal como dijo Hetfield, pronto volver a vernos. Metallica, I´ll see you again!"

REQUIEM

Debió ser premonición. En un anterior post agradecía al maestro Benedetti por el fuego de sus palabras y me lamentaba por su probable ausencia. Pues bien, desgraciadamente, el infausto día se adelantó.

Mario Benedetti murió el pasado 17 de mayo en su Montevideo de siempre. Tenía 88 años.

Alguna vez le preguntaron cómo se soportaba el mundo y él sin titubear respondió: con amor.

Buen viaje, maestro.

miércoles 13 de mayo de 2009

Gracias por el Fuego


Cuando andaba en la universidad, uno de mis héroes literarios e indiscutibles de siempre fue Mario Benedetti (Uruguay, 1920).

Pocos como él podían plasmar tan bien en un poema, en unos pocos versos, todo el huracán de sentimientos que uno lleva en el pecho cuando se es joven. El amor, la muerte, la injusticia, todo estaba en sus palabras urgentes. Cada vez que buscaba respuestas, cada vez que la confusión me atenazaba la garganta, encontraba siempre refugio entre sus páginas. También, más de una vez, me gané besos inmerecidos y apasionados por recitar de memoria sus versos exactos a las muchachas que transitaban por mi vida. Benedetti era el santo que ocupaba un lugar privilegiado en mi altar particular.

Después, inevitablemente, pasó el tiempo. Uno crece, madura (¡ja!) y sienta cabeza. La literatura se va convirtiendo en un oficio serio y los gustos se van refinando. Nuestros amigos comienzan a buscar autores mayores y más complicados. Lo que antes era fundamental ahora se convierte en simple y básico. Las confusiones y los miedos ahora son otros. El amor se transforma y deja ser el epicentro de nuestros quehaceres diarios. Poco a poco vamos olvidando todo aquello que aprendimos. Con el tiempo, las mujeres dejan de pensar en poetas y buscan empresarios.

Sin embargo, al menos para mí, Benedetti siguió siendo un santo de mi devoción, una voz fundamental en el camino, un hermano mayor con cosas siempre interesantes que decir, vamos, un maestro. Lo digo en voz alta y sin ruborizarme. Poco me importa si no sueno políticamente correcto y si comienzan a mirarme por encima del hombro. Como ayer, sigo encontrando en sus páginas ternuras escondidas y sigo estremeciéndome con sus mil definiciones del amor.

Ahora que anda enfermo y la vejez de sus 88 años le pasan la factura de todo lo vivido, ahora que quizás está próximo a iniciar el largo viaje hacia lo desconocido; a sus acólitos (su familia extendida por todo el planeta) no nos queda más que recitar, como una vieja y olvidada plegaria, varios de sus poemas como un esotérico mensaje de energía. De energía y eterno agradecimiento.

Gracias por el fuego, viejo.


CUMPLEAÑOS
Cada vez que cumplo años
no estoy para festejos
entro conmigo en la soledad
y me pongo a escuchar
una aurícula cualquiera
que al menos por ahora
no dice basta
.
el pasado es simplemente un hontanar
donde circulan castigos y perdones
todos con rumbo al secreto del sur
aunque a veces se pliegan al sureste
.
el pasado es también un arbolito
con colonias de pájaros inmóviles
que hace tiempo dejaron de cantar
.
cada vez que cumplo años
me sitúo de espaldas al futuro
para que no me reconozca
.
no olvidemos que en el porvenir
la vieja muerte tiene su morada
con ventanas hacia todos los paisajes
y ritos pendientes
en todos los siglos
.
cada vez que cumplo años
me olvido de contar con los dedos
y me quedo tan quieto y silencioso
como un viejo volcán pagado
(de Canciones del que no Canta)