lunes, 21 de febrero de 2011

La insoportable inmadurez del ser


En casi todas las películas de Woody Allen el azar suele jugar un papel fundamental en determinar el destino de sus protagonistas. El destino, en ese sentido, no es otra cosa que las piezas de ajedrez movidas por un Dios detrás de Dios del que hablaba el poema de Borges. Casi siempre, las fichas dispuestas en ese enorme tablero que es la vida acaban firmando tablas, en el mejor de los casos y, en el peor, suscribiendo la defunción del rey.

La última película de Allen, "You will meet a tall dark stranger" (2010)  (traducida extrañamente al castellano como "Conocerás al hombre de tu vida") es un manifiesto acerca de la mediocridad de la que están pobladas nuestras relaciones afectivas en los tiempos que corren, de cómo solemos angustiarnos por perseguir una felicidad que es cada vez más esquiva, de cómo el destino se burla de nuestras insatisfacciones. Aquí no hay golpes de suerte como en Matchpoint, aquí lo que puede salir mal sale de todas maneras mal.

El amor evidentemente es el leivmotiv de este cúmulo de historias entrecruzadas donde cada personaje va construyendo, poco a poco, el pozo de donde ya no podrá salir. Sin embargo, la narración es ajena al tono fatalista y sombrío que podría adoptarse (y que constituye una marca registrada de Woody Allen); aquí los personajes se van a la mierda con una sonrisa cómplice del espectador. La comedia es la excusa para presentarnos en toda su dimensión la fatalidad de la que está hecha la vida de los hombres.

Los protagonistas también dan la talla: Anthony Hopkins (primera vez dirigido por Allen) es un correcto anciano preocupado por alcanzar una plenitud física y sexual que ya le es esquiva y que lo lleva a divorciarse de su arcaica esposa (una brillante Gemma Jones) y volver a casarse con una prostituta escandalosa y venida a menos (Lucy Punch). También está la bellísima Naomí Watts (con esa belleza que a las mujeres solo le otorga la madurez) quien debe sobrellevar un anodino matrimonio con un escritor frustrado (Josh Brolin) y un amor no correspondido con su jefe snob (Antonio Banderas). El hilo conductor de todos ellos es una charlatana adivinadora del futuro que con sus predicciones ocasiona más de un desarreglo. En suma, el reparto cumple a cabalidad la función de representar la tragicomedia montada por Allen para ilustrarnos acerca de cómo la vida se encuentra en otra parte, menos allí donde la esperamos.

En los primeros 7 minutos de la película, Allen, de manera brillante, nos presenta a todos los personajes de la historia. El resto de la narración está dedicada a mostrarnos su inevitable -y a veces cómica- caída.

Háganse un favor y véanla.

  

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