sábado, 14 de mayo de 2011

All you need is PAUL (Macca en Lima, 09 de mayo de 2011)


Yo nací tres años después que los Beatles se disolvieron. Sin embargo, aprendí a crecer con su música como una grata presencia constante y casi toda mi vida puede explicarse con sus canciones.

El pasado 09 de mayo uno de aquellos sueños que de tan lejanos parecen inconcebibles fue hecho realidad. Paul McCartney, uno de los músicos fundamentales del siglo XX y protagonista fundamental de los Beatles, ofreció el mejor concierto que haya visto y disfrutado la usualmente fría Lima. Las casi cincuenta mil personas que nos reunimos aquel día en el Estadio Monumental como absortos acólitos de una extraña religión, pudimos escuchar y disfrutar en directo a nuestro sumo pontífice.

Atrás quedaron las innumerables dificultades para acceder al estadio: la interminable caminata -el "Woodstock cholo", como acertadamente lo calificó Danny-, el tránsito endemoniado que se apoderó de esa parte de la ciudad y la lucha interna con una vieja oclofobia que esperaba agazapada para actuar, poco o nada importaban; cuando sonaron los acordes de "Hello Goodbye", miles de recuerdos y sentimientos se agolparon en la mente y el corazón y el sueño acababa de empezar.

En mi caso, los 38 años de espera (en otros, toda una vida) estaban siendo largamente recompensados. El viejo Paul se mostraba en la mejor de sus formas, pasando del bajo, a la guitarra -acústica y eléctrica-, al piano y hasta el ukulele. Con un español rescatable para dirigirse a su público, uno de los genios más grandes de la música popular que haya visto el mundo jamás, ofrecía -una tras otra, sin dar un respiro siquiera- aquel puñado de canciones inmortales que nos han acompañado por todas las etapas de nuestra vida. Uno debía respirar hondo y frotarse los ojos para poder aquilatar que Paul McCartney estaba frente a nosotros cantando aquellos sueños de tres minutos y unos cuantos acordes.

Usualmente se suele decir que el público limeño es bastante frío y apático, indiferente, que no se emociona con nada y que, en comparación, por ejemplo, con el argentino, somos un chancay de a veinte. Sin embargo, aquella noche, el Estadio Monumental fue exorcizado de todos sus mediocres demonios futboleros, la masa se agitaba y rugía como un cataclismo adelantado y correspondía todos los chascarrillos de Macca con aplausos, vivas y vítores. Además todo el mundo cantó todo, imposible no reconocer ni acompañar las letras que, día a día, sonaban en nuestros viejos vinilos, nuestros discos compactos, nuestros MP3 y nuestras mentes y corazones (solitarios).  

Imagino que cada uno de los asistentes a aquella inolvidable noche tienen su particular momento emotivo, aquel en el cual el alma se encoge como el universo antes de estallar y, como el Aleph de Borges, toda la vida se condensa en un solo punto. En mi caso fueron varios, cuando le dedicó aquel manifiesto de amor desgarrado llamado "Here Today" a Lennon; cuando, con su ukulele, dedicó "Something" (una de las mejores canciones de amor escritas jamás) a Harrison -imposible no coger el teléfono y hacer participar a los que se quedaron lejos de ese momento en el cual las lágrimas no podían ser contenidas más-; cuando en el piano sonaron los acordes de "Let it be" y "Hey Jude" (aquellas piezas fundamentales de los Beatles, cantadas mil veces con los compinches de siempre en mi cuarto de Los Olivos, embotados en alcohol y con el eterno cigarrillo entre los dedos); cuando sonaron los acordes de "A day in the life" empalmada con "Give peace a chance" y en la pantalla las imágenes de Lennon tomaban por asalto el escenario. Cuando cantó sobre toda aquella gente solitaria que no se sabe de dónde viene en "Eleanor Rigby" y cuando habló del pasado y de los amores perdidos en "Yesterday"; cuando la pirotecnia estalló en "Live and let die" ("Cuando eras joven y tu corazón era un libro abierto..."); cuando cantó aquel himno optimista llamado "Ob-la-di Ob-la-da" ("life goes on...bra") y cuando el rock se desató en "Back in the U.S.S.R", "Helter Skelter", "I've got a feeling" y "Get back". Aquellos momentos de emoción con el alma encogida en un puño son impagables.

Al final, cuando todo terminó, con mi querido viejo amigo de siempre, Danny, nos quedamos en el Estadio
durante 40 minutos, tratando -cada uno a su modo- de sopesar y procesar lo que había pasado en esa noche mágica. Esa sensación, absorto y alucinado, me acompañó todo el interminable trayecto de regreso a casa y me impidió dormir a pesar de lo cansado que estaba y que al día siguiente debía estar temprano en el aeropuerto de vuelta a mi andina ciudad.

Aquella noche, al menos por tres horas, Lima entró en la historia de la música de inmejorable forma.

All you need is Paul!!!!!!!!

PD: Estas líneas son para mi hermano Hugo, quien, cuando yo era solo un chiquillo mocoso y él estaba en el Colegio Militar, me dejaba al alcance de la mano sus vinilos de los Beatles y que yo solía escuchar -aun imberbe- en el viejo tocadiscos de mi sala. No recuerdo muchas cosas de mi infancia -envidio a los que sí- pero una de las pocas imágenes vívidas que tengo de esos años es el extraño sonido que salía del Abbey Road y que me gustaba escuchar, una y otra vez. Gracias Hugo, por esta y muchísimas cosas más.





SET LIST
Hello Goodbye
Jet
All My Loving
Letting Go
Drive My Car
Sing The Changes
Let Me Roll It
The Long And Winding Road
Nineteen Hundred and Eighty Five
Let 'Em In
I've Just Seen A Face
And I Love Her
Blackbird
Here Today
Dance Tonight
Mrs Vandebilt
Eleanor Rigby
Something
Band on the Run
Ob-La-Di, Ob-La-Da
Back In The USSR
I've Got A Feeling
Paperback Writer
A Day In The Life / Give Peace A Chance
Let It Be
Live And Let Die
Hey Jude

Encore
Day Tripper
Lady Madonna
Get Back

Second Encore
Yesterday
Helter Skelter
Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band / The End





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