miércoles, 15 de agosto de 2007

Rubén Blades: Bohemio y Poeta


Si me dieran a escoger los sonidos que deberían poblar las cantinas y burdeles, sin duda alguna elegiría los primeros discos de Rubén Blades. Mis horas en aquellos recomendables lugares se extenderían más allá de la cuenta si así fuera. Y mis amores, también.

Fue uno de sus primeros discos en solitario (“Bohemio y Poeta”) y también –como suele suceder con las obras maestras- fue malentendido. Los salseros puristas –otra vez con los puros- reclamaban la presencia de Willie Colón (no hacía mucho se había acabado aquella magistral sociedad) y sostenían que la suerte de Blades estaba echada. Corría el año 1979 y la Fania –aquella máquina fundamental en la canción tropical- reventaba.

Sin embargo, Blades demostró que estaba lejos de ser la sombra de Willie Colón. Cada una de las canciones de este disco resume sudor, callejón y harto trago. Canciones como “Juan Pachanga”, “Sin tu Cariño” o “Paula C” son festivas, sí, pero tienen además el sinsabor y la angustia de los amores perdidos y contrariados.

Pablo Pueblo” sería materia de un post aparte. Enmarcada dentro de la canción social que tan afín es a Blades, cuenta la historia de cualquier mísero latinoamericano –de entonces y de ahora-: desempleado o cachuelándose por algunos centavos, viviendo al día, presa fácil de la politiquería barata, alejado de la algazara oficial que señala que vamos bien (¿?), eterno postergado, con el odio y el resentimiento a flor de piel.

Las cervezas y el ron corren por mi cuenta, y está permitido bailar, llorar y enamorarse (de nuevo).

"Pablo Pueblo
hijo del grito y la calle
De la miseria y del hambre
Del callejón y la pena
Su alimento es la esperanza
Su paso no lleva prisa
Su sombra nunca lo alcanza"


1 comentario:

Anónimo dijo...

Elogio tu gusto, pero lamento decir que es limitado