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sábado, 7 de mayo de 2011

Piedritas en la ventana


De vez en cuando la alegría
tira piedritas contra mi ventana
quiere avisarme que está ahí esperando
pero me siento calmo
casi diría ecuánime
voy a guardar la angustia en un escondite
y luego a tenderme cara al techo
que es una posición gallarda y cómoda
para filtrar noticias y creerlas

quién sabe dónde quedan mis próximas huellas
ni cuándo mi historia va a ser computada
quién sabe qué consejos voy a inventar aún
y qué atajo hallaré para no seguirlos

está bien no jugaré al desahucio
no tatuaré el recuerdo con olvidos
mucho queda por decir y callar
y también quedan uvas para llenar la boca

está bien me doy por persuadido
que la alegría no tire más piedritas
abriré la ventana
abriré la ventana.
                        (Mario Benedetti)

lunes, 5 de abril de 2010

Haiku


se despidieron
y en el adiós ya estaba
la bienvenida
Haiku 109 (Mario Benedetti)

lunes, 18 de mayo de 2009

REQUIEM

Debió ser premonición. En un anterior post agradecía al maestro Benedetti por el fuego de sus palabras y me lamentaba por su probable ausencia. Pues bien, desgraciadamente, el infausto día se adelantó.

Mario Benedetti murió el pasado 17 de mayo en su Montevideo de siempre. Tenía 88 años.

Alguna vez le preguntaron cómo se soportaba el mundo y él sin titubear respondió: “con amor”.

Buen viaje, maestro.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Gracias por el Fuego


Cuando andaba en la universidad, uno de mis héroes literarios e indiscutibles de siempre fue Mario Benedetti (Uruguay, 1920).

Pocos como él podían plasmar tan bien en un poema, en unos pocos versos, todo el huracán de sentimientos que uno lleva en el pecho cuando se es joven. El amor, la muerte, la injusticia, todo estaba en sus palabras urgentes. Cada vez que buscaba respuestas, cada vez que la confusión me atenazaba la garganta, encontraba siempre refugio entre sus páginas. También, más de una vez, me gané besos inmerecidos y apasionados por recitar de memoria sus versos exactos a las muchachas que transitaban por mi vida. Benedetti era el santo que ocupaba un lugar privilegiado en mi altar particular.

Después, inevitablemente, pasó el tiempo. Uno crece, madura (¡ja!) y sienta cabeza. La literatura se va convirtiendo en un oficio serio y los gustos se van refinando. Nuestros amigos comienzan a buscar autores mayores y más complicados. Lo que antes era fundamental ahora se convierte en simple y básico. Las confusiones y los miedos ahora son otros. El amor se transforma y deja ser el epicentro de nuestros quehaceres diarios. Poco a poco vamos olvidando todo aquello que aprendimos. Con el tiempo, las mujeres dejan de pensar en poetas y buscan empresarios.

Sin embargo, al menos para mí, Benedetti siguió siendo un santo de mi devoción, una voz fundamental en el camino, un hermano mayor con cosas siempre interesantes que decir, vamos, un maestro. Lo digo en voz alta y sin ruborizarme. Poco me importa si no sueno políticamente correcto y si comienzan a mirarme por encima del hombro. Como ayer, sigo encontrando en sus páginas ternuras escondidas y sigo estremeciéndome con sus mil definiciones del amor.

Ahora que anda enfermo y la vejez de sus 88 años le pasan la factura de todo lo vivido, ahora que quizás está próximo a iniciar el largo viaje hacia lo desconocido; a sus acólitos (su familia extendida por todo el planeta) no nos queda más que recitar, como una vieja y olvidada plegaria, varios de sus poemas como un esotérico mensaje de energía. De energía y eterno agradecimiento.

Gracias por el fuego, viejo.


CUMPLEAÑOS
Cada vez que cumplo años
no estoy para festejos
entro conmigo en la soledad
y me pongo a escuchar
una aurícula cualquiera
que al menos por ahora
no dice basta
.
el pasado es simplemente un hontanar
donde circulan castigos y perdones
todos con rumbo al secreto del sur
aunque a veces se pliegan al sureste
.
el pasado es también un arbolito
con colonias de pájaros inmóviles
que hace tiempo dejaron de cantar
.
cada vez que cumplo años
me sitúo de espaldas al futuro
para que no me reconozca
.
no olvidemos que en el porvenir
la vieja muerte tiene su morada
con ventanas hacia todos los paisajes
y ritos pendientes
en todos los siglos
.
cada vez que cumplo años
me olvido de contar con los dedos
y me quedo tan quieto y silencioso
como un viejo volcán pagado
(de Canciones del que no Canta)