jueves, 27 de agosto de 2009

De paseo con Hugo Neira por la Grecia Clásica

Mi amigo (y ahora compadre) Puñalón podrá decir lo que quiera, pero tener a Hugo Neira como profesor es un lujo para cualquier auditorio mínimamente informado.

La excusa se llama Teoría Política para una reforma del Estado (o algo así) y se dicta en el ámbito de la Maestría en Gobernabilidad Democrática, Económica y Social de la cual soy becario. El pasado sábado y domingo estuvimos inmersos en un recorrido por la Grecia Clásica, sus polis, su religión llena de dioses mundanos, Aristóteles y su teoría política y La Ilíada y La Odisea.

Informado y siempre rodeado de libros y citas para sustentar sus aseveraciones, sus clases son un delicioso recorrido por civilizaciones antiguas y mundos sepultados por la historia.

Correcto, sencillo y austero, no recurre a exabruptos para ganar la risa fácil del auditorio (manido lugar común al que recurren con frecuencia aquellos que son incapaces de mantener de otro modo la atención de su auditorio) y, antes bien, recomienda fervientemente una gran cantidad libros y revistas para ahondar en el estudio de los temas del curso (con aquella pasión desenfrenada que sólo tienen quienes aman los libros).

Si bien es cierto que sus posturas políticas pasadas lo condenan (de comunistoide acérrimo e ideólogo de la reforma agraria -el Cusco lo sabe muy bien- a filoaprista), en nada restan mérito al profesor que, apasionado con su trabajo de divulgación, contagia esa febril pasión a sus alumnos.

Hace tiempo, mucho tiempo, que no disfrutaba una clase como ahora. Tan distinto como cuando andaba en el colegio y la universidad, todo aún estaba por descubrir y los mediocres profesores me estropearon la ilusión.

1 comentario:

Keiner dijo...

Te refieres a Hugo Neyra, él que escribia (no sé si lo seguira haciendo para aquella gran revista llamada Que Hacer). Pues si es él definitivamente recuerdo siempre haber leído sus artículos y entrevistas, siempre agudo en el pensamiento. Me imagino lo interesante pues Grecia y la invención de la cosmogonía del universo determinaron el "avance" de nuestra civilización.