Hoy es 31 de octubre.
Me resisto a celebrar canciones que hablan sobre víboras, malos pasos y plebeyos. De igual manera, renuncio a disfrazarme y, haciendo el ridículo, bailar cumbias pegadas y apestosas.
Prefiero poner la Velvet Underground en mi auto y huir con rumbo desconocido....
miércoles, 31 de octubre de 2007
The Velvet Underground - Rock and Roll
martes, 30 de octubre de 2007
El Imberbe y el Cachetón (o Sendero Luminoso para Principiantes)
Santiago Roncagliolo ha traido cola con la publicación de "La Cuarta Espada. La historia de Abimael Guzmán y Sendero Luminoso" (Debate, 2007). Desde múltiples zonas, orificios y agujeros (muchos provenientes de la blogósfera) le han caido con todo y -quizás- con razón.En las primeras páginas el buen Santiaguito confiesa que empieza eligiendo el tema porque vende: "O porque yo creo que vende. O porque es lo único que puedo vender. Siempre he sido un mercenario de las palabras. Escribir es lo único que sé hacer y trato de amortizarlo. Ahora vivo en España y trato de hacerme un lugar como periodista. Necesito algo novedoso, y el tema de actualidad en el último año, tras el 11-M, es el terrorismo" (página 23). ¿Honestidad brutal? ¿insensatez? En todo caso ya sabemos el público al cual está destinado el libro: europeos aburridos de sus propios grupetes violentistas y ávidos por historias sanguinarias tercermundistas envueltas en papel celofán. Libro avisado no espanta gente.
Más adelante, nuestro imberbe escritor dispara: "Un mes después, aterrizo en mi ciudad con la sensación de que me he metido en un lío. Para empezar, no sé nada realmente" (página 24). ¿Y, entonces, sino sabe nada, de dónde salió Abril Rojo? Mejor hubiera empezado preguntándole a Daniel Alarcón, digo yo.
Las perlas no acaban y algunas realmente son de antología. Como aquella que compara la ideología de los senderistas con la "Fuerza" del jedi Luke Skywalker (página 71). O aquella donde señala que de tanto leer literatura marxista y conversado con simpatizantes de Sendero Luminoso ya no puede caminar sin ignorar a los mendigos de Lima y siente rabia y culpabilidad por eso (página 188). El cénit de la inoculación de su nueva conciencia popular llega cuando en el balneario de Asia, entre cebiches y cervezas, alza la voz a un amigo pituco espetándole que en esa playa no pueden bañarse los 'pobres' (página 191).
Ahora bien ¿son estos traspiés deliberados o ingenuos suficientes para destazar al libro y su autor?. Me parece que no. Conozco a muchos que sacaron el palo y el puñal y pegaron fuerte que morirían por tener la cobertura que tiene este libraco y suscribirían con puntos y comas tantas o más barrabasadas como las descritas anteriormente con tal de gozar de la publicidad de la espada de juguete del buen Santiaguito.
El libro se deja leer y su ritmo es ágil, quizás debido a su naturaleza light (tampoco nadie está para releer la Entrevista del Siglo y aquilatar a pie de página las sandeces materialistas y dialécticas esbozadas por el cachetón iluminado). Pero eso siempre se agradece. Santiaguito demuestra destreza en el oficio y sería mezquino no reconocerlo.
¿Historia superficial, tenue y oportunista?. Sí. ¿Imberbe metido en ligas mayores? También. ¿Oportunidad para descalificar a Roncagliolo como escritor y cronista? Aún no.
El tren de la Historia deberá juzgarlo.
viernes, 26 de octubre de 2007
Declaración
Para ella, que lo sabe de sobra....
martes, 23 de octubre de 2007
En Brazos de la Fiebre

Un ligero dolor de huesos en ambas piernas y un sudor helado recorriéndolas anunciaban la hecatombe. Luego, a la noche, escalofríos y sudores, alucinaciones, desataban la fiebre y los demonios escondidos en el cuerpo de este hereje servidor. Garras de hielo atravesaban los huesos y cualquier maldición resultaba insuficiente. Con tanto frío, el infierno parecía un buen lugar.
Reacio a luchar con armas químicas, en medio del delirio, me niego a ingerir pastilla alguna y me aviento –pecho descubierto- a la fiebre y sus excesos. Innumerables batallas imaginarias se libran esa noche y yo pierdo casi todas.
Empapado en mi sudor veo amanecer –por fin- e iluso creo que lo peor pasó.
Sábado, domingo –me censan desvariando- y lunes, la fiebre (idéntica, invariable, resistente) me atrapa, con alevosía de nocturnidad, y me lleva a sus oscuros dominios.
Tal es el caldero donde me cocino lentamente que hasta contemplo la posibilidad de recurrir al Seguro Social –¡Horror¡- y dejarme hacer por aquellos médicos ignorantes, matasanos e indolentes, tan preocupados por la salud del prójimo como por el último libro de Habermas. Un último rapto de lucidez me hace desistir, pero las fuerzas fallan y no creo que pueda soportar más.
Repleto de paracetamol burlo, por horas, a mi pequeño infierno particular pero la vigilia se confunde con el sueño y no sé donde despertar o seguir durmiendo. A estas alturas, mi garganta es un hoyo de clavos y vidrios rotos. Pasar saliva es una tortura del Santo Oficio.
Hoy martes me di por vencido, acudo a una querida amiga farmaceútica y descubro para ella mi lampiña nalga. Una aguja destila en mí un cóctel Lincomicina y Dexametasona y me siento un poco mejor.
Espero a la noche la fiebre para librar la última batalla.
“Con los brazos de la fiebre que aún abarcan mi frente/lo he pensado mejor.
Y desataré las serpientes de la vanidad./El paraíso es escuchar,el miedo es un ladrón/ al que no guardo rencor/y el dolor es un ensayo de la muerte”.
(Héroes del Silencio, En Brazos de la Fiebre).
domingo, 14 de octubre de 2007
Canción o De Que Callada Manera (al estilo de Pablo Milanés)

viernes, 12 de octubre de 2007
NOBEL DE LITERATURA 2007: DESCONOZCO MAYORMENTE

A esta tía -con cara de abuelita campesina holandesa- la Academia Sueca le ha concedido el premio Nobel de Literatura para este año.
De seguro no faltará gente -nunca faltan- que comiencen a alabar la obra de la abuelita, a decir que es muy importante, que ya era hora que se lo dieran y todo eso.
Particularmente, la Academia Sueca me aburre más cada año con sus elecciones.
Al enterarme de la elección de la abuelita, solo puedo repetir lo que el guachimán de mi cuadra cuando le preguntas por alguna información: DESCONOZCO MAYORMENTE, SEÑOR.
martes, 9 de octubre de 2007
Lo justo, Daniel Alarcón

En un interminable viaje ferroviario Machu Picchu-Cusco (materia de comentarios posteriores) pude terminar el libro de cuentos del peruano-norteamericano Daniel Alarcón "Guerra a la Luz de las Velas"(2006). Ya hacía unas cuantas semanas había despachado su primera novela "Radio Ciudad Perdida" (2007).
Al pasar la última página de los dos libros el balance es positivo. Sin duda la novela supera -en su conjunto- a los cuentos (realizados éstos más bien como un ejercicio de técnica, como un aprendizaje literario) y refleja la madurez del oficio con que este desmelenado chibolo se para -con pana y concha- en la cancha de los escritores consagrados. A sus casi 30 años Daniel Alarcón tiene aún la edad suficiente para catalogarlo como una joven promesa (no olvidemos que la literatura peruana está plagada de jóvenes que lo fueron y que ahora son tristes realidades).
"Lost City Radio" en su título original (no olvidemos que Alarcón escribe en inglés y en este lado del río lo leemos en traducción) aborda el tema de la violencia política pero sin ambientarla en ningún lugar en especial. El país no tiene nombre y sus ciudades se llaman por números. Alarcón se desmarca así de los interminables anaqueles de novelas que -inutilmente- han querido convertirse en los retratos de la violencia peruana en los '80 y 90'. La violencia está ahí y recorre todo el engranaje de la novela, pero como un halo sutil, una presencia ubicua que todo lo puebla y corrompe. El esfuerzo y el planteamiento de la historia en Alarcón dan resultados. Estamos ante una de las mejores historias sobre la violencia política peruana que se hayan escrito desde hace muchos años (quizás desde "Historia de Mayta" de Vargas Llosa).
Los cuentos que integran "Guerra a la Luz de las Velas" parecen más bien escritos para experimentar con técnicas que para contar historias, sin que último esto sea necesariamente un demérito. Sin embargo, en este libro quizás lo sea. Las costuras que unen las historias en algunos cuentos se ven más de lo necesario. Sin embargo, existen otros donde la historia encaja perfectamente con la técnica. En ese sentido, quizás el cuento que más sobresalga sea "Ciudad de Payasos" (Lima es eso, una ciudad poblada de payasos) y "Guerra a la Luz de las Velas" (por primera vez un personaje senderista retratado en toda su humanidad, imparcialmente, sin loas ni diatribas). En el recuento de los daños, me parece que lo de Alarcón es la novela, el largo aliento que supone ganar la pelea por puntos y no por knock out.
En resumen, aplausos y publicidad merecida. Esperemos un poco -la segunda novela- para ver si nos ponemos de pie.
jueves, 4 de octubre de 2007
"A todos los prófugos del mundo"
El 03 de octubre se cumplen 30 años desde que Luchito Hernandez decidió acabar con todo y convertirse en un prófugo del mundo.
Ahora que los aniversarios están de moda y solo nos acordamos de los muertos cuando mueren un año más y todos son amigos de Lucho y todos lo conocían y querían, hagamos silencio y recordemoslo con poesía, como debe ser:
"A todos los prófugos del mundo, a quienes quisieron contemplar el mundo, a los prófugos y a los físicos puros, a las teorías restringidas y a la generalizada. A todas las cervezas junto al mar. A todos los que, en el fondo, tiemblan al ver un guardia. A los que aman a pesar de su dolor y el dolor que el tiempo hace florecer en el alma".
(Luis Hernández Camarero)
miércoles, 3 de octubre de 2007
Los Jefes

Después de varias lunas retomo mi herética bitácora.
Unas vacaciones frustradas y algunos asuntos laborales urgentes que atender me impidieron seguir escribiendo con la frecuencia que hubiese deseado.
Por otro lado, contra todas mis creencias y certezas he aceptado un cargo 'gerencial' -como escribirían los huachafos- dentro de mi trabajo, de jerarquía y de mayor responsabilidad. Tendré la desgracia de dirigir a otros seres humanos. Pobres ellos y pobre yo.
Me parece que existe algo de masoquismo oculto en la ambición de poder. Sentir que uno encuentra el sentido de su vida al dirigir la de otros refleja -creo- una visión del mundo bastante limitada. Origen de todos los conflictos pasados y los que vendrán.
Mario Benedetti escribe en La Tregua: "Nunca me sentí atraido por las jerarquías. Mi lema secreto: 'cuanto menos jerarquías, menos responsabilidad'. La verdad es que uno vive más cómodo sin grandes cargos".
El tiempo dirá si debí hacerle caso.
lunes, 17 de setiembre de 2007
Erasmo y mi abuelo

De mi extinto abuelo materno aprendí muchas cosas: su estricto sentido del orden y su espartana vocación por la disciplina, por ejemplo. También aprendí a lidiar con su legendario y arequipeño malhumor que, a veces, afloraba contra todo lo que se moviera en el mundo.
En los dos años que viví en su casa, estudiando en la universidad, en ese difícil tránsito de la adolescencia a la juventud, creo que me gané su cariño y su respeto. También aprendí cosas fundamentales para mi existencia futura.
Recuerdo especialmente una anécdota de esa vida pasada. Llegué borracho al departamento, tambaleándome, con la cabeza girando a mil revoluciones, luego de dar cuenta -junto con un amigo de aquellos primeros años en la universidad- de varios litros de vino -en envase tetra pack- comprados al vuelo en el mercado de Jesús María y cuyo vendedor los tenía expuestos al aire libre y soleándose la mañana entera -y sabe dios cuántos días atrás más-. El hecho es que mi abuelo, percatándose de mi infame estado, me sugirió tomar leche fresca para contrarrestar los efectos del alcohol y me la proporcionó en abundancia. Huelga decir que fue la peor borrachera y resaca subsecuente de la que tengo memoria.
Jamás supe si mi abuelo confiaba en realidad en aquel remedio casero o si lo hizo únicamente para darme una lección -inolvidable- en mi formación alcohólica.
Cuando murió, muy anciano, imaginando historias que ocurrían solo en su mente, no pude estar cerca de él para despedirme y con un abrazo agradecerle por todo. Me dejó como herencia un rebelde reloj chino a cuerda que siempre se adelanta y un ejemplar del "Elogio de la Locura" de Erasmo de Rotterdam. Nunca se lo ví leer, pero sospecho que mi abuelo era un discípulo fiel del buen Erasmo.
Cuando leí el libro y cuando, a menudo, vuelvo a él, como ahora, lo extraño más de la cuenta.
"Cerrar los ojos a los defectos de los amigos, creer en su afecto, alabar sus vicios como si fueran virtudes, ¿no es realmente una locura? El enamorado que besa con pasión una verruga de su amada, el que respira con arrobamiento el aliento fétido de su amiga, el padre que piensa que los ojos de su hijo son los más bellos del mundo, cuando es patente que padece de un pronunciado estrabismo, ¿no son ejemplos vivos y rotundos de estupidez?" (Erasmo, Elogio de la Locura)
lunes, 10 de setiembre de 2007
VIDA DE PERROS
Husmeando entre cosas viejas, encuentro este relato. Combato contra mi sentido del ridículo y la verguenza y lo reproduzco a continuación: VIDA DE PERROS
En aquella época, para nosotros, el mundo se dividía en antes y después de los exámenes. Antes, los cafés al amanecer, la confusión, los ojos hinchados y enrojecidos por la falta de sueño; era el momento de comprobar que el día tiene en verdad veinticuatro horas, enterrados como andábamos en libros, puteando y maldiciendo. Después, el desenfreno, las farras interminables, el ron y la cerveza ardiendo a nuestras gargantas, los besos, los revolcones, la vida a plenitud y sin tregua.
Pero cuando digo que los exámenes nos traumaban no lo hago porque acaso nosotros fuéramos ideales estudiantes o ejemplos a seguir, nada de eso, el Derecho nos importaba entonces lo que un pepino, simplemente, nos repelía la idea de volver a cursar –si es que los desaprobábamos- aquellas materias insoportablemente aburridas; el infierno realmente habitaba en nuestras aulas. En esos tiempos consumíamos casi de todo para ahuyentar el sueño: anfetaminas, café diluido en coca-colas, aspirinas con cerveza, duchazos de agua fría en la madrugada, cosas así; tras todo ello, generalmente lo único que manteníamos en pie era el morbo y la fantasía, y una situación incómoda –en esos trances- que a veces se tornaba insostenible entre nuestras piernas (un onanista compañero nos dio el antídoto para tan alevosa contraindicación, masturbarse puntualmente cada hora y media, así al menos uno podía leer el manual de Derecho Industrial sin imaginarse que hacía el amor con blondas obreras sudorosas alrededor de una factoría).
Por esos días también la conocí... Patricia ¡diablos!, magnífico cuerpo, caderas y piernas de ensueño dibujadas tras unos jeans desteñidos, senos redondos y firmes que, como duraznos en almíbar, reposaban bajo su blusa transparente, y un par de increíbles ojos negros de relámpago. Sí, lo recuerdo bien, eran aquellos ojos indescifrables, ahora tímidos, los que espiaban angustiados mi examen, aquella tarde áspera cuando el proceso penal terminó de acoplarse con la arrechura que entonces me embargaba...
- Oye, ¿tienes la cinco?-
Me hice el desentendido, entonces, ni siquiera la miré.
- Hey, por favor, la cinco, ¿la tienes?-
- Eso depende- ataqué tanteando el terreno.
- Depende... ¿de qué?- me preguntó susurrando y casi a punto de llorar, entonces me fije lo carnosos que eran sus labios.
- De lo que tengas que hacer mañana a la noche- no podía dar concesiones, además, ¿qué hacer una vez echado al mar sino nadar?.
- ¿Estás loco?, ¿Y el final de Internacional?- me sonrió y entonces todo era cuestión ya de saber administrar la situación.
- Bah, el profesor es un reverendo imbécil, todo el mundo se copia-
Alea jacta est.
- Está bien, pero tengo que regresar temprano-
- Ok. Paso por ti a las ocho- sellamos el pacto con una mutua sonrisa y me apresuré a vomitarle lo que en el proceso penal no se considera objeto de prueba: lo notorio, las leyes naturales, lo imposible...
Aquella noche la luna fue mi cómplice, después de una de Almodóvar en la Filmoteca, hubo vino –su reticencia era pura pose, se derretía ante un buen tinto- y abundante conversa en un barcito pacharaco del centro, después, las horas que corrían mientras sudábamos y nos agitábamos en un hostal, mientras desnudos pontificábamos la gloria del amanecer. No hay discusión, nada en la vida se compara a un buen polvo.
Nuestros encuentros de fortuitos pasaron a ser habituales, la relación clandestina, contra todo pronóstico, se asentó y consolidó, la vida en la universidad seguía igual de mediocre, mi mujer adquirió hábitos quisquillosos y caprichos estúpidos, las ramas del Derecho navegaban por mi cerebro sin echar ancla alguna, y, por si fuera poco, el futuro se presentaba –al menos para mí- como una colilla apagada. A nuestro horizonte, en verdad se lo tragaba el horizonte.
El final de mi juventud –y el de la historia- es bastante previsible, en vez de graduarme y hacer la tesis, obtuve un hijo y me titulé de marido (en realidad tuve que casarme, porque Patricia, además de buena amante era también bastante católica, y no aceptaba otro tipo de solución al problema del retraso). Conseguí un empleo mediano de redactor en un semanario de actualidad –mi afición a la literatura terminó por salvarme- y comencé a arrastrar una extraña vida en común con una mujer y un pequeñuelo, que, demás está decirlo, se parece cada vez más a su madre y menos a mí. Con los amigos de la facultad me veo esporádicamente, lo suficiente para que una buena borrachera nos haga recordar aquellos tiempos idos de libros y glorias. Algunos, los menos, han triunfado y destacan ganando pleitos ajenos e inhalando cocaína (además de pagarnos las copas); otros, los más, fracasan diariamente coexistiendo con la inmundicia del Poder Judicial y una vida mediocres. A todos por igual los años han acrecentado su estupidez.
Es curioso, pero por mi parte recuerdo todo esto con nostalgia, aquí en el hospital, mientras fumo un cigarrillo a escondidas y espero a que Patricia acarree otra boca más que alimentar –sólo espero que sea mujer y que herede de su madre aquellos ojos negros de relámpago-, mirando el pasado en los recuerdos con una única convicción, que, lenta, ásperamente, se escurre por mi garganta, nuestra vida es de perros y la juventud, una mierda.
P.d.- Lo escrito líneas arriba es para la horda Valium, la mejor materia que me dio la universidad .
Lima, marzo 13, 1993.
viernes, 7 de setiembre de 2007
El Apetito por la Destrucción: 20 años después
Leyendo la última Rolling Stone (sí, en español, la única que se puede conseguir en el kiosko del aeropuerto) me entero que el "Appetite for Destruction" de los Guns n' Roses cumple 20 años desde que fuera editado, allá por el lejano mes de julio de 1987.Debo confesar que, en plena euforia por los Guns n' Roses en los 90', la banda de Axl Rose jamás me gustó, sobretodo por una cuestión de principios. En esa época era metalero -de los duros y radicales- y andaba harto de ver por doquier tipos con pañoleta en la cabeza emulando al tal Axl. Los rechazaba instintivamente, así que no les presté demasiada atención. Estupideces de la adolescencia.
Sin embargo, con la sabiduría que dan los años (ya quisiera) mi concepto sobre esta banda y en particular sobre este disco ha variado radicalmente. Fundamental para entender la progresión del rock comercial de los '80 hacia la música alternativa de los '90, el "Appetite for Destruction" tiene todo lo que un disco debut debe de tener: harto punche, canciones memorables, inmejorables riffs y sucio rock and roll. Un gancho al hígado.
Lo que siguió a la edición de este fundamental álbum es historia harto conocida. La fama, el dinero, las drogas (más), las mujeres (más), terminaron por acentuar la patología de Axl Rose (fue diagnosticado como maniaco depresivo) y el grupo se deshizo luego de fuertes e irreconciliables peleas entre ellos. En la actualidad dos de sus miembros (Slash y Duff McKagan) tratan de revivir los buenos tiempos en Velvet Revolver y Axl Rose hace casi 9 años -¿¿??- sigue grabando lo que será el disco que marque su retorno "Chinese Democracy".
Una anécdota sobre la grabación del "Appetite for Destruction". En la canción 'Rocket Queen' que cierra el álbum se oyen unos gemidos femeninos que delatan un polvo de los buenos. Los gemidos pertenecen a Adriana Smith -una stripper- y la grabación la realizó Axl Rose mientras se la tiraba en el estudio de grabación. Lo bueno viene aquí: Adriana Smith era en esa época novia del baterista de la banda.
En fin, que 20 años no son nada y este álbum ha ganado ya por derecho propio su sitial en la historia del rock. Por mi parte, cada vez que escucho "Sweet Child o' Mine", "Welcome to the Jungle" o "Paradise City" me vienen ganas de hacer el amor, emborracharme e ir a cualquier discoteca, todo en ese orden. Estupideces de la vejez.
jueves, 6 de setiembre de 2007
martes, 4 de setiembre de 2007
Working Class Hero: The U.S Vs John Lennon

Los que admiran el genio musical de John Lennon con frecuencia suelen olvidar su condición de activista político.
Lennon, durante toda su carrera musical -e incluso antes- fue un personaje incómodo, políticamente incorrecto, un rebelde y también un desadaptado que -con fina ironía- descreía de los íconos de la cultura occidental y de sus cánones apáticos y aburridos. Provocador agudo, sacudía de rato en rato la sociedad hipócrita –norteamericana e inglesa- que le había tocado sufrir. Su cruzada pacifista, su amistad con personajes radicales (como Bobby Seale, cofundador de las Panteras Negras), su participación decidida en el movimiento por los derechos civiles, hicieron de Lennon un personaje non grato para la administración Nixon. Al punto que el F.B.I –dirigido por el siniestro EdgarHoover- lo investigaba y perseguía. Lo acosaba y espiaba.
El documental “USA Vs John Lennon” (2006) de David Leaf y John Scheinfeld recorre, en 96 minutos, la dimensión política de Lennon y centra su atención en el encono con que el imperio más poderoso del planeta –a través de sus tentáculos oficiales- vigilaba cada una de sus acciones.
A pesar de las amenazas veladas, Lennon nunca claudicó en decir lo que pensaba (luchó legalmente por varios años para evitar su deportación y al final lo consiguió), su campaña antibélica -el inmejorable “War is Over (if you want it)“- en plena guerra de vietnam fue el mejor ejemplo de su espiritu inconformista y rebelde.
El documental muestra una anécdota reveladora sobre el carácter de Lennon incluso cuando aún formaba parte de los Beatles. En una monótona entrevista televisada a los cuatro de pronto un periodista les pregunta sobre la guerra de Vietnam. Paul, Ringo y George parecen incómodos, miran para otro lado, les fastidia el tema o no les interesa en lo más mínimo. Solo Lennon contesta la pregunta.
Lennon. Un verdadero Working Class Hero.
jueves, 30 de agosto de 2007
El baño nuestro de cada día, dánoslo hoy....

Es curioso cómo las cosas más insignificantes, aquellas que de tan cotidianas pasan desapercibidas, de pronto, cuando faltan y están ausentes, nos acarrean inmensos problemas.
Hasta hace dos semanas la rutina diaria era simple: abrir los ojos (a veces de manera natural, a veces con el maldito despertador), encender el calentador de agua -terma que le dicen-, esperar media hora y recibir el baño diario que terminaba de sacarme del reino del sueño. Luego, ir a trabajar y a ocuparme de cosas mucho más importantes.
Eso era antes, cuando la felicidad era casi completa. Dos semanas atrás una filtración en la pared de la casa comenzó a preocuparme y luego otra justo debajo de la sala me obligó a tomar decisiones drásticas. Convocados los especialistas en el tema hubo una sola decisión unánime: había que -literalmente- deshacer el baño principal en busca de la bendita filtración de agua. Adiós ducha diaria y amaneceres tranquilos. Adiós mañanas frescas y limpias.
Hace dos semanas mi vida ha tomado un rumbo inesperado. Cada noche, cual gitanos perseguidos, tomo a mi mujer y mi hija y equipados en sendas mochilas y con la luna de cómplice, peregrinamos en busca de amigos piadosos que nos presten sus duchas por algunas horas. Hace dos semanas que la generosidad y eso que llaman amistad hace que un chorro de agua (fría para mí, caliente para el resto) se lleven la amargura de un mal día, otro más sin ducha.
Creo que lo peor ya pasó. Ahora cambian las mayólicas y los cerámicos del baño y los expertos nos dicen -enfundados en sus gorritos de papel periódico- que dentro de tres días las cosas estarán solucionadas y seré nuevamente yo y será mía -de nuevo- mi bendita rutina diaria.
Caray, en momentos como este me hubiese gustado leer menos literatura y más revistas de Mecánica Popular.
martes, 28 de agosto de 2007
Más Epígrafes

Mi amigo el Puñalón*, en un divertido post reflexiona sobre la función de los epígrafes en las obras literarias (y científicas). Señala -más bien dictamina- que muchas veces este ingenioso artificio oculta pretensiones desaforadas de alguna obra mediocre u oculta -sin descaro- un pobre homenaje del escribidor al autor que se intentará plagiar a continuación. Son pocos los epígrafes que denotan el perfecto engranaje con la obra que decora. Estos son los verdaderamente imprescindibles.
Desde esta humilde hoguera, me permito colaborar con algunos de ellos, tomados al azar de la estantería donde descansan, sin orden ni concierto:
1) Mario Benedetti, allá por 1960 y en su fundamental novela "La Tregua" (qué quieren, uno también tiene su corazoncito) colocaba como epígrafe el siguiente verso del chileno Vicente Huidobro: "Mi mano derecha es una golondrina / Mi mano izquierda es un ciprés
Mi cabeza por delante es un señor vivo / y por detrás es un señor muerto".
2) En otro ámbito, el brasileño Rubem Fonseca en su pequeña novela negra "Y de este Mundo Prostituto y Vano sólo quise un Cigarro entre mi Mano" (1997) cuelga un epígrafe tabáquico del Don Juan de Molière: "No hay nada igual al tabaco; es la pasión de las personas decentes y aquellos que viven sin tabaco no merecen vivir". Asimismo, es su imprescindible y agridulce libro de cuentos "Pequeñas Criaturas" (2004) donde retrata la miserias de la clase media y baja coloca: "Nada es demasiado pequeño para una criatura tan pequeña como el hombre. Gracias al estudio de las pequeñas cosas alcanzamos el gran arte de tener el mínimo de desgracias y el máximo de felicidad posibles (Samuel Johnson en The life of Samuel Johnson, de James Boswell".
3) El maestro (maese le diría El Puñalón) Augusto Monterroso, estampa un epígrafe magnífico a su libro "La Vaca" (1998), atribuida a una conversación de Mallarmé: "Toda abundancia es estéril".
4) Por último, y desde la cálida y desangelada Cuba, Pedro Juan, en su novela "El Rey de la Habana" (1999) nos advierte al inicio: "El subdesarrollo es la incapacidad de acumular experiencia (Edmundo Desnoes)".
* www.elrestoessilencio.blogspot.com
sábado, 18 de agosto de 2007
UN HOMBRE PASA CON UN PAN AL HOMBRO...

Un hombre pasa con un pan al hombro
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?
Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?
Otro ha entrado en mi pecho con un palo en la mano
¿Hablar luego de Sócrates al médico?
Un cojo pasa dando el brazo a un niño
¿Voy, después, a leer a André Bretón?
Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre
¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?
Otro busca en el fango huesos, cáscaras
¿Cómo escribir, después del infinito?
Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?
Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?
Un banquero falsea su balance
¿Con qué cara llorar en el teatro?
Un paria duerme con el pie a la espalda
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?
Alguien va en un entierro sollozando
¿Cómo luego ingresar a la Academia?
Alguien limpia un fusil en su cocina
¿Con qué valor hablar del más allá?
Alguien pasa contando con sus dedos
¿Cómo hablar del no-yó sin dar un grito?
(César Vallejo, 05 de noviembre de 1937)
La Muerte y La Tierra

miércoles, 15 de agosto de 2007
Rubén Blades: Bohemio y Poeta

Si me dieran a escoger los sonidos que deberían poblar las cantinas y burdeles, sin duda alguna elegiría los primeros discos de Rubén Blades. Mis horas en aquellos recomendables lugares se extenderían más allá de la cuenta si así fuera. Y mis amores, también.
Fue uno de sus primeros discos en solitario (“Bohemio y Poeta”) y también –como suele suceder con las obras maestras- fue malentendido. Los salseros puristas –otra vez con los puros- reclamaban la presencia de Willie Colón (no hacía mucho se había acabado aquella magistral sociedad) y sostenían que la suerte de Blades estaba echada. Corría el año 1979 y la Fania –aquella máquina fundamental en la canción tropical- reventaba.
Sin embargo, Blades demostró que estaba lejos de ser la sombra de Willie Colón. Cada una de las canciones de este disco resume sudor, callejón y harto trago. Canciones como “Juan Pachanga”, “Sin tu Cariño” o “Paula C” son festivas, sí, pero tienen además el sinsabor y la angustia de los amores perdidos y contrariados.
“Pablo Pueblo” sería materia de un post aparte. Enmarcada dentro de la canción social que tan afín es a Blades, cuenta la historia de cualquier mísero latinoamericano –de entonces y de ahora-: desempleado o cachuelándose por algunos centavos, viviendo al día, presa fácil de la politiquería barata, alejado de la algazara oficial que señala que vamos bien (¿?), eterno postergado, con el odio y el resentimiento a flor de piel.
Las cervezas y el ron corren por mi cuenta, y está permitido bailar, llorar y enamorarse (de nuevo).
"Pablo Pueblo
hijo del grito y la calle
De la miseria y del hambre
Del callejón y la pena
Su alimento es la esperanza
Su paso no lleva prisa
Su sombra nunca lo alcanza"
sábado, 11 de agosto de 2007
Juan José Arreola

El espejo mágico puede improvisarse fácilmente, profundizando en la tina de baño.Como todas son unas narcisas, se inclinarán irresistiblemente hacia el abismo doméstico.



