
Mi amigo el Puñalón*, en un divertido post reflexiona sobre la función de los epígrafes en las obras literarias (y científicas). Señala -más bien dictamina- que muchas veces este ingenioso artificio oculta pretensiones desaforadas de alguna obra mediocre u oculta -sin descaro- un pobre homenaje del escribidor al autor que se intentará plagiar a continuación. Son pocos los epígrafes que denotan el perfecto engranaje con la obra que decora. Estos son los verdaderamente imprescindibles.
Desde esta humilde hoguera, me permito colaborar con algunos de ellos, tomados al azar de la estantería donde descansan, sin orden ni concierto:
1) Mario Benedetti, allá por 1960 y en su fundamental novela "La Tregua" (qué quieren, uno también tiene su corazoncito) colocaba como epígrafe el siguiente verso del chileno Vicente Huidobro: "Mi mano derecha es una golondrina / Mi mano izquierda es un ciprés
Mi cabeza por delante es un señor vivo / y por detrás es un señor muerto".
2) En otro ámbito, el brasileño Rubem Fonseca en su pequeña novela negra "Y de este Mundo Prostituto y Vano sólo quise un Cigarro entre mi Mano" (1997) cuelga un epígrafe tabáquico del Don Juan de Molière: "No hay nada igual al tabaco; es la pasión de las personas decentes y aquellos que viven sin tabaco no merecen vivir". Asimismo, es su imprescindible y agridulce libro de cuentos "Pequeñas Criaturas" (2004) donde retrata la miserias de la clase media y baja coloca: "Nada es demasiado pequeño para una criatura tan pequeña como el hombre. Gracias al estudio de las pequeñas cosas alcanzamos el gran arte de tener el mínimo de desgracias y el máximo de felicidad posibles (Samuel Johnson en The life of Samuel Johnson, de James Boswell".
3) El maestro (maese le diría El Puñalón) Augusto Monterroso, estampa un epígrafe magnífico a su libro "La Vaca" (1998), atribuida a una conversación de Mallarmé: "Toda abundancia es estéril".
4) Por último, y desde la cálida y desangelada Cuba, Pedro Juan, en su novela "El Rey de la Habana" (1999) nos advierte al inicio: "El subdesarrollo es la incapacidad de acumular experiencia (Edmundo Desnoes)".
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