miércoles, 9 de abril de 2008

Idolos de Lata



Sobre esto quería escribir hace muchos días. Desde que descubrí por casualidad el esperpento.

American Idol es un programa gringo de buscatalentos, una verdadera mina de oro gracias a anodinos seres humanos que, sentados frente al televisor, convierten en super estrellas a otros seres igual de anodinos (el vecino de al lado, la mesera de la fonda, el grifero de la esquina) gracias a sus hábiles cuerdas vocales. La cosa va más o menos así: soy un descerebrado que busca fama y pienso que canto bien y tengo jale y personalidad, entonces paso por un multitudinario casting y después de desgañitarme y hacer el ridículo frente a tres jurados (y decenas de millones de personas que me ven por tv) me van seleccionando hasta que tengo que competir con los demás descerebrados que al igual que yo buscan ganar fama, reconocimiento y, de paso, el bendito concurso. Si tengo suerte y semana a semana encandilo a los bobos que alucinan conmigo desde el otro lado del televisor, entonces gano el concurso y miles de dólares, amén de grabar discos que serán escuchados únicamente en los supermercados, consultorios de dentistas y ascensores.

Hasta ahí todo bien. Los seres humanos son estúpidos por naturaleza y contra eso no se puede hacer mucho. El problema es que hace dos semanas, zapeando por el cable, aburrido y sin ganas de nada, me encuentro de pronto a estos insípidos concursantes gringos masacrando -como si nada, así por así- las canciones de los maestros de Liverpool, los Beatles!!!!!!!!!!!

Carajo! me dije, debe ser un signo de los últimos tiempos, una señal que anuncia que el fin del mundo está cerca. Las versiones -salvo alguna contadísima excepción- más que malas eran horribles. Las canciones eran cantadas sin sentimiento alguno, casi por cumplir, para salir del paso apurándolo; incluso había varios de estos mozalbetes rosados e insípidos que reconocían haber escuchado por primera vez esas canciones en los ensayos para cantarlas (¿?) (deberían haber escuhado las versiones que, después de un par de botellas de ron, hacíamos con el inefable Keiner). En fin, una afrenta a los seguidores de tal descomunal banda, un escupitajo en la historia del rock & roll.

Ignoro a quién diablos se le habrá ocurrido la idea de vender el catálogo de los Beatles al referido programete (el tío Macca a la vejez anda haciendo huevadas), pero poca gloria le reporta a esas inmortales canciones el desgraciado talento de los concursantes del programa de marras.

Por mi parte, luego de maldecir en cinco idiomas tal barrabasada, corrí a desempolvar mi vieja colección de discos de los maestrasos de Liverpool y los volví a escuchar una y otra vez. A manera de desagravio.

Los fab four y American Idol, una relación contra natura.

domingo, 6 de abril de 2008

Arde Madrid

El dos de mayo de 1808 -hace casi ya 200 años- todo Madrid ardió en una vorágine de sangre, cólera y verguenza. Cansados de ver a los franceses ocupando su ciudad, despreciándolos y cometiendo excesos de toda laya, el populacho madrileño -hombres, mujeres y niños- armados únicamente de navajas, pistoletes, tijeras y viejos arcabuces salieron como posesos a las calles a atacar a las fuerzas imperiales de Napoleón, en un día donde la furia, la ira y la cólera dieron cuenta de 2,500 soldados y oficiales imperiales, el mejor ejército del mundo conocido.

¨Un Día de Cólera¨ es el último libro de Arturo Perez-Reverte (Lima, Alfaguara, 2007, 401 páginas) donde recrea los sucesos de aquel dos de mayo de 1808. Decir novela no es exacto, pues más bien es una crónica histórica, un reportaje donde el narrador es neutral y hace participar al lector de las correrías de los actores aquel día (más de 300 personajes, con nombres y apellidos y suerte definida al ocultarse el sol): sus miedos, sus emociones, sus heroicidades y sus cobardías.

Con este libro, a caballo entre la historia y la ficción (novela reportaje, le llaman) Perez-Reverte quiere saldar algunas cuentas ahora que se acerca el bicentenario de aquella revuelta. La primera cosa que queda clara al terminar el libro -uno de los mejores de la producción revertiana, dicho sea de paso- es que lo acontecido aquel dos de mayo de 1808 no fue un acto de patriotismo masivo del pueblo madrileño guiado por su ejército, ni fruto de una conspiración estudiada ni razonada. Nada de eso. Aquel día todo fue espontáneo, el populacho cabreado que salió como loco a degollar franceses no pensaba en la patria ni mucho menos, simplemente estaba harto de los "gabachos" que manoseaban sus mujeres y se bebían su vino sin pagarlo y lo demostraron. Aquellos coraceros franceses, encima de sus corceles briosos, simplemente no podían creer la furia con que aquellas navajas, aquellas tijeras de sastre o cuchillos de destazar pescado buscaban sus cuellos para degollarlos, luego de despanzurrar a sus caballos. Herreros, sastres, panaderos, pescadores, delincuentes, putas y rufianes, la chusma en suma, el pueblo bajo e ignorante, en la calle o desde los balcones arrojando macetas, dieron cuenta de aquellos incrédulos franceses que morían destazados por muchedumbres enloquecidas.

Los aristócratas e intelectuales madrileños aguardaban en sus casas el resultado de las batallas callejeras (muchos de ellos deseando fervientemente que los franceses al mando de Murat pusieran término a la revuelta del populacho), el ejército español aguardaba en sus cuarteles el desenlace, sin municiones y entregado al mando francés. Existe una sola excepción: los capitanes de artillería Pedro Velarde y Luis Daoiz (uno consumado patriota y el otro frío y racional, pero ambos cansados de ver como masacraban los franceses al pueblo desarmado) y el teniente Jacinto Ruiz, sublevan el Parque de Artillería de Monteleón, entregan armas a los civiles y generan una feroz resistencia, hasta que son aplastados por dos batallones de soldados imperiales al mando del general de brigada Joseph Lagrange.

Un Día de Cólera es un libro documental. El narrador utiliza un lenguaje frío y distante, directo, sin adjetivos. Aquí no hay héroes, ni heroísmo ni épica. Aquí solo hay un pueblo encolerizado y furioso, dispuesto a morir y matar, y un día propicio.

"El Dos de Mayo de 1808 o la Carga de los Mamelucos" de Francisco de Goya y Lucientes describe la ferocidad de las luchas callejeras entre el populacho de Madrid y los soldados imperiales.


"Los Fusilamientos de la Montaña del Príncipe Pío o los Fusilamientos del Tres de Mayo" de Francisco de Goya y Lucientes, describe la represión francesa contra los que participaron -en calidad de participantes o de simples sospechosos- de la revuelta el 2 de mayo de 1808.

El Jardín de las Delicias


Jeroen Anthoniszoon van Aken, Hieronymus Bosch o simplemente El Bosco (hacia 1480-1490).

jueves, 20 de marzo de 2008

Amor en los Tiempos de Hollywood

Es un lugar común señalar que cuando grandes libros son llevados al cine siempre fracasan en su intento. Sin embargo, tal sentencia, dotada a veces de un tinte de soberbia por aquellos lectores de las obras originales, nunca fue más acertada para describir la película que aquí nos ocupa.


El Amor en los Tiempos del Cólera es una de las novelas más entrañables de Gabriel García Márquez. Sin ser tan audaz y totalizadora como su antecesora Cien Años de Soledad, aborda magistralmente el tema de los amores contrariados, aquellos que -por alguna razón u otra- se quedan en el camino, inconclusos y anhelantes, aguardando inútilmente una oportunidad que nunca tendrán. Florentino Ariza y Fermina Daza son los protagonistas de un amor que trasciende el tiempo y corrige el destino. La larga espera no es un problema y tampoco el matrimonio de Fermina, pues el amor que alimenta y preserva Florentino es de una lealtad a prueba de todo y no hallará consuelo hasta verterlo en el objeto de sus arrebatados desvelos.


La espera es casi interminable y son más de 50 años los que tuvo que aguardar la pareja para ver por fin materializado su amor inconcluso. Entretanto, cada uno de ellos vivió una vida paralela lo mejor que pudo: Florentino saltando de cama en cama tratando de curar el dolor que la pérdida de Fermina supuso y Fermina siendo la fiel esposa y abnegada madre de los hijos de Juvenal Urbino. Lo real maravilloso de la prosa de Gabo no desentona con esta mágica historia que se cuenta como una de las mayores del nobel colombiano y de la literatura de hispanoamérica toda.

Hasta aquí el libro. Los problemas empiezan en la película y su trama desatinada. Para empezar el idioma en que se desarrolla (en inglés -Love in the Times of Cholera- hasta el título es horrible) que resulta siendo una concesión a hollywood demasiado excesiva. Javier Bardem es un Florentino Ariza demasiado lúgubre y llorón (jamás nadie le hubiera dado un Oscar por esta actuación) que no llega a entender del todo lo que ocurre con su destino y va lamentándose de su existencia por las esquinas. De pronto -y sin que el espectador sepa cómo y porqué- se convierte en un Don Juan exitoso que llena su cama con casi todas las mujeres del pueblo (lo que en la película no se comprende, pues con esa caracterización de Florentino lo más que podía aspirarse es a pagar por compañía). La italiana Giovanna Mezzogiorno convierte a Fermina Daza en poco menos que una estatua de mármol. Fría y distante, sin carácter alguno, no llegamos a entender cómo alguien puede quererla y esperarla por tanto tiempo (salvo esos ojos alucinantes que Dios le dió, todo lo demás parece impostado, hasta su amor a Florentino). Solo algunos personajes secundarios se salvan (un correcto Benjamin Bratt interpreta a Juvenal Urbino) y la fotografía de la película resulta siendo lo más rescatable de los 139 minutos -excesivos para contar tan poco- que dura la trama. Mike Newell y Ronal Harwood son los gringos que fungen de director y guionista de este esperpento y que echan a perder una tremenda e inolvidable historia de amor.

Sin embargo, no debemos pedir peras a los olmos. Jamás película alguna logrará transmitirnos el inicio del libro más querido de Gabito: "Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados".



domingo, 16 de marzo de 2008

La Ciudad y sus Bloggers


Estaba por no escribir nada hoy. Así de haragán y flojo anduve este fin de semana (despatarrado, viendo películas y tratando de leer los periódicos y no sólo ojearlos -de atrás para adelante, como debe de ser-). Sin embargo, por casualidad, tropecé con los fines de semana de mis queridos amigos Puñalón y No Future, agobiados y cansados de los años que transcurren más rápidos de lo que debieran y de una ciudad que jamás fue de los reyes y siempre de los plebeyos. Así también me entero que quizás hoy es el cumpleaños de No Future (y digo casi pues no lo sé con certeza, mi rebeldía ante las agendas eléctrónicas y demás aparatejos me parece estúpida en estas circunstancias): si es así, desde aquí un abrazo y ojalá que Dios -o quien sea, da igual- reparta suerte y menos pastillas, y si no, pues igual va el abrazo y el cariño, que siempre será sincero.

Pensaba en todo esto y en el tiempo que no vuelvo por Lima y poderme tomar un trago con amigos tan queridos (aunque tengo un pánico tremendo por su tránsito y desvíos infernales, ahora que a todo el mundo se le ha dado por arreglar las pistas para que los gringos del APEC las vean parchadas y poco después se vuelvan a ir a la mierda). En fin, pensaba en Lima y la parte de mi vida que está allá y como a veces me dan ganas de regresar -porque a todos nos invade un poco la nostalgia y también la desesperanza- pero, por ahora y sabiendo lo que me espera, me las aguanto.
(Creo que No Future y Puñalón deberían darse una vuelta por aquí. Después de una tarde contemplando el paisaje arriba expuesto, uno se reconcilia con Dios -o con quien sea, da igual).

Luna


Cielo Estrellado

Cielo estrellado
y yo aquí abajo
más solo que la luna

(Gastón Agurto, Comer Carne Humana)

* Fotografía: Santuario del Señor de Huanca, San Salvador, Cusco, 4:30 pm.

sábado, 8 de marzo de 2008

Oración de Antonio Cisneros


Antonio Cisneros fue siempre un poeta incomprendido.

En los '70 nadie podía entender que la poesía no fuera comprometida, revolucionaria. Cisneros, terco, se zurró en la noticia y únicamente siguió su propio canon. Lo acusaron de todo, le dieron con todo, pero daba igual. Secretamente sonreía. Sabía que sólo la poesía perdudaría.

Su antología personal de bolsillo* (reeditada después de 18 años) siempre es una buena noticia.

ORACIÓN
Qué duro es, Padre mío, escribir del lado de los vientos,
tan presto como estoy a maldecir y ronco para el canto.
Cómo hablar del amor, de las colinas blancas de tu Reino,
si habito como un gato en una estaca rodeado por las aguas.
Cómo decirle pelo al pelo
diente al diente
rabo al rabo
y no nombrar la rata.

*CISNEROS, Antonio (2007): Propios como Ajenos. Antología Personal. Lima, Ediciones Peisa S.A.C, segunda edición, 1,500 ejemplares. 277 páginas.

Cumpleaños Lejano


El día de ayer cumplió años un querido amigo.

Recuerdo que en la universidad aguardábamos impacientes los cumpleaños de la mancha (con él empezábamos el año) para guarecernos en la amistad, nuestra música preferida y abundantes botellas de cerveza. Era el justo pretexto para emborracharnos y celebrar todos juntos un año más de andanzas, estudios y risas.

El tiempo pasó, terminamos la universidad y nuestro grupo fue desintegrándose por causas naturales. Algunos viajaron a prolongar en Miami o New York el sueño de estar en Lima, otros se casaron y dejaron crecer un poco más de la cuenta la barriga. Yo me vine a instalar en el Cusco, buscando una Paz de la que estoy orgulloso y que ahora tiene 6 años. El continuó estudiando tercamente el alemán (lengua endiablada a decir de Vargas Llosa) y consiguió, al fin, lo que siempre anheló: estudiar en Europa. En fin, a todos nosotros los años nos cambiaron un poco.

Desde esta Hoguera un fuerte abrazo a D., que la cerveza nunca se acabe y que Dios confunda a nuestros enemigos!!!!!!!!

domingo, 2 de marzo de 2008

Los Libros Prestados


Uno tiene que ser muy amigo de otro para prestarle un libro*.

Una de las razones principales es que quizás jamás volvamos a ver a nuestro querido libro y eso únicamente se lo perdonamos a un buen amigo.

Una considerable parte de mi biblioteca anda desperdigada por aquí y allá, entre amigos muy queridos pero que jamás devuelven los libros prestados (¿sí o no No Future, Puñalón y Kaiserkeller?). A algunos ya me resigné a no volverlos a ver -lo siento, espero que sean felices en su nuevo hogar- a otros, aun guardo la secreta esperanza de organizar una incursión armada a bibliotecas ajenas y recuperarlos a sangre y fuego, cueste lo que cueste -la esperanza es lo último que se pierde-.

El hecho es que hace algunos meses conocí por estas tierras a un compañero de estudios de las épocas universitarias. Es de unas cuantas promociones anteriores a la mía y por eso no nos conocimos formalmente en la universidad (era imposible en esa facultad de derecho, con tres turnos de estudios y miles de viandantes de aquí para allá). Sin embargo, estuvimos cerca por amigos y empresas comunes: participó en la heroica empresa de sacar adelante 'El Jurista' (una de las primeras revistas serias de nuestra facultad) y también conformó uno de los primeros grupos -dinosaurios les llamábamos- que intentó hacer de nuestra facultad una verdadera universidad. Rosendo se llama y es el único tributarista honesto y leído que conozco.

Rosendo me prestó hace unas semanas un libro interesante sobre el día a día de la Segunda Guerra Mundial** y sobre cómo ese conflicto desató un duelo mental -acaso más poderoso y con decisivas consecuencias- entre los líderes de las potencias mundiales envueltos en la guerra: Churchill, Roosevelt, Hitler y Stalin. Como casi nunca antes el mundo fue un inmenso tablero de ajedrez y estos 4 personajes entablaron una feroz partida donde se jugaron el todo por el todo.

La pregunta es: ¿devolveré el libro prestado?

* No aconsejo la adolescente técnica de prestar libros a la chica que nos gusta, generalmente nunca los leerá y terminarán arrumados con la ropa sucia y los periódicos viejos.

** BERTHON, Simon y POTTS, Joanna (2007): Amos de la Guerra. 1939-1945. El Corazón del Conflicto. Bogotá, Ediciones Destino S.A. 487 páginas.

Las Tumbas de los Otros


Cuando visité la tumba del poeta Javier Heraud dije que una de las cosas que más me llamó la atención fue el descuido del camposanto donde se encontraba.

No es que esperara un Pere-Lachaise ni mucho menos (por algo es el cementerio antiguo –y abandonado- de Puerto Maldonado) pero me encontré con más de una sorpresa.

El panteón –creo haberlo dicho también- es un enorme canchón cubierto por maleza y vegetación, lleno de animalejos rastreros (lagartijas o ratas, no tuve el valor de averiguarlo) con solo una pequeña trocha que te invita a seguir caminando para descubrir lo mal que lo pasan los muertos.

La mayoría de tumbas están enterradas al ras del suelo (nada de pabellones de concreto ni ataúdes de madera que restrinjan el contacto con la naturaleza). Los pocos sepulcros construidos que existen están violentados e ignoro si por acción de la inclemente selva que nada respeta o por el sacrilegio de irrespetuosos ladrones que buscan sabe Dios qué en ellas (lo cierto es que al verlos así, despanzurrados y abiertos al sol, los esqueletos parecieran que pugnan por escapar de su prisión de ladrillos y cemento).

Una sola cosa me hizo sonreir en aquel abandonado lugar. La tumba que ven abajo pertenece a alguien que murió en 1973 -el año en que nací- y cuando llegué a la mañana muy temprano y era el único visitante, tenía servido -aún caliente- el plato de comida favorito del difunto: arroz con frejoles y pescado frito. Aún no estaba terminado e imagino que el muerto esperaba que me fuera para poder acabarlo. De seguro no quería compartir.

Amor constante más allá de la muerte, que le dicen...

martes, 26 de febrero de 2008

Los Detectives Salvajes

Adlátere. Hacía años que no escuchaba esa palabra (cuando en la universidad, medio en juego, medio en serio, designábamos con esa palabreja a los inefables acompañantes que como autómatas nos seguían de un lado al otro).

Hacía bastante tiempo también que no leía una historia de detectives tan buena e ingeniosa como ésta.

El Enigma de París es la novela con la cual el argentino Pablo de Santis obtuvo el premio Planeta-Casamérica de Narrativa Iberoamericana del 2007. Ambientada en los inicios de la construcción de la Torre Eiffel parisina, en 1889, narra la historia y desventuras del círculo conocido como "Los Doce Detectives", agrupación de los mejores y más famosos detectives del mundo conocido y de sus pintorescos y originales adláteres (asistentes aprendices del oficio de la investigación del crimen). Reunidos en París con motivo de una exposición universal, tratan de exponer sus particulares concepciones de la naturaleza del crimen y sus autores, sin embargo, el propósito de la reunión es truncado cuando uno de los Doce es asesinado (Darbon, uno de los detectives de París), arrojado desde la torre Eiffel en construcción. A partir de allí se desarrolla una trama de intrigas y misterios, que nos llevan por pistas que parecen conducir a ningún lado.

Narrada por el adlátere Sigmundo Salvatrio, extraño asistente del detective argentino Renato Craig, El Enigma de París es una excelente novela de misterios e intrigas, escrita a la usanza de la vieja escuela, como hace mucho tiempo no leía.
Contadas veces un premio literario estuvo tan justificado.

jueves, 21 de febrero de 2008

Arte Poética

En verdad, en verdad hablando,
la poesía es un trabajo difícil
que se pierde o se gana
al compás de los años otoñales.

(Cuando uno es joven
y las flores que caen no se recogen
uno escribe y escribe entre las noches,
y a veces se llenan cientos y cientos
de cuartillas inservibles.
Uno puede alardear y decir
"yo escribo y no corrijo,
los poemas salen de mi mano
como la primavera que derrumbaron
los viejos cipreses de mi calle").
Pero conforme pasa el tiempo
y los años se filtran entre las sienes,
la poesía se va haciendo
trabajo de alfarero,
arcilla que se cuece entre las manos,
arcilla que moldean fuegos rápidos.

Y la poesía es
un relámpago maravilloso,
una lluvia de palabras silenciosas,
un bosque de latidos y esperanzas,
el canto de los pueblos oprimidos,
el nuevo canto de los pueblos liberados.

Y la poesía es entonces,
el amor, la muerte,
la redención del hombre.

(Javier Heraud, Madrid, 1961-La Habana, 1962)

P.D. Uno de mis poema favorito de Javier Heraud.

miércoles, 20 de febrero de 2008

La Tumba del Poeta


Durante mi estadía en la ciudad de Puerto Maldonado quise saldar una antigua deuda que en los anteriores viajes no había podido cumplir.

Quise visitar la tumba del poeta Javier Heraud, joven promesa de la poesía peruana (el poeta joven por excelencia de este malhadado país), muerto a orillas del río Madre de Dios, el 15 de mayo de 1963, acribillado de 26 balazos disparados por policías ignorantes y enardecidos terratenientes que jugaban a la cacería de comunistas, mientras el poeta trataba de alcanzar la otra orilla del río para escapar en la espesura de la selva. Javier Heraud tenía 21 años y muchos sueños por cumplir.

Javier Heraud representa el compromiso con los ideales llevado hasta las últimas consecuencias. Egresado del colegio Markham, ingresa a la Facultad de Letras de la Universidad Católica en primer puesto, con 18 años publica su poemario “El Río” (1960) y comparte ese año con César Calvo el premio “poeta joven del Perú”. Después se matricula en San Marcos, viaja por Moscú, China, París y Madrid. Conoce Cuba y decide enrolarse en las guerrillas románticas del MIR. Regresa al Perú de incógnito y se traslada con otros compañeros de aventuras revolucionarias al departamento de Madre de Dios. Tienen unos cuantos fusiles viejos y son descubiertos por la policía y un grupo de gamonales que ven amenazados sus latifundios por la llegada de “los comunistas”. Se inicia una cruenta cacería y comienza el tiroteo, mientras los pocos guerrilleros tratan de huir cruzando el río. La canoa es pequeña y Javier Heraud demasiado alto. No había forma de esconderse. Una a una, las 26 balas explosivas –utilizadas para cazar venados- van llevándose la vida del joven poeta, mientras se agitan trapos blancos y los demás guerrilleros se rinden. Sus últimos momentos entre los mortales los pasa bamboleándose en una canoa, entre pájaros y árboles, como él mismo escribió en el poema “Yo no me rio de la muerte” ("Yo nunca me río de la muerte...Simplemente sucede que no tengo miedo de morir entre pájaros y árboles").

El día es tremendamente caluroso y comienzo mis pesquisas tratando de averiguar dónde queda el cementerio antiguo de Puerto Maldonado. Imagino que allí está enterrado el poeta, pues a pesar preguntar a los lugareños por él, nadie me sabe dar razón. A tientas llego al antiguo campo santo y lo primero que me sorprende es lo cerca que estaba de mi hotel y lo abandonado que se encuentra. Carece de rejas que vigilen su entrada y es una inmensa pampa sin cerco perimétrico alguno. Todo está cubierto de una espesa vegetación y la mayoría de sepulcros están al ras del suelo, en tierra y con solo una cruz que los identifica, como en una película de terror. A esta hora no hay nadie y camino espantando lagartijas y otros animalejos que cruzan por mis pies. Ha llovido en la noche y la tierra está blanda, removida y húmeda. Sigo internándome y cuando creo que me he equivocado de lugar y estoy por regresar, descubro el sepulcro del poeta. Está su nombre y la fecha de su muerte, nada más. Un techo de calaminas lo protege de la lluvia y una vela derretida recuerda alguna visita reciente. Me quedo 20 minutos contemplandolo mientras el sol y el calor siguen haciendo estragos. Miles de imágenes pasan por mi cabeza y me inunda una extraña emoción. Sigue pasando el tiempo y ya debo estar en el aeropuerto, sin embargo, me quedo aquí de pie, recordando y pensando, lleno de una inusual melancolía. No sé cómo irme de este lugar. Alguna extraña fuerza me retiene. Recito en voz baja mi poema favorito del poeta y me despido diciéndole: gracias. Me voy.


martes, 19 de febrero de 2008

Verde que te quiero Verde

Desde arriba, los alrededores de la ciudad de Puerto Maldonado parecen recubiertos por un gran manto verde. La selva se presenta en toda su extensión y majestuosidad y un gran río (la serpiente de oro, como la llamaba Ciro Alegría) la recorre siguendo extrañas formas sinuosas. Todo está cubierto de árboles y vegetación. Sin embargo, existen ya, por aquí y allá, grandes zonas deforestadas, como inmensos y feos parches en el rostro verde de la selva. La llegada del hombre y la civilización que le dicen.

Abajo ya es otra historia. Fuera del avión un agresivo vaho de aire caliente se mete en los pulmones y el bochorno toma forma de sudor a chorros. El mínimo esfuerzo es inconcebible e incluso quedarse inmóvil es un mal negocio. La ciudad y sus 35 ºC a la sombra nos dan la bienvenida. Y es que en Puerto Maldonado uno no suda, se derrite.

No es la primera vez que arribo a esta tropical ciudad y siempre lo he hecho por motivos laborales. Hace algunos años pasé incluso un mes trabajando aquí y en ese tiempo pude conocer el Lago Sandoval (perteneciente a la Reserva Nacional del Tambopata y donde –a pesar de las admoniciones de los lugareños- me bañé rodeado de nutrias y bufeos colorados) y admiré la vetusta majestuosidad del Fitzcarrald, enorme lancha varada en medio de la nada y cubierta de espesa vegetación, conservando intactos los recuerdos de la filmación del alemán Werner Herzog y el malgenio de Klaus Kinski.

Esta vez –felizmente- sólo es un viaje relámpago de 03 días y -antes que el calor empiece a sofocarme e imagine imposible escapar de este gran horno verde- ya estoy de vuelta.


jueves, 14 de febrero de 2008

Feliz Día de San Valen(marke)tín!!!!!!!!!


Desde siempre he detestado el 14 de febrero y también –casi siempre- me he sentido culpable por ello.

Las escasas mujeres que en algún momento me acompañaron siempre me reprochaban a viva voz lo que ellas catalogaban como falta de interés y desgano ante tan trascendental fecha. Inútilmente, trataba de convencerlas que era imposible catalogar un día para el amor, que todo era una estrategia publicitaria construida sútilmente con el único objeto de vender más, que San Valentín era un monigote inventado como Papá Noel o Santa Claus, que los pubs, discotecas y hoteles estarían repletos y los precios por las nubes. Nada, todos los esfuerzos eran en vano. Al final el resultado era siempre el mismo: quedaba como un insensato insensible, con el romanticismo de una tabla de madera apolillada y con mi –escasa- reputación por los suelos.

Sin embargo, confieso que algunas veces claudiqué y me dejé arrastrar por la parafernalia que rodea esta fecha: flores, chocolates, cenas y poemas, nada era suficiente para celebrar el día donde el amor tomaba la forma de restaurantes, grandes almacenes, cines y hoteles.

Siempre detesté el día de San Valentín y siempre también me sentí culpable por ello.
Por eso –y en defensa de mi honor y la escasa reputación que me queda- les regalo un poema de Luchito Hernández* y Feliz Día de San Valen(marke)tín!!!!!!!!!!!!!!


1 Chanson d’amour

Perdóname el no haber
Muerto de Amor
Por ti. Es imperdonable.

Perdóname que mi Amor
No te ayude.

Perdóname que mi Amor
No te importe



* HERNANDEZ, Luis (2007): La Soñada Coherencia. Lima, Editora Mesa Redonda, primera edición, 1000 ejemplares. 252 páginas.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Quiero que pase este día....


Existen libros de poesía fundamentales. Lástima que no se pueda decir lo mismo de los poetas.
De lo publicado en poesía, generalmente todo es descartable. Son muy pocos los libros que pasan la criba del tiempo y son perdurables, imprescindibles.
En el Hocico de la Niebla* de Jorge Pimentel es uno de ellos…



QUIERO QUE PASE ESTE DÍA
Quiero que pase este día.
Necesito los días arrasados, consumidos.
Y que esta banda desolada
tenga la mesura
y corrija en el aire el perdón
y traspase la náusea
sin dejar de poner la otra mejilla
legitimada por versos
que cosen el segmento
de untar el pan.
Así no sean las voces correctas.
Así no sea el pan el sacrificio.


VERANOS DE MI VIDA
Los veranos de mi vida están allí.
Taciturnos me observan desertor.
Los veranos de mi vida
abrieron una gran loseta.
Allí escondí el beso y la llaga.
.
.
* PIMENTEL, Jorge (2007): En el Hocico de la Niebla. Lima, Ediciones El Nocedal S.A.C, Primera Edición (1,000 ejemplares). 118 páginas.

domingo, 10 de febrero de 2008

Filosofía y Letras

Existen libros que pueblan nuestra biblioteca y que, pacientemente, esperan su oportunidad.

Mi biblioteca está plagada de ellos: adquiridos con la secreta intuición que tras sus páginas se esconden paraísos secretos e historias fascinantes, muchas veces nos decepcionan y los abandonamos prontamente, otras -las menos- nos deslumbran y hacen olvidar (por momentos y benditos que estos sean) las miserias de las cuales está hecha la vida cotidiana.

Filosofía y Letras la compré hace bastante tiempo en un remate de una vetusta tienda de revistas viejas en el centro de mi ciudad. Pertenece a la Colección Biblioteca Latinoamericana Contemporánea que tiempo atrás sacaba el diario Expreso y la Universidad Ricardo Palma. Creo que la colección la dirigía Iván Thays, aunque no podría afirmarlo con certeza. De su autor, el argentino Pablo de Santis, confieso que no sabía nada. Sin embargo, resultó ser una grata sorpresa, de esas que te salvan la semana, por más anodina que esta haya sido.

Relatada en primera persona por un desorientado joven (Esteban Miró), da cuenta de una extraña historia de intriga literaria y libresca, tributaria del viejo Borges. Existe un escritor -Homero Brocca- de cuya obra únicamente se conoce un cuento y sus infinitas versiones, sin embargo existen tres profesores (llamados Conde, Selva Granados y Novario) que se disputan el estudio y la obra de este fantasmal autor. A partir de allí se desencadena una historia de intrigas, misterios y asesinatos, teniendo como telón de fondo un vetusto y laberíntico edificio de la Facultad de Filosofía y Letras (cuya descripción ruinosa y oscura es de lo más logrado de la novela).

Filosofía y Letras, inmejorable título para una novela que cumple con su objetivo: entretenernos y hacernos olvidar -aun cuando sea por un breve paréntesis- las soledades y desencuentros que pueblan la cotidianidad de la vida diaria.

Mientras Escribo

Stephen King sigue siendo una mala palabra para la mayoría de mis amigos. Y eso es bueno.

Hace algunos años, estuvo a punto de morir a causa de un accidente automovilístico, del cual salió no muy bien librado y esa experiencia le llevó a escribir “Mientras Escribo”, una obra que va a caballo entre la autobiografía y las reflexiones, bastante lúcidas, por cierto, sobre el acto de enfrentarse a la pàgina en blanco.

Para todos aquellos que aún no lo han leído y para todos aquellos que sienten la tentación de empuñar la pluma podría ser un buen comienzo.

Políticos, beatos y tecnócratas favor abstenerse.

“El acto de escribir puede abordarse con nerviosismo, entusiasmo, esperanza y hasta con desesperación (cuando intuyes que no podrás poner por escrito todo lo que tienes en la cabeza y el corazón). Se puede encarar la página en blanco apretando los puños y entornando los ojos, con ganas de repartir ostias y poner nombres y apellidos, o porque quieres que se case contigo una chica, o por ganas de cambiar el mundo. Todo es lícito mientras no se tome a la ligera. Repito: no hay que abordar la página en blanco a la ligera.
No te pido que lo hagas con reverencia, ni sin sentido crítico. Tampoco pretendo que haya que ser políticamente correcto o dejar aparcado el humor (¡ojalá lo tengas!). No es ningún concurso de popularidad, ni las olimpiadas de la moral; tampoco es ninguna iglesia, pero joder, se trata de escribir, no de lavar el coche o ponerse rímel. Si eres capaz de tomártelo en serio, hablaremos. Si no puedes, o no quieres, cierra el libro y dedícate a otra cosa.
A lavar el coche, por ejemplo”

Stephen King, Mientras Escribo

Movimiento Perpetuo


La vida no es un ensayo, aunque tratemos muchas cosas; no es un cuento, aunque inventemos muchas cosas; no es un poema, aunque soñemos muchas cosas. El ensayo del cuento del poema de la vida es un movimiento perpetuo; eso es, un movimiento perpetuo".
Augusto Monterroso

sábado, 9 de febrero de 2008

Changes (Bowie dixit)

…Y para no ponernos tan solemnes y tristes –ante una etapa de cambios- el soundtrack de estos días está lleno de David Bowie y ese memorable himno llamado “Changes”. ¿Bailas?
“I Said that time may change me / But I can’t trace time”

viernes, 8 de febrero de 2008

Changes

Hay ciclos que comienzan y otros que acaban.
El miedo siempre está, latente, agazapado, aguardando su oportunidad, tenaz, pacientemente.
El porvenir se presenta confuso y demasiado lejano.
Todo lo que creíamos sólido se desvanece en el aire, esfumándose como arena entre los dedos.
Desvalidos, buscamos refugio y pocas veces lo hallamos. La esperanza es una palabra prohibida.
Sin embargo, aún debemos caminar, recorriendo nuestro sendero a tientas con la incertidumbre del futuro como única guía.
Estas son las razones de mi ausencia.

Buenas noches, amigos y enemigos.

viernes, 25 de enero de 2008

Territorio Comanche

Las guerras son siempre una respuesta natural a la eterna estúpidez humana y la línea divisoria entre inocentes y culpables es muy delgada, casi invisible. Quizás todos nosotros, de alguna u otra forma, por acción u omisión, somos responsables de ellas, sea donde ocurran y sea cualquiera la lengua que se use para maldecir sus muertos.

Esta es quizás la principal idea que me rondó cuando acabé de leer "Territorio Comanche", quizás el libro más personal de Arturo Perez-Reverte y donde puede rastrearse el origen del cinismo que luego acompañará casi toda la obra (en especial la periodística) de este escritor español.Ambientada en la guerra de los Balcanes, donde toda la antigua Yugoeslavia se pulverizó, es el retrato de primera línea de un cronista de guerra español (Perez reverte lo fue en el pasado), cínico y descreido, y su camarógrafo, hurgando entre la pobredumbre y la miseria que deja a su paso la guerra para enviar por satélite unas imágenes a los aparatos de televisión de todos los que, lejos de allí, se sienten a salvo en sus confortables sillones, quizás tomando cerveza y comiendo pop corn.

La estirpe de estos artistas de la barbarie es extraña. Participan en el desastre voluntariamente, siguiendo a las guerras allí donde las haya, persiguendo la muerte y destrucción dejada a su paso y jugándose el pellejo en cada esquina, hasta que una bala, una esquirla o una mina les impidan continuar con su locura callejera y esquizofrénica. Y es que nadie sale ileso de una guerra, aun cuando no tengas ni un rasguño.

La estupidez es el único patrimonio auténticamente humano. Las guerras son un buen ejemplo de ello.

"Para un reportero en una guerra, territorio comanche es el lugar donde el instinto dice que pares el coche y des media vuelta; donde siempre parece a punto de anochecer y caminas pegado a las paredes, hacia los tiros que suenan a lo lejos, mientras escuchas el ruido de tus pasos sobre los cristales rotos. El suelo de las guerras está siempre cubierto de cristales rotos. Territorio comanche es allí donde los oyes crujir bajo tus botas, y aunque no ves a nadie sabes que te están mirando."

Jhonny Cash - Hurt

Existen canciones -en realidad contadas excepciones- cuyos covers son aún mejor que las versiones originales.
Este oscuro himno (Hurt) pertenece al atormentado Trent Reznor, pero es en la voz grave y dolorosa del genial Jhonny Cash donde la canción adopta el matiz de desconsuelo y pérdida que debe transmitir. De eso se trata.

sábado, 19 de enero de 2008

Los Gladiadores de la Raqueta

De todos los deportes que jamás practico -en realidad ninguno-, el tenis es uno de los que más me gusta.

Ignoro la razón de esta atracción, pero fácilmente puedo quedarme sentado frente a la pantalla, totalmente electrizado, las tres horas que en promedio dura un partido, como si se tratara de un clásico intercontinental de fútbol con mi equipo favorito de protagonista -en realidad ninguno-.

Imagino que el tenis es uno de los pocos deportes que enfrentan directamente a dos individuos, aislados de todo, donde cada cual depende de uno mismo, de sus fuerzas, imaginación y coraje para vencer o morir en el intento (descarto el box y las luchas, la violencia la dejo para el ajedrez). Aquí no hay equipos donde basta que uno esté inspirado para salvar el día y entonces se salvan todos, no, aquí hay únicamente dos gladiadores armados con su raqueta que salen a dejar la sangre en la arena, intercambiando proyectiles a 190 kilómetros por hora y donde el éxito y el fracaso depende -única y exclusivamente- de dos brazos poderosos, ágiles piernas y reflejos a prueba de balas.

La madrugada de hoy, por esas casualidades de la vida y del insomnio, pude presenciar acaso el mejor partido de tenis de los últimos tiempos. Roger Federer (el número uno del mundo, canchero e imperturbable) se enfrentaba a un desconocido -para mí- chibolo serbio llamado Janko Tipsarevic. Mero trámite habrá pensado el suizo -que no es santo de mi devoción- y se llevó tremenda sorpresa (después dijo que el partido había sido 'un infierno'). Fueron 4 horas y 23 minutos de pura fuerza y tensión. El serbio, con sus lentes de intelectual a la moda, estuvo delante casi todo el partido, sacando magistrales jugadas del sombrero y haciendo frente al suizo y sus criminales aces. Al final, la última batalla, el quinto set, fue para el suizo 10 games a 8.

Ave Caesar, morituri te salutant!!!

jueves, 17 de enero de 2008

Little Girl Blue (Janis Joplin)

Siempre hay un buen pretexto para escuchar a la incomparable Janis Joplin.
Esta vez es para ella, porque se lo debo.

domingo, 13 de enero de 2008

Brozovich y El Duro Oficio de Vivir


A Raúl Brozovich Mendoza (1928-2006) nunca lo conocí.

Era cusqueño, poeta y uno de los últimos malditos auténticos (no los de pacotilla, tan abundantes en nuestra capital -la oficial, no la histórica-).

Murió anciano, solo y pobre (con una mísera pensión universitaria, como todo reconocimiento), alejado de la cultura oficial y de los textos escolares, de los fuegos de artificio y las candilejas que seducen a los intelectuales de dos por medio que pueblan el Haití y la Tiendecita Blanca. Su destino fue el mismo de muchas de las mentes más lúcidas de este malhadado país.

Escribía poesía pero detestaba publicar (por falta de ganas o por ausencia de ofertas, vaya uno a saber), sus poemas -tributarios de Vallejo, Maiakovski, Pound, Dylan y Kavafis, como él mismo solía repetir- son de una vitalidad inusitada y muchos de ellos dan vuelta por ahí, desperdigados, sin que haya un solo O'hara que los rastree y rescate.

Sus cuadernos conocidos y publicados son pocos: "La Rosa Blindada", "Fábrica de Sueños", "Del Cielo Bajó un Extraño Resplandor", "Vallejianas", "Poemas Populares", "Pintura en Blanco y Negro" y "Pop Art". Los desconocidos e inéditos son un misterio, perdidos ya quizás para siempre.

Detestaba las entrevistas (por falta de ganas o de oportunidades, vaya uno a saber) y la única que se le conoce en vida la otorgó a Mario Guevara Paredes ("La poesía es un sueño errante") y salió publicada en la revista andina de cultura "Sieteculebras", bajo el número 6, junio-julio de 1994.

Su rostro pasa con facilidad por la de un poeta beat, surcado por arrugas como las interminables aventuras y excesos que protagonizó en el ombligo del mundo y más allá de él también.

Es legendaria -ignoro si cierta- la anécdota según la cual, absolutamente borracho, cuadró a un joven y arrogante Vargas Llosa en una picantería del centro del Cusco, diseccionando la técnica de la Casa Verde con una cabeza de carnero como pizarra sacada minutos antes de la olla hirviendo, ante la asustada mirada de los comensales y demás acompañantes del escritor arequipeño.

Son pocos los libros publicados de su poesía; uno de ellos, el que quizás constituye el más rescatable intento de antologarlos (su resultado, lamentablemente, es otro) se llama: "El Duro Oficio de Vivir"*. De ahí extraigo el siguiente poema, como homenaje y reconocimiento al querido "Brozo", aquel que no pudo desligar jamás la poesía de su experiencia vital:

EL DURO OFICIO DE VIVIR

en el interior de un ómnibus
un niño canta
detrás de las ventanillas
uno observa
la gente pasar
inadvertido
el niño está delante de ti
prosigue su voz delgada
jerigonzas de waynos
o letras sincopadas
del vals criollo
confuso
de extraña vergüenza
uno saca una moneda
del subsuelo del corazón
el arte de vivir obliga
el niño ha cesado de cantar
basta de cavilaciones oscuras
la rosa negra de la lluvia despeina
agua sucia de hórridos sufrimientos
ebriedad pura
sentimiento fácil
la oscuridad de los recuerdos graba
-dulcemente la imagen del amor
y piensas
piensas tal vez
ese niño que ha sucedido
oblicua
mano
delgada
sea yo o tú
en las aceras los transeúntes apuran el paso
llueve
la gente bosteza
-retira los centavos de su flaca pobreza-
el niño insiste
ha vuelto a cantar.

* BROZOVICH, Raúl (2006): El Duro Oficio de Vivir. Cusco, Rectorado de la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco. 289 páginas.

domingo, 6 de enero de 2008

Hey, Joe!!!

La historia es simple.
Imaginemos que mi nombre es Joe y tengo una pistola -aún humeante- entre mis manos.
Acabo de disparar contra mi mujer pues la encontré sacándome la vuelta con un imbécil.
Me lo preguntan y lo confieso. No siento remordiendo ni pena alguna.
Me preguntan dónde me escaparé para no ser ahorcado por un verdugo. México parece ser un buen lugar. Sí. Me largaré para el sur y podré por fin ser libre.
Adiós a todos.

La canción pertenece a un bluesero desconocido llamado Billy Roberts, pero fue Jimmy Hendrix quien la convirtió –gracias a su poseída guitarra- en una novela negra, en todo un himno a los perdedores.
Esta es una rara presentación de Hendrix (con la Jimmy Hendrix Experience) en Bélgica en el año 1967.
Disfrútenla y anden con cuidado.

miércoles, 2 de enero de 2008

¿Feliz Año?


La gente suele hacer promesas al final de cada año e imaginarse que todo, repentinamente, debe ir mejor. Bajar de peso, dejar de fumar, abandonar el alcohol, las drogas o aquel amor más pernicioso que todo lo antes dicho, son metas que uno se propone y -generalmente- casi nunca cumple. Y es que Dios tiene extraños caminos y el azar o la estupidez casi siempre se interpone en ellos.
Les dejo un artículo de Arturo Perez Reverte sobre un año nuevo en particular y considerenlo como mis mejores deseos para este año 2008....


FELIZ AÑO NUEVO (1)

Era guapísima, pensó. La mujer más guapa del mundo. Un vestido negro, escotado por detrás, el pelo recogido en la nuca. Unos ojos grandes e inteligentes que lo miraron de esa manera singular con que miran algunas mujeres, como si se pasearan por dentro de ti, escudriñándote cada rincón, y esa certeza te erizara la piel. No sabía cómo se llamaba, ni quién era. Ni siquiera si estaba con otro. Pero comprendió que era ella. Así que venció el nudo que se le había hecho en la garganta y dijo aquí te la juegas, chaval, te juegas el resto de tu vida, y a lo mejor haces el ridículo más espantoso; pero sería peor no intentarlo. Así que se fue derecho hacia ella, recorriendo esos cinco últimos metros que ningún hombre inteligente franquea si no son los ojos de la mujer los que invitan a recorrerlos. Hola, me llamo tal, dijo. Y no me perdonaría nunca dejarte salir de mi vida sin intentarlo. Ella lo miró despacio, evaluando su sonrisa algo tímida, la manera sencilla que tenía de estar de pie ante ella, encogiendo un poco los hombros como diciéndole ya sé que lo hemos visto muchas veces en el cine y por ahí, pero no puedo evitarlo. Te pareces a esas cosas que uno sueña cuando es niño.
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Lo consiguió. La felicidad le estallaba dentro y el mundo y la vida eran una aventura maravillosa. Bailaron, rieron. Compartieron sus mundos e hicieron que éstos empezaran a fundirse el uno con el otro. Música, cine, viajes, libros. Tiene cosas que yo necesito, pensó. Cosas que a mí me faltan. A veces se quedaban callados, mirándose un rato largo, y ella sonreía un poco, casi enigmática. Quizá se sienta como yo me siento, pensó él. Tocó su piel, rozándola con precaución al principio. Acercaron los rostros para conversar entre la música, acarició su cabello, respiró su aroma, asimiló cada registro de su voz. Algo hice para merecerla, pensó de pronto. Los años de colegio, la facultad, el trabajo, la lucha por la vida. Sentía que era un premio especial; que una mujer así no caía del cielo a cambio de nada. Eso lo hizo sentirse más seguro, más cuajado y adulto. Y en sólo unas horas, maduró. Se hizo lúcido y se dispuso a merecerla.
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Llegaron las campanadas. Ding, dong. Todos bailaban y reían, brindaban, chocaban las copas salpicándose de champaña. Feliz 2001. Feliz año nuevo. Él nunca había sido muy sociable; tenía sus ideas sobre las fiestas de año nuevo en general y sobre la Humanidad en particular, y no eran ingenuas en absoluto. Sin embargo, aquella vez amó a sus semejantes. Los habría abrazado a todos. Con la última campanada ella se quedó mirándolo en silencio, la copa en la mano, la boca entreabierta, y él se inclinó sobre sus labios. Sabían a champaña y a carne tibia, y a futuro. Alrededor los amigos aplaudían y bromeaban sobre el flechazo. Ellos seguían mirándose a los ojos y se besaron de nuevo, ajenos a todo. Y más tarde, rozando el alba, la acompañó a su casa. Se besaron de nuevo en el portal, mucho rato, y él regresó a casa caminando en la luz gris del amanecer, las manos en los bolsillos, sintiendo deseos de dar pasos de baile, como en las películas. Estaba enamorado.
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Pasaron los meses y se amaron con locura. Ella estaba en el último año de carrera; él, a punto de conseguir el trabajo soñado durante muchos años. Viajaron juntos y hubo un verano maravilloso, el mar, los paseos por la playa, las noches cálidas. Cuando estaban juntos apenas necesitaban otra cosa. Ella se le aferraba, jadeante, sus ojos muy abiertos cerquísima de los suyos, abrazándolo como si pretendiera hundírselo para siempre en las entrañas. Te amaré toda mi vida, dijo él. Me parece que deseo un hijo, dijo ella. Que se parezca a ti. Que se nos parezca. El mundo era una trampa hostil, pero podía ser habitable, después de todo. Era posible, descubrieron sorprendidos, construir un lugar donde abrigarse del frío que hacía allá afuera: un refugio de piel cálida, de besos y de palabras. A veces se imaginaban de viejos, con nietos, libros, un pequeño velero con el que navegar juntos por un mar de atardeceres rojos y de memoria serena.
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Aquel año consiguió el trabajo por el que había luchado toda su vida. Un puesto de responsabilidad en una multinacional importante. El primer día que fue al despacho, al llegar a su mesa situada junto a la ventana con una vista maravillosa de la ciudad, pensó que había llegado a algún sitio importante, y que el triunfo también era de ella. Tenía que compartir ese momento, así que descolgó el teléfono y marcó el número de la casa donde ahora vivían juntos. Estoy aquí, lo he conseguido. Estoy en la cima del mundo, dijo. Y te quiero. Mientras hablaba sus ojos se posaron, distraídos, en el calendario que estaba sobre la mesa: martes 11 de septiembre. Luego se volvió a mirar por la ventana. El día era hermoso, los cristales de la otra torre gemela reflejaban el sol de la mañana, y un avión enorme se acercaba volando muy bajo.

(1) Perez-Reverte, Arturo (2005): No me Cogereís Vivo (2001-2005). Madrid, Alfaguara, Segunda Edición. pags. 63-65.

lunes, 24 de diciembre de 2007

Feliz Navidad!!!!!!!!! (All You Need Is Love)


Queridos Amigos y Herejes:

En estas fechas no suelo entregarme de brazos abiertos a la algazara comercial que, repentinamente, se apodera del mundo.
El amor a los demás (y a nosotros mismos) no es patrimonio de una fecha en el calendario ni viene envuelto en papel celofán, con dedicatoria incluida.
Sólo quisiera recordarles que, hace un par de miles de años, en una región pobre y perdida de Palestina, habitó un hombre (que antes fue un niño malcriado y travieso, de seguro) que revolucionó la historia de la humanidad con sus enseñanzas de amor y paz. Lamentablemente –como suele suceder desde siempre- no aprendimos su mensaje y lo adecuamos a nuestra conveniencia, haciéndolo inofensivo y rebajándolo a una figurita de yeso, inmóvil y estática, que depositamos en un pesebre cada diciembre para después, en enero, envolverlo en papel periódico (como si fuera un pescado) y olvidarnos de él.
Intuyo que, si él acaso es también Dios, andaría en cualquier parte menos en las iglesias que acaparan su representación y se reiría mucho de los grandes almacenes que llenan sus arcas con su excusa.

Hace no tantos años, en otro ámbito, cuatro jóvenes desmelenados intentaron mejorar el mundo con sus guitarras eléctricas. Sus canciones son también un mensaje de amor y paz. Una de ellas –la que particularmente es mi preferida- resume perfectamente el mensaje del palestino cuyo nacimiento ahora celebramos: All you Need is Love.

Entonces, queridos amigos, ya lo sabemos: All you Need is Love.

Con paz, amor y música,

El Hereje Impenitente

martes, 18 de diciembre de 2007

Lo que el Viento también se Llevó

Después de un viaje relámpago por Huaraz, trabajo de por medio, yendo y viniendo entre buses interprovinciales y aviones, con sueños interrumpidos abruptamente y sobresaltos, retomo mi hoguera habitual, con un tema sobre el cual quise hablar desde que vi la película, hace un par de semanas atrás.

Usualmente desconfío de eso que se suele llamar 'cine clásico', ropaje bajo el cual se esconden defectos de toda laya e historias insoportablemente románticas, cursis y aburridas (todo en ese orden). El gato por liebre suele agazaparse tras el título de 'clásico' y, si tengo la oportunidad, no pierdo tiempo tratando de darle una oportunidad a la historia que se esconde tras esa etiqueta.

El problema es que la ignorancia es atrevida -confesión de parte- e ingenuamente creemos que la vida y sus problemas comienzan y terminan con nosotros, que antes de nuestra existencia todo es descartable y nada hay por rescatar. Esta película me enseñó esas y otras cosas.

Para empezar en "Lo que el Viento se Llevó" (1939) estamos ante una historia digna de cualquier novela negra que se precie, apuntemos:

1) La heroina es una engreida, egoista y estúpida niña blanca del sur terrateniente de los Estados Unidos en plena Guerra de Secesión que confunde sus sentimientos creyendo -únicamente por orgullo propio herido- que ama desesperadamente a su primo -casado con otra mujer todo un ramillete de virtudes- cuando en realidad el amor de su vida pasa por sus narices. Vivien Leigh interpreta magistralmente a Scarlett O'hara (después de un casting que duró dos años y tuvo a 1,400 postulantes haciendo cola) y su belleza va a la par de su actuación.


2) El protagonista es un Clark Gable -Rhet Buttler- canchero, mujeriego y jugador, que reniega sabiamente de la guerra y aun cuando ama con locura a Scarlett se cansa rápidamente de su egoismo y desamor y comienza a maltratarla paciente y tenazmente (la arroja de la escaleras y pierde un embarazo). El amor ofrecido por el personaje de Gable no es incondicional -como en las historias cursis y romanticonas de las que hablaba anteriormente- y ante la ausencia de una correspondencia abandona rápidamente la ilusión y decide poner tierra de por medio. Es memorable la frase que Gable le dedica a Scarlett cuando, al final de la historia, ella le confiesa su equívoco y le pide otra oportunidad: "Frankly my dear, I don't give a damn" ("francamente, querida, me importa un carajo").

3) Toda la estupidez de la Guerra de Secesión sirve como marco de fondo y hay miseria, discriminación y odios repartidos a lo largo de la película. Para ser 1939 la historia es demasiado osada e iconoclasta: los negros liberados -con excepción de los esclavos que sirven a sus amos- son ruines y delincuentes. El amor es aplastado por el egoismo y estupidez de sus protagonistas. No hay un final feliz porque la vida carece de ellos.

David O. Selznick
fue el artífice de esta película que casi no llega a filmarse del todo y que reta la paciencia del espectador (dura 3 horas y media, pero, justo es decirlo, casi ni se sienten). En 1939 ganó 8 Oscar de la Academia -incluyendo mejor película y mejor actriz- y en considerada como una de las mejores películas de toda la historia.

Por mi parte, cuando tenga una película clásica a la mano me lo pensaré dos veces antes de dejarla pasar.

martes, 11 de diciembre de 2007

Yer Blues: 27 Años sin Lennon


El día 8 de diciembre se cumplió el 27º aniversario de la muerte de John Lennon.
27 años son toda una vida (sino que lo diga Cobain y compañía).
El día de hoy, los que quieren y respetan al maestro recordarán su lado más humano y social y ese hermoso manifiesto llamado 'Imagine' sonará sin parar en casi todas las radios del mundo.
Desde esta humilde hoguera también queremos rendir un homenaje a Lennon como lo que también fue: un rockero de polendas y un compositor excepcional.
'Yer Blues' es quizás la más desgarradora y bluesera canción que compuso en su época beatle.
El día de hoy la escucharé más de una vez.
Descansa en paz, maestro!!!!!!!!!!!

domingo, 2 de diciembre de 2007

El Arquitecto del Universo

"Anciano de los Días" (1794) acuarela del poeta inglés William Blake donde se representa a Dios como el Arquitecto del Universo. Quien tenga oidos para oir, que oiga (Lucas 8, 8)

El Capitán Alatriste

Existen personajes que superan en fama y vida propia a su autor.

Nacen de una pluma iluminada y de pronto -por su valor, por su independencia o vaya a saber Dios por qué- cobran existencia independiente, se rebelan a su creador y viven al margen de él, casi a su pesar.

Pensemos, por ejemplo, en el sagaz y cocaínomano Sherlock Holmes, vivió a la contra de su padre sir Arthur Conan Doyle y éste no hallaba la forma de deshacerse de él. Quiso matarlo muchas veces y muchas veces se lo impidió el buen Holmes, desapareciendo y volviendo a aparecer, hasta que un día perdió la batalla contra su creador.

Vayamos a Sandokán, aquel corsario intrépido, llamado el tigre de la malasia, flagelo de ingleses y héroe por excelencia de cualquier adolescente que se precie. Sabemos mucho de él y de sus incontables aventuras al lado del fiel Yañez, de su padre Emilio Salgari solo sabemos que fue italiano.

De esta ilustre estirpe es Diego Alatriste y Tenorio, conocido en los campos de batalla, en los corrales de comedia y en los mares corsarios como El Capitán Alatriste.

Soldado veterano de los tercios de Flandes, malvive en el Madrid del Siglo XVII alquilando a su espada a causas justas -y otras no tanto-, pero siempre honesto, honrado y valiente. Ultimo representante de una legión de hombres decididos que hicieron de España una potencia temida en Europa, se rebela -aunque poco puede hacer- contra una corte española corrupta y en plena decadencia, plagada de nobles mezquinos, ensotanados avaros y burócratas insensibles.

Amigo personal de Francisco de Quevedo, el Capitán Alatriste se ve enfrascado en innumerables aventuras de una España venida a menos, bien sea por su sentido honor o su lengua afilada, al igual que el acero de su espada y el cebo de su arcabuz.

"El Capitán Alatriste" (1996), "Limpieza de Sangre" (1997), "El Sol de Breda" (1998), "El Oro del Rey" (2000), "El Caballero del Jubón Amarillo" (2003) y últimamente "Corsarios de Levante" (2006) son las seis primeras entregas de las aventuras y desvelos del Capitán Alatriste (narradas por su paje, hijo adoptivo y compañero de desventuras Iñigo Balboa), a la cual todavía siguen otras tres, hasta su ingrato final en la batalla de Rocroi en 1643 (Francia) al mando de un tercio español.

Este es el Capitán Diego Alatriste y Tenorio. De su creador Arturo Perez-Reverte hablaremos otro día. "No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente. Se llamaba Diego Alatriste y Tenorio, y había luchado como soldado de los tercios viejos en las guerras de Flandes." (del inicio de El Capitán Alatriste)