viernes, 25 de enero de 2008

Territorio Comanche

Las guerras son siempre una respuesta natural a la eterna estúpidez humana y la línea divisoria entre inocentes y culpables es muy delgada, casi invisible. Quizás todos nosotros, de alguna u otra forma, por acción u omisión, somos responsables de ellas, sea donde ocurran y sea cualquiera la lengua que se use para maldecir sus muertos.

Esta es quizás la principal idea que me rondó cuando acabé de leer "Territorio Comanche", quizás el libro más personal de Arturo Perez-Reverte y donde puede rastrearse el origen del cinismo que luego acompañará casi toda la obra (en especial la periodística) de este escritor español.Ambientada en la guerra de los Balcanes, donde toda la antigua Yugoeslavia se pulverizó, es el retrato de primera línea de un cronista de guerra español (Perez reverte lo fue en el pasado), cínico y descreido, y su camarógrafo, hurgando entre la pobredumbre y la miseria que deja a su paso la guerra para enviar por satélite unas imágenes a los aparatos de televisión de todos los que, lejos de allí, se sienten a salvo en sus confortables sillones, quizás tomando cerveza y comiendo pop corn.

La estirpe de estos artistas de la barbarie es extraña. Participan en el desastre voluntariamente, siguiendo a las guerras allí donde las haya, persiguendo la muerte y destrucción dejada a su paso y jugándose el pellejo en cada esquina, hasta que una bala, una esquirla o una mina les impidan continuar con su locura callejera y esquizofrénica. Y es que nadie sale ileso de una guerra, aun cuando no tengas ni un rasguño.

La estupidez es el único patrimonio auténticamente humano. Las guerras son un buen ejemplo de ello.

"Para un reportero en una guerra, territorio comanche es el lugar donde el instinto dice que pares el coche y des media vuelta; donde siempre parece a punto de anochecer y caminas pegado a las paredes, hacia los tiros que suenan a lo lejos, mientras escuchas el ruido de tus pasos sobre los cristales rotos. El suelo de las guerras está siempre cubierto de cristales rotos. Territorio comanche es allí donde los oyes crujir bajo tus botas, y aunque no ves a nadie sabes que te están mirando."

Jhonny Cash - Hurt

Existen canciones -en realidad contadas excepciones- cuyos covers son aún mejor que las versiones originales.
Este oscuro himno (Hurt) pertenece al atormentado Trent Reznor, pero es en la voz grave y dolorosa del genial Jhonny Cash donde la canción adopta el matiz de desconsuelo y pérdida que debe transmitir. De eso se trata.

sábado, 19 de enero de 2008

Los Gladiadores de la Raqueta

De todos los deportes que jamás practico -en realidad ninguno-, el tenis es uno de los que más me gusta.

Ignoro la razón de esta atracción, pero fácilmente puedo quedarme sentado frente a la pantalla, totalmente electrizado, las tres horas que en promedio dura un partido, como si se tratara de un clásico intercontinental de fútbol con mi equipo favorito de protagonista -en realidad ninguno-.

Imagino que el tenis es uno de los pocos deportes que enfrentan directamente a dos individuos, aislados de todo, donde cada cual depende de uno mismo, de sus fuerzas, imaginación y coraje para vencer o morir en el intento (descarto el box y las luchas, la violencia la dejo para el ajedrez). Aquí no hay equipos donde basta que uno esté inspirado para salvar el día y entonces se salvan todos, no, aquí hay únicamente dos gladiadores armados con su raqueta que salen a dejar la sangre en la arena, intercambiando proyectiles a 190 kilómetros por hora y donde el éxito y el fracaso depende -única y exclusivamente- de dos brazos poderosos, ágiles piernas y reflejos a prueba de balas.

La madrugada de hoy, por esas casualidades de la vida y del insomnio, pude presenciar acaso el mejor partido de tenis de los últimos tiempos. Roger Federer (el número uno del mundo, canchero e imperturbable) se enfrentaba a un desconocido -para mí- chibolo serbio llamado Janko Tipsarevic. Mero trámite habrá pensado el suizo -que no es santo de mi devoción- y se llevó tremenda sorpresa (después dijo que el partido había sido 'un infierno'). Fueron 4 horas y 23 minutos de pura fuerza y tensión. El serbio, con sus lentes de intelectual a la moda, estuvo delante casi todo el partido, sacando magistrales jugadas del sombrero y haciendo frente al suizo y sus criminales aces. Al final, la última batalla, el quinto set, fue para el suizo 10 games a 8.

Ave Caesar, morituri te salutant!!!

jueves, 17 de enero de 2008

Little Girl Blue (Janis Joplin)

Siempre hay un buen pretexto para escuchar a la incomparable Janis Joplin.
Esta vez es para ella, porque se lo debo.

domingo, 13 de enero de 2008

Brozovich y El Duro Oficio de Vivir


A Raúl Brozovich Mendoza (1928-2006) nunca lo conocí.

Era cusqueño, poeta y uno de los últimos malditos auténticos (no los de pacotilla, tan abundantes en nuestra capital -la oficial, no la histórica-).

Murió anciano, solo y pobre (con una mísera pensión universitaria, como todo reconocimiento), alejado de la cultura oficial y de los textos escolares, de los fuegos de artificio y las candilejas que seducen a los intelectuales de dos por medio que pueblan el Haití y la Tiendecita Blanca. Su destino fue el mismo de muchas de las mentes más lúcidas de este malhadado país.

Escribía poesía pero detestaba publicar (por falta de ganas o por ausencia de ofertas, vaya uno a saber), sus poemas -tributarios de Vallejo, Maiakovski, Pound, Dylan y Kavafis, como él mismo solía repetir- son de una vitalidad inusitada y muchos de ellos dan vuelta por ahí, desperdigados, sin que haya un solo O'hara que los rastree y rescate.

Sus cuadernos conocidos y publicados son pocos: "La Rosa Blindada", "Fábrica de Sueños", "Del Cielo Bajó un Extraño Resplandor", "Vallejianas", "Poemas Populares", "Pintura en Blanco y Negro" y "Pop Art". Los desconocidos e inéditos son un misterio, perdidos ya quizás para siempre.

Detestaba las entrevistas (por falta de ganas o de oportunidades, vaya uno a saber) y la única que se le conoce en vida la otorgó a Mario Guevara Paredes ("La poesía es un sueño errante") y salió publicada en la revista andina de cultura "Sieteculebras", bajo el número 6, junio-julio de 1994.

Su rostro pasa con facilidad por la de un poeta beat, surcado por arrugas como las interminables aventuras y excesos que protagonizó en el ombligo del mundo y más allá de él también.

Es legendaria -ignoro si cierta- la anécdota según la cual, absolutamente borracho, cuadró a un joven y arrogante Vargas Llosa en una picantería del centro del Cusco, diseccionando la técnica de la Casa Verde con una cabeza de carnero como pizarra sacada minutos antes de la olla hirviendo, ante la asustada mirada de los comensales y demás acompañantes del escritor arequipeño.

Son pocos los libros publicados de su poesía; uno de ellos, el que quizás constituye el más rescatable intento de antologarlos (su resultado, lamentablemente, es otro) se llama: "El Duro Oficio de Vivir"*. De ahí extraigo el siguiente poema, como homenaje y reconocimiento al querido "Brozo", aquel que no pudo desligar jamás la poesía de su experiencia vital:

EL DURO OFICIO DE VIVIR

en el interior de un ómnibus
un niño canta
detrás de las ventanillas
uno observa
la gente pasar
inadvertido
el niño está delante de ti
prosigue su voz delgada
jerigonzas de waynos
o letras sincopadas
del vals criollo
confuso
de extraña vergüenza
uno saca una moneda
del subsuelo del corazón
el arte de vivir obliga
el niño ha cesado de cantar
basta de cavilaciones oscuras
la rosa negra de la lluvia despeina
agua sucia de hórridos sufrimientos
ebriedad pura
sentimiento fácil
la oscuridad de los recuerdos graba
-dulcemente la imagen del amor
y piensas
piensas tal vez
ese niño que ha sucedido
oblicua
mano
delgada
sea yo o tú
en las aceras los transeúntes apuran el paso
llueve
la gente bosteza
-retira los centavos de su flaca pobreza-
el niño insiste
ha vuelto a cantar.

* BROZOVICH, Raúl (2006): El Duro Oficio de Vivir. Cusco, Rectorado de la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco. 289 páginas.

domingo, 6 de enero de 2008

Hey, Joe!!!

La historia es simple.
Imaginemos que mi nombre es Joe y tengo una pistola -aún humeante- entre mis manos.
Acabo de disparar contra mi mujer pues la encontré sacándome la vuelta con un imbécil.
Me lo preguntan y lo confieso. No siento remordiendo ni pena alguna.
Me preguntan dónde me escaparé para no ser ahorcado por un verdugo. México parece ser un buen lugar. Sí. Me largaré para el sur y podré por fin ser libre.
Adiós a todos.

La canción pertenece a un bluesero desconocido llamado Billy Roberts, pero fue Jimmy Hendrix quien la convirtió –gracias a su poseída guitarra- en una novela negra, en todo un himno a los perdedores.
Esta es una rara presentación de Hendrix (con la Jimmy Hendrix Experience) en Bélgica en el año 1967.
Disfrútenla y anden con cuidado.

miércoles, 2 de enero de 2008

¿Feliz Año?


La gente suele hacer promesas al final de cada año e imaginarse que todo, repentinamente, debe ir mejor. Bajar de peso, dejar de fumar, abandonar el alcohol, las drogas o aquel amor más pernicioso que todo lo antes dicho, son metas que uno se propone y -generalmente- casi nunca cumple. Y es que Dios tiene extraños caminos y el azar o la estupidez casi siempre se interpone en ellos.
Les dejo un artículo de Arturo Perez Reverte sobre un año nuevo en particular y considerenlo como mis mejores deseos para este año 2008....


FELIZ AÑO NUEVO (1)

Era guapísima, pensó. La mujer más guapa del mundo. Un vestido negro, escotado por detrás, el pelo recogido en la nuca. Unos ojos grandes e inteligentes que lo miraron de esa manera singular con que miran algunas mujeres, como si se pasearan por dentro de ti, escudriñándote cada rincón, y esa certeza te erizara la piel. No sabía cómo se llamaba, ni quién era. Ni siquiera si estaba con otro. Pero comprendió que era ella. Así que venció el nudo que se le había hecho en la garganta y dijo aquí te la juegas, chaval, te juegas el resto de tu vida, y a lo mejor haces el ridículo más espantoso; pero sería peor no intentarlo. Así que se fue derecho hacia ella, recorriendo esos cinco últimos metros que ningún hombre inteligente franquea si no son los ojos de la mujer los que invitan a recorrerlos. Hola, me llamo tal, dijo. Y no me perdonaría nunca dejarte salir de mi vida sin intentarlo. Ella lo miró despacio, evaluando su sonrisa algo tímida, la manera sencilla que tenía de estar de pie ante ella, encogiendo un poco los hombros como diciéndole ya sé que lo hemos visto muchas veces en el cine y por ahí, pero no puedo evitarlo. Te pareces a esas cosas que uno sueña cuando es niño.
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Lo consiguió. La felicidad le estallaba dentro y el mundo y la vida eran una aventura maravillosa. Bailaron, rieron. Compartieron sus mundos e hicieron que éstos empezaran a fundirse el uno con el otro. Música, cine, viajes, libros. Tiene cosas que yo necesito, pensó. Cosas que a mí me faltan. A veces se quedaban callados, mirándose un rato largo, y ella sonreía un poco, casi enigmática. Quizá se sienta como yo me siento, pensó él. Tocó su piel, rozándola con precaución al principio. Acercaron los rostros para conversar entre la música, acarició su cabello, respiró su aroma, asimiló cada registro de su voz. Algo hice para merecerla, pensó de pronto. Los años de colegio, la facultad, el trabajo, la lucha por la vida. Sentía que era un premio especial; que una mujer así no caía del cielo a cambio de nada. Eso lo hizo sentirse más seguro, más cuajado y adulto. Y en sólo unas horas, maduró. Se hizo lúcido y se dispuso a merecerla.
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Llegaron las campanadas. Ding, dong. Todos bailaban y reían, brindaban, chocaban las copas salpicándose de champaña. Feliz 2001. Feliz año nuevo. Él nunca había sido muy sociable; tenía sus ideas sobre las fiestas de año nuevo en general y sobre la Humanidad en particular, y no eran ingenuas en absoluto. Sin embargo, aquella vez amó a sus semejantes. Los habría abrazado a todos. Con la última campanada ella se quedó mirándolo en silencio, la copa en la mano, la boca entreabierta, y él se inclinó sobre sus labios. Sabían a champaña y a carne tibia, y a futuro. Alrededor los amigos aplaudían y bromeaban sobre el flechazo. Ellos seguían mirándose a los ojos y se besaron de nuevo, ajenos a todo. Y más tarde, rozando el alba, la acompañó a su casa. Se besaron de nuevo en el portal, mucho rato, y él regresó a casa caminando en la luz gris del amanecer, las manos en los bolsillos, sintiendo deseos de dar pasos de baile, como en las películas. Estaba enamorado.
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Pasaron los meses y se amaron con locura. Ella estaba en el último año de carrera; él, a punto de conseguir el trabajo soñado durante muchos años. Viajaron juntos y hubo un verano maravilloso, el mar, los paseos por la playa, las noches cálidas. Cuando estaban juntos apenas necesitaban otra cosa. Ella se le aferraba, jadeante, sus ojos muy abiertos cerquísima de los suyos, abrazándolo como si pretendiera hundírselo para siempre en las entrañas. Te amaré toda mi vida, dijo él. Me parece que deseo un hijo, dijo ella. Que se parezca a ti. Que se nos parezca. El mundo era una trampa hostil, pero podía ser habitable, después de todo. Era posible, descubrieron sorprendidos, construir un lugar donde abrigarse del frío que hacía allá afuera: un refugio de piel cálida, de besos y de palabras. A veces se imaginaban de viejos, con nietos, libros, un pequeño velero con el que navegar juntos por un mar de atardeceres rojos y de memoria serena.
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Aquel año consiguió el trabajo por el que había luchado toda su vida. Un puesto de responsabilidad en una multinacional importante. El primer día que fue al despacho, al llegar a su mesa situada junto a la ventana con una vista maravillosa de la ciudad, pensó que había llegado a algún sitio importante, y que el triunfo también era de ella. Tenía que compartir ese momento, así que descolgó el teléfono y marcó el número de la casa donde ahora vivían juntos. Estoy aquí, lo he conseguido. Estoy en la cima del mundo, dijo. Y te quiero. Mientras hablaba sus ojos se posaron, distraídos, en el calendario que estaba sobre la mesa: martes 11 de septiembre. Luego se volvió a mirar por la ventana. El día era hermoso, los cristales de la otra torre gemela reflejaban el sol de la mañana, y un avión enorme se acercaba volando muy bajo.

(1) Perez-Reverte, Arturo (2005): No me Cogereís Vivo (2001-2005). Madrid, Alfaguara, Segunda Edición. pags. 63-65.

lunes, 24 de diciembre de 2007

Feliz Navidad!!!!!!!!! (All You Need Is Love)


Queridos Amigos y Herejes:

En estas fechas no suelo entregarme de brazos abiertos a la algazara comercial que, repentinamente, se apodera del mundo.
El amor a los demás (y a nosotros mismos) no es patrimonio de una fecha en el calendario ni viene envuelto en papel celofán, con dedicatoria incluida.
Sólo quisiera recordarles que, hace un par de miles de años, en una región pobre y perdida de Palestina, habitó un hombre (que antes fue un niño malcriado y travieso, de seguro) que revolucionó la historia de la humanidad con sus enseñanzas de amor y paz. Lamentablemente –como suele suceder desde siempre- no aprendimos su mensaje y lo adecuamos a nuestra conveniencia, haciéndolo inofensivo y rebajándolo a una figurita de yeso, inmóvil y estática, que depositamos en un pesebre cada diciembre para después, en enero, envolverlo en papel periódico (como si fuera un pescado) y olvidarnos de él.
Intuyo que, si él acaso es también Dios, andaría en cualquier parte menos en las iglesias que acaparan su representación y se reiría mucho de los grandes almacenes que llenan sus arcas con su excusa.

Hace no tantos años, en otro ámbito, cuatro jóvenes desmelenados intentaron mejorar el mundo con sus guitarras eléctricas. Sus canciones son también un mensaje de amor y paz. Una de ellas –la que particularmente es mi preferida- resume perfectamente el mensaje del palestino cuyo nacimiento ahora celebramos: All you Need is Love.

Entonces, queridos amigos, ya lo sabemos: All you Need is Love.

Con paz, amor y música,

El Hereje Impenitente

martes, 18 de diciembre de 2007

Lo que el Viento también se Llevó

Después de un viaje relámpago por Huaraz, trabajo de por medio, yendo y viniendo entre buses interprovinciales y aviones, con sueños interrumpidos abruptamente y sobresaltos, retomo mi hoguera habitual, con un tema sobre el cual quise hablar desde que vi la película, hace un par de semanas atrás.

Usualmente desconfío de eso que se suele llamar 'cine clásico', ropaje bajo el cual se esconden defectos de toda laya e historias insoportablemente románticas, cursis y aburridas (todo en ese orden). El gato por liebre suele agazaparse tras el título de 'clásico' y, si tengo la oportunidad, no pierdo tiempo tratando de darle una oportunidad a la historia que se esconde tras esa etiqueta.

El problema es que la ignorancia es atrevida -confesión de parte- e ingenuamente creemos que la vida y sus problemas comienzan y terminan con nosotros, que antes de nuestra existencia todo es descartable y nada hay por rescatar. Esta película me enseñó esas y otras cosas.

Para empezar en "Lo que el Viento se Llevó" (1939) estamos ante una historia digna de cualquier novela negra que se precie, apuntemos:

1) La heroina es una engreida, egoista y estúpida niña blanca del sur terrateniente de los Estados Unidos en plena Guerra de Secesión que confunde sus sentimientos creyendo -únicamente por orgullo propio herido- que ama desesperadamente a su primo -casado con otra mujer todo un ramillete de virtudes- cuando en realidad el amor de su vida pasa por sus narices. Vivien Leigh interpreta magistralmente a Scarlett O'hara (después de un casting que duró dos años y tuvo a 1,400 postulantes haciendo cola) y su belleza va a la par de su actuación.


2) El protagonista es un Clark Gable -Rhet Buttler- canchero, mujeriego y jugador, que reniega sabiamente de la guerra y aun cuando ama con locura a Scarlett se cansa rápidamente de su egoismo y desamor y comienza a maltratarla paciente y tenazmente (la arroja de la escaleras y pierde un embarazo). El amor ofrecido por el personaje de Gable no es incondicional -como en las historias cursis y romanticonas de las que hablaba anteriormente- y ante la ausencia de una correspondencia abandona rápidamente la ilusión y decide poner tierra de por medio. Es memorable la frase que Gable le dedica a Scarlett cuando, al final de la historia, ella le confiesa su equívoco y le pide otra oportunidad: "Frankly my dear, I don't give a damn" ("francamente, querida, me importa un carajo").

3) Toda la estupidez de la Guerra de Secesión sirve como marco de fondo y hay miseria, discriminación y odios repartidos a lo largo de la película. Para ser 1939 la historia es demasiado osada e iconoclasta: los negros liberados -con excepción de los esclavos que sirven a sus amos- son ruines y delincuentes. El amor es aplastado por el egoismo y estupidez de sus protagonistas. No hay un final feliz porque la vida carece de ellos.

David O. Selznick
fue el artífice de esta película que casi no llega a filmarse del todo y que reta la paciencia del espectador (dura 3 horas y media, pero, justo es decirlo, casi ni se sienten). En 1939 ganó 8 Oscar de la Academia -incluyendo mejor película y mejor actriz- y en considerada como una de las mejores películas de toda la historia.

Por mi parte, cuando tenga una película clásica a la mano me lo pensaré dos veces antes de dejarla pasar.

martes, 11 de diciembre de 2007

Yer Blues: 27 Años sin Lennon


El día 8 de diciembre se cumplió el 27º aniversario de la muerte de John Lennon.
27 años son toda una vida (sino que lo diga Cobain y compañía).
El día de hoy, los que quieren y respetan al maestro recordarán su lado más humano y social y ese hermoso manifiesto llamado 'Imagine' sonará sin parar en casi todas las radios del mundo.
Desde esta humilde hoguera también queremos rendir un homenaje a Lennon como lo que también fue: un rockero de polendas y un compositor excepcional.
'Yer Blues' es quizás la más desgarradora y bluesera canción que compuso en su época beatle.
El día de hoy la escucharé más de una vez.
Descansa en paz, maestro!!!!!!!!!!!

domingo, 2 de diciembre de 2007

El Arquitecto del Universo

"Anciano de los Días" (1794) acuarela del poeta inglés William Blake donde se representa a Dios como el Arquitecto del Universo. Quien tenga oidos para oir, que oiga (Lucas 8, 8)

El Capitán Alatriste

Existen personajes que superan en fama y vida propia a su autor.

Nacen de una pluma iluminada y de pronto -por su valor, por su independencia o vaya a saber Dios por qué- cobran existencia independiente, se rebelan a su creador y viven al margen de él, casi a su pesar.

Pensemos, por ejemplo, en el sagaz y cocaínomano Sherlock Holmes, vivió a la contra de su padre sir Arthur Conan Doyle y éste no hallaba la forma de deshacerse de él. Quiso matarlo muchas veces y muchas veces se lo impidió el buen Holmes, desapareciendo y volviendo a aparecer, hasta que un día perdió la batalla contra su creador.

Vayamos a Sandokán, aquel corsario intrépido, llamado el tigre de la malasia, flagelo de ingleses y héroe por excelencia de cualquier adolescente que se precie. Sabemos mucho de él y de sus incontables aventuras al lado del fiel Yañez, de su padre Emilio Salgari solo sabemos que fue italiano.

De esta ilustre estirpe es Diego Alatriste y Tenorio, conocido en los campos de batalla, en los corrales de comedia y en los mares corsarios como El Capitán Alatriste.

Soldado veterano de los tercios de Flandes, malvive en el Madrid del Siglo XVII alquilando a su espada a causas justas -y otras no tanto-, pero siempre honesto, honrado y valiente. Ultimo representante de una legión de hombres decididos que hicieron de España una potencia temida en Europa, se rebela -aunque poco puede hacer- contra una corte española corrupta y en plena decadencia, plagada de nobles mezquinos, ensotanados avaros y burócratas insensibles.

Amigo personal de Francisco de Quevedo, el Capitán Alatriste se ve enfrascado en innumerables aventuras de una España venida a menos, bien sea por su sentido honor o su lengua afilada, al igual que el acero de su espada y el cebo de su arcabuz.

"El Capitán Alatriste" (1996), "Limpieza de Sangre" (1997), "El Sol de Breda" (1998), "El Oro del Rey" (2000), "El Caballero del Jubón Amarillo" (2003) y últimamente "Corsarios de Levante" (2006) son las seis primeras entregas de las aventuras y desvelos del Capitán Alatriste (narradas por su paje, hijo adoptivo y compañero de desventuras Iñigo Balboa), a la cual todavía siguen otras tres, hasta su ingrato final en la batalla de Rocroi en 1643 (Francia) al mando de un tercio español.

Este es el Capitán Diego Alatriste y Tenorio. De su creador Arturo Perez-Reverte hablaremos otro día. "No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente. Se llamaba Diego Alatriste y Tenorio, y había luchado como soldado de los tercios viejos en las guerras de Flandes." (del inicio de El Capitán Alatriste)

domingo, 25 de noviembre de 2007

House M.D. - "You Can't Always Get What You Want"

Esta canción de los Rolling Stones pertenece al soundtrack de las vidas de mucha gente que conozco(y de la mía por supuesto).
También es una de las canciones principales del soundtrack de House M.D.
Aquí se la dejo. Y no olviden que:
"You can't always get what you want / But if you try sometimes you might find / You get what you need"

House M.D: La Anarquía como una de las Bellas Artes


Pocas series más adictivas que House M.D.

Y conste que no soy de púpila fácil. De esos que se encandilan capítulo tras capítulo frente al televisor como idiotas porque sacan una paloma del chistero de cuando en vez. Nones. Pero House M.D. -debo reconocerlo- fue amor a primera vista.

Hugh Laurie (en excelente interpretación, dos Globos de Oro al bolsillo) encarna al médico Gregory House: lisiado, huraño, anarquista, cínico y adicto a la vicodina. Mezcla de Sherlock Holmes y Bernard Shaw, House desentraña los más insólitos casos médicos a través de la deducción y de los diálogos socráticos con sus asistentes (dos hombres y una mujer, todos médicos, que son el contrapunto perfecto para desfogar las fobias del maniático House).

Como jefe del departamento de diagnóstico del hospital universitario Princeton-Plainsboro, House trabaja los más insólitos casos clínicos partiendo de la premisa que todos los pacientes (y en general todos los seres humanos) hacen de la mentira una forma de vida. Por eso muy pocas veces habla con sus pacientes para preguntarles dónde les duele. Siempre ocultarán algo -esencial para el desarrollo del caso- y House debe descubrir qué. Antes que sea demasiado tarde.

Su trabajo es de gabinete, de detective solitario reconstruyendo piezas de un rompecabezas tremendamente complicado. Algunas veces -la mayoría- acierta. Las otras, son gajes del oficio.

Manipulador y anarquista, House suele destruir intelectualmente a quien se le ponga al frente. Ignora los buenos modales y la corrección política y detesta las reglas del mundo civilizado (sobretodo las del hospital donde trabaja). Con su bastón a cuestas y sus píldoras para la felicidad -Vicodina- House parece un Diógenes redivivo en pleno siglo XXI, predispuesto a descreer de todo y de todos.

La serie ya va en su Cuarta Temporada y gracias a mi casero pirata del centro comercial de la ciudad (el único donde puedes encontrar toda la colección de Buñuel) pude ver los tres primeros capítulos. Aquí, solo (recordemos que en el final de la tercera temporada botó e hizo renunciar a todos sus asistentes) debe enfrentarse a la cruel tarea de entrevistar médicos para suplirlos, mientras se enfrenta a rarísimos casos clínicos. Siendo como es, la tarea nunca es aburrida.

House M.D. o la anarquía como una de las bellas artes.

martes, 13 de noviembre de 2007

Silencio Carajo!

Yo de monárquico no tengo nada.
Los reyes, príncipes y princesas me interesan un comino y me los paso por el forro.
Que alguien, por el simple hecho de su nacimiento, sea predestinado a cierta dignidad sucesoria me parece un despropósito en pleno siglo XXI.
Sin embargo, luego de escuchar a Juan Carlos hacer callar al sátrapa caribeño (a cualquiera hincha las pelotas tremenda verborrea insulsa), no puedo menos que declararme seguidor del borbón y más monárquico que nunca.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Andrés Calamaro y Los Rodriguez... "Diez Años Después"

El rock cantado en nuestro idioma no sería el mismo sin Andrés Calamaro y Los Rodriguez.
‘Diez Años Después’ es toda una declaración de principios.

sábado, 10 de noviembre de 2007

Gods and Monsters



El sábado transcurría aburrido. A la tarde hay muy poco que hacer, así que desempaco una película comprada hace unas semanas y hago rodar el DVD. Espero una sorpresa. Y vaya que me la encuentro.


"Dioses y Monstruos" (Gods and Monsters, 1998) es una película inglesa del director Bill Condon ('Kinsey', 'Dreamgirls') quien adapta la novela "El Padre de Frankenstein" de Christopher Bram (y ganó un Oscar a mejor guión adaptado por ello) para narrar los últimos días del director de cine James Whale.


James Whale (Ian McKellen) es un director de cine retirado, excéntrico, aristócrata y homosexual. Gozó de gloria al dirigir ‘Frankenstein’, ‘El Hombre Invisible’ y ‘La Novia de Frankenstein’ en un Hollywood lleno de glamour, hipocresía y closets repletos de gente que no decide salir de él.

Anciano, con la mente atosigada por imágenes del pasado a causa de un derrame cerebral, Whale mantiene una batalla entre el deseo carnal (siempre fue aficionado a la gente joven) y sus solitarios días.

La película desarrolla su trama cuando el joven jardinero Clay (Brenda Fraser) entra al servicio de Whale. A partir de allí surge una extraña amistad entre ambos (mezcla de admiración, cariño, soledades compartidas y amor) donde Whale –ya al final del camino- encuentra al fin un interlocutor válido para volcar la soledad y las imágenes del pasado que lo atormentan.

Mención aparte merece la magistral interpretación de sir Ian McKellen (considerado como uno de los mejores intérpretes de Shakespeare). Como Whale en su época, McKellen también declaró abiertamente su homosexualidad, remeciendo a la pacatos y aburridos ingleses y al mundillo hipócrita de Hollywood. Brendan Fraser también está a la altura de las circunstancias, demostrando que no sólo las idiotas comedias masivas son lo suyo.

Más allá de la homosexualidad de su protagonista (ése no es el tema principal de la película ni mucho menos) ‘Gods and Monsters’ es una historia acerca de la amistad, la soledad y el genio creador. Y de los dioses y monstruos que habitan en el interior de cada uno de nosotros.

En fin, que el sábado pasado estuvo plenamente justificado.


La Medición del Mundo



Intentar medir el mundo es una tarea complicada.

Y lo era aún más en el siglo XVIII, cuando no sabíamos lo que sabemos ahora y los aparatejos tecnológicos estaban en pañales (hoy en día, cualquier idiota dotado de un GPS puede determinar su posición exacta en el orbe).

Alexander von Humboldt y Carl Friedrich Gauss, alemanes, lo intentaron, cada uno a su modo (en cierto modo triunfaron y también fracasaron).

Humboldt, avezado viajero, desde muy joven recorrió el orbe, tratando de comprender a la naturaleza y descifrar los secretos que encierra. Ásceta, célibe y decidido, viajó por la selva del Orinoco, anduvo por la América Central y también por la del Sur, ascendió montañas y volcanes, descendió profundidades y cavernas, ávido por medir el mundo y encontrar el secreto último de sus entrañas.

Gauss, matemático excepcional ("el príncipe de las matemáticas" le llamaban), mente privilegiada y espíritu cínico, intentó también medir el mundo, sin moverse de su escritorio. Anarquista, putañero y mañosón, dejó de lado a la novia en plena noche de bodas para apuntar una fórmula matemática que acababa de ocurrírsele. Intentó hurgar el espíritu último del número y no dudaba de tratar de ignorantes y asnos a quienes no estaban a su altura.

Ambos murieron ancianos, incomprendidos y con una rara sensación de haber vivido en vano.
Y quizás el destino de los genios sea siempre el mismo: adelantados a su tiempo, llevan la maldición de Casandra a cuestas.

De estos dos científicos y de otras cosas también trata la divertida novela 'La Medición del Mundo' (Die Vermessung der Welt -a ver si la consigues, kaiser-) del joven alemán Daniel Kehlmann. Más allá de un simple recuento de anécdotas científicas el espíritu del libro es otro... ¿Cuál es la naturaleza del genio? ¿cuál su destino? ¿De qué material está hecho su voluntad?

Altamente recomendable para aquellos que buscan divertirse, aprender y no perder el tiempo tratando de buscar los tres pies al gato.






Alexander Von Humbolt y Carl Friedrich Gauss, científicos, genios y alemanes.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Tristeza


El día de hoy recibí una ingrata noticia.
El papá de un amigo muy querido (también blogger) ha fallecido.
Son muy pocas las cosas que se pueden decir en un momento como este.
Fuerza Cristian!!!!!!!!!

sábado, 3 de noviembre de 2007

El Gorila y sus Macacos

Ignoro qué maligno karma estará purgando latinoamérica para sufrir a los gobernantes que le tocan. Quizás el problema no sea de las bestias negras que acceden al poder sino de las dóciles piaras que les dejan perpetuarse en él.

Venezuela es el caso más patético de esta tierra apartada de la mano de Dios. Regida por un cachaco iluminado, despilfarra alegremente el petróleo que no durará toda la vida para construir un sueño bolivariano que más parece una pesadilla. Al más puro estilo stanilista desarrolla un culto a la personalidad donde el fetiche mayor es un zambo decidor de incoherencias que lleva al abismo a toda su población y se zurra en cualquier práctica mínimamente democrática.

La última de este oscuro personaje (sería bufonesco sino detentara el poder que ostenta) es la elaboración de una serie de enmiendas constitucionales que deberán ser ratificadas el 02 de diciembre (ya sabemos cuán limpio será este proceso), de la cual pueden extraerse perlas como las siguientes:

  1. Reelección presidencial sucesiva, extendiendo el periodo de gobierno de 6 a 7 años.
  2. El pueblo es el depositario de la soberanía y la ejerce directamente a través del Poder Popular (¿?).
  3. Las comunas serán las células geohumanas del territorio y estarán conformadas por las comunidades, cada una de las cuales constituirá el núcleo especial básico e indivisible del Estado Socialista Venezolano.
  4. La Fuerza Armada Nacional Bolivariana constituye un cuerpo patriótico, popular y antiimperialista.

Una gran mayoría de estudiantes universitarios (ya sabemos que los jóvenes son los primeros en detectar que algo se pudre en Dinamarca) han salido a protestar contra éstas y otras enmiendas salidas de los cerebros de los 'trespatines' del régimen chavista. Huelga decir que han sido reprimidos con barbarie y crueldad.

Pobre Venezuela. Gobernada por un gorila y su ramillete de macacos.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Choque y Fuga


Tengo un defecto. Si husmeo en una librería y tengo algo de dinero en el bolsillo, usualmente compro algo. No importa qué. Siempre encontraré un libro que despierte mi entusiasmo o sino me lo invento y engaño a mi instinto, tratando de justificar el gasto. Novela histórica, crónica, historia, ficción pura y simple, etc., el género es lo de menos, lo demás es deshacerme de los soles que me sobran (en ese momento).

En uno de estos adictivos arranques compré el libro de cuentos "Punto de Fuga" del peruano Jeremías Gamboa, quien, en la contratapa, señala como una de sus mayores credenciales haber sido editor adjunto de la revista "Somos" (¿?).

El caso es que acabo de terminar de leer el último cuento del referido libraco y lo primero que se viene a la cabeza es que para escribir como Cortázar hay que serlo pues. Lo demás será esfuerzo, aplicados ejercicios, sudor, angustia, horas de horas esperando sentado la inspiración divina, pero hasta ahí nomás. No sé porqué en algunos de los cuentos percibo un afán cortazariano, unas ganas de perseverar en la inconclusión, de confundir al lector, de perderse en los detalles, el problema es que las costuras saltan a la vista -y los remiendos también-.
Sin embargo no todo está perdido. En algunos cuentos, cuando el autor renuncia a lo aprendido en la escuela y se deja llevar por el instinto, las cosas mejoran notablemente. Y los cuentos se dejan leer, casi redondos. Eso ocurre, por ejemplo, con "María José", "Tierra Prometida" y, sobretodo, con "Un Responso por el Cine Colón" (sin duda lo mejor del libro) historia donde un grupo de porneros consumados (entre los cuales podrían incluirse fácilmente a Puñalon, No Future y Kaiserkeller) deciden rebelarse contra el individuo que proyecta las películas en el viejo cine Colón, pues la porno del día no se encontraba a la altura de las circunstancias.
En resumen, una vez más mi cumpulsión compradora equivocó el tiro. Para otra vez será.

miércoles, 31 de octubre de 2007

The Velvet Underground - Rock and Roll

Hoy es 31 de octubre.
Me resisto a celebrar canciones que hablan sobre víboras, malos pasos y plebeyos. De igual manera, renuncio a disfrazarme y, haciendo el ridículo, bailar cumbias pegadas y apestosas.
Prefiero poner la Velvet Underground en mi auto y huir con rumbo desconocido....

martes, 30 de octubre de 2007

El Imberbe y el Cachetón (o Sendero Luminoso para Principiantes)

Santiago Roncagliolo ha traido cola con la publicación de "La Cuarta Espada. La historia de Abimael Guzmán y Sendero Luminoso" (Debate, 2007). Desde múltiples zonas, orificios y agujeros (muchos provenientes de la blogósfera) le han caido con todo y -quizás- con razón.

En las primeras páginas el buen Santiaguito confiesa que empieza eligiendo el tema porque vende: "O porque yo creo que vende. O porque es lo único que puedo vender. Siempre he sido un mercenario de las palabras. Escribir es lo único que sé hacer y trato de amortizarlo. Ahora vivo en España y trato de hacerme un lugar como periodista. Necesito algo novedoso, y el tema de actualidad en el último año, tras el 11-M, es el terrorismo" (página 23). ¿Honestidad brutal? ¿insensatez? En todo caso ya sabemos el público al cual está destinado el libro: europeos aburridos de sus propios grupetes violentistas y ávidos por historias sanguinarias tercermundistas envueltas en papel celofán. Libro avisado no espanta gente.

Más adelante, nuestro imberbe escritor dispara: "Un mes después, aterrizo en mi ciudad con la sensación de que me he metido en un lío. Para empezar, no sé nada realmente" (página 24). ¿Y, entonces, sino sabe nada, de dónde salió Abril Rojo? Mejor hubiera empezado preguntándole a Daniel Alarcón, digo yo.

Las perlas no acaban y algunas realmente son de antología. Como aquella que compara la ideología de los senderistas con la "Fuerza" del jedi Luke Skywalker (página 71). O aquella donde señala que de tanto leer literatura marxista y conversado con simpatizantes de Sendero Luminoso ya no puede caminar sin ignorar a los mendigos de Lima y siente rabia y culpabilidad por eso (página 188). El cénit de la inoculación de su nueva conciencia popular llega cuando en el balneario de Asia, entre cebiches y cervezas, alza la voz a un amigo pituco espetándole que en esa playa no pueden bañarse los 'pobres' (página 191).

Ahora bien ¿son estos traspiés deliberados o ingenuos suficientes para destazar al libro y su autor?. Me parece que no. Conozco a muchos que sacaron el palo y el puñal y pegaron fuerte que morirían por tener la cobertura que tiene este libraco y suscribirían con puntos y comas tantas o más barrabasadas como las descritas anteriormente con tal de gozar de la publicidad de la espada de juguete del buen Santiaguito.

El libro se deja leer y su ritmo es ágil, quizás debido a su naturaleza light (tampoco nadie está para releer la Entrevista del Siglo y aquilatar a pie de página las sandeces materialistas y dialécticas esbozadas por el cachetón iluminado). Pero eso siempre se agradece. Santiaguito demuestra destreza en el oficio y sería mezquino no reconocerlo.

¿Historia superficial, tenue y oportunista?. Sí. ¿Imberbe metido en ligas mayores? También. ¿Oportunidad para descalificar a Roncagliolo como escritor y cronista? Aún no.

El tren de la Historia deberá juzgarlo.

viernes, 26 de octubre de 2007

martes, 23 de octubre de 2007

En Brazos de la Fiebre


Todo empezó el viernes pasado.
Un ligero dolor de huesos en ambas piernas y un sudor helado recorriéndolas anunciaban la hecatombe. Luego, a la noche, escalofríos y sudores, alucinaciones, desataban la fiebre y los demonios escondidos en el cuerpo de este hereje servidor. Garras de hielo atravesaban los huesos y cualquier maldición resultaba insuficiente. Con tanto frío, el infierno parecía un buen lugar.
Reacio a luchar con armas químicas, en medio del delirio, me niego a ingerir pastilla alguna y me aviento –pecho descubierto- a la fiebre y sus excesos. Innumerables batallas imaginarias se libran esa noche y yo pierdo casi todas.
Empapado en mi sudor veo amanecer –por fin- e iluso creo que lo peor pasó.
Sábado, domingo –me censan desvariando- y lunes, la fiebre (idéntica, invariable, resistente) me atrapa, con alevosía de nocturnidad, y me lleva a sus oscuros dominios.
Tal es el caldero donde me cocino lentamente que hasta contemplo la posibilidad de recurrir al Seguro Social –¡Horror¡- y dejarme hacer por aquellos médicos ignorantes, matasanos e indolentes, tan preocupados por la salud del prójimo como por el último libro de Habermas. Un último rapto de lucidez me hace desistir, pero las fuerzas fallan y no creo que pueda soportar más.
Repleto de paracetamol burlo, por horas, a mi pequeño infierno particular pero la vigilia se confunde con el sueño y no sé donde despertar o seguir durmiendo. A estas alturas, mi garganta es un hoyo de clavos y vidrios rotos. Pasar saliva es una tortura del Santo Oficio.
Hoy martes me di por vencido, acudo a una querida amiga farmaceútica y descubro para ella mi lampiña nalga. Una aguja destila en mí un cóctel Lincomicina y Dexametasona y me siento un poco mejor.
Espero a la noche la fiebre para librar la última batalla.


“Con los brazos de la fiebre que aún abarcan mi frente/lo he pensado mejor.
Y desataré las serpientes de la vanidad./El paraíso es escuchar,el miedo es un ladrón/ al que no guardo rencor/y el dolor es un ensayo de la muerte”.
(Héroes del Silencio, En Brazos de la Fiebre).

domingo, 14 de octubre de 2007

Canción o De Que Callada Manera (al estilo de Pablo Milanés)


¿Qué quieren? Después de años -gracias al mp3- escucho este poema de Nicolás Guillén en el insuperable filin de Pablito Milanés. Hasta los herejes tienen su corazoncito.
.......
.......
¡De que callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera la primavera!
¡Yo, muriendo!
...
Y de que modo sutil
me derramo en la camisa
todas las flores de abril
...
¿Quién le dijo que yo era
risa siempre, nunca llanto,
como si fuera la primavera?
¡No soy tanto!
...
En cambio, ¡Qué espiritual
que usted me brinde una rosa
de su rosal principal!
...
De que callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera la primavera
¡Yo, muriendo!

viernes, 12 de octubre de 2007

NOBEL DE LITERATURA 2007: DESCONOZCO MAYORMENTE


A esta tía -con cara de abuelita campesina holandesa- la Academia Sueca le ha concedido el premio Nobel de Literatura para este año.

De seguro no faltará gente -nunca faltan- que comiencen a alabar la obra de la abuelita, a decir que es muy importante, que ya era hora que se lo dieran y todo eso.

Particularmente, la Academia Sueca me aburre más cada año con sus elecciones.

Al enterarme de la elección de la abuelita, solo puedo repetir lo que el guachimán de mi cuadra cuando le preguntas por alguna información: DESCONOZCO MAYORMENTE, SEÑOR.

martes, 9 de octubre de 2007

Lo justo, Daniel Alarcón


En un interminable viaje ferroviario Machu Picchu-Cusco (materia de comentarios posteriores) pude terminar el libro de cuentos del peruano-norteamericano Daniel Alarcón "Guerra a la Luz de las Velas"(2006). Ya hacía unas cuantas semanas había despachado su primera novela "Radio Ciudad Perdida" (2007).

Al pasar la última página de los dos libros el balance es positivo. Sin duda la novela supera -en su conjunto- a los cuentos (realizados éstos más bien como un ejercicio de técnica, como un aprendizaje literario) y refleja la madurez del oficio con que este desmelenado chibolo se para -con pana y concha- en la cancha de los escritores consagrados. A sus casi 30 años Daniel Alarcón tiene aún la edad suficiente para catalogarlo como una joven promesa (no olvidemos que la literatura peruana está plagada de jóvenes que lo fueron y que ahora son tristes realidades).

"Lost City Radio" en su título original (no olvidemos que Alarcón escribe en inglés y en este lado del río lo leemos en traducción) aborda el tema de la violencia política pero sin ambientarla en ningún lugar en especial. El país no tiene nombre y sus ciudades se llaman por números. Alarcón se desmarca así de los interminables anaqueles de novelas que -inutilmente- han querido convertirse en los retratos de la violencia peruana en los '80 y 90'. La violencia está ahí y recorre todo el engranaje de la novela, pero como un halo sutil, una presencia ubicua que todo lo puebla y corrompe. El esfuerzo y el planteamiento de la historia en Alarcón dan resultados. Estamos ante una de las mejores historias sobre la violencia política peruana que se hayan escrito desde hace muchos años (quizás desde "Historia de Mayta" de Vargas Llosa).

Los cuentos que integran "Guerra a la Luz de las Velas" parecen más bien escritos para experimentar con técnicas que para contar historias, sin que último esto sea necesariamente un demérito. Sin embargo, en este libro quizás lo sea. Las costuras que unen las historias en algunos cuentos se ven más de lo necesario. Sin embargo, existen otros donde la historia encaja perfectamente con la técnica. En ese sentido, quizás el cuento que más sobresalga sea "Ciudad de Payasos" (Lima es eso, una ciudad poblada de payasos) y "Guerra a la Luz de las Velas" (por primera vez un personaje senderista retratado en toda su humanidad, imparcialmente, sin loas ni diatribas). En el recuento de los daños, me parece que lo de Alarcón es la novela, el largo aliento que supone ganar la pelea por puntos y no por knock out.

En resumen, aplausos y publicidad merecida. Esperemos un poco -la segunda novela- para ver si nos ponemos de pie.

jueves, 4 de octubre de 2007

"A todos los prófugos del mundo"



El 03 de octubre se cumplen 30 años desde que Luchito Hernandez decidió acabar con todo y convertirse en un prófugo del mundo.

Ahora que los aniversarios están de moda y solo nos acordamos de los muertos cuando mueren un año más y todos son amigos de Lucho y todos lo conocían y querían, hagamos silencio y recordemoslo con poesía, como debe ser:

"A todos los prófugos del mundo, a quienes quisieron contemplar el mundo, a los prófugos y a los físicos puros, a las teorías restringidas y a la generalizada. A todas las cervezas junto al mar. A todos los que, en el fondo, tiemblan al ver un guardia. A los que aman a pesar de su dolor y el dolor que el tiempo hace florecer en el alma".
(Luis Hernández Camarero)




miércoles, 3 de octubre de 2007

Los Jefes



Después de varias lunas retomo mi herética bitácora.

Unas vacaciones frustradas y algunos asuntos laborales urgentes que atender me impidieron seguir escribiendo con la frecuencia que hubiese deseado.

Por otro lado, contra todas mis creencias y certezas he aceptado un cargo 'gerencial' -como escribirían los huachafos- dentro de mi trabajo, de jerarquía y de mayor responsabilidad. Tendré la desgracia de dirigir a otros seres humanos. Pobres ellos y pobre yo.

Me parece que existe algo de masoquismo oculto en la ambición de poder. Sentir que uno encuentra el sentido de su vida al dirigir la de otros refleja -creo- una visión del mundo bastante limitada. Origen de todos los conflictos pasados y los que vendrán.

Mario Benedetti escribe en La Tregua: "Nunca me sentí atraido por las jerarquías. Mi lema secreto: 'cuanto menos jerarquías, menos responsabilidad'. La verdad es que uno vive más cómodo sin grandes cargos".

El tiempo dirá si debí hacerle caso.

lunes, 17 de setiembre de 2007

Erasmo y mi abuelo


De mi extinto abuelo materno aprendí muchas cosas: su estricto sentido del orden y su espartana vocación por la disciplina, por ejemplo. También aprendí a lidiar con su legendario y arequipeño malhumor que, a veces, afloraba contra todo lo que se moviera en el mundo.

En los dos años que viví en su casa, estudiando en la universidad, en ese difícil tránsito de la adolescencia a la juventud, creo que me gané su cariño y su respeto. También aprendí cosas fundamentales para mi existencia futura.

Recuerdo especialmente una anécdota de esa vida pasada. Llegué borracho al departamento, tambaleándome, con la cabeza girando a mil revoluciones, luego de dar cuenta -junto con un amigo de aquellos primeros años en la universidad- de varios litros de vino -en envase tetra pack- comprados al vuelo en el mercado de Jesús María y cuyo vendedor los tenía expuestos al aire libre y soleándose la mañana entera -y sabe dios cuántos días atrás más-. El hecho es que mi abuelo, percatándose de mi infame estado, me sugirió tomar leche fresca para contrarrestar los efectos del alcohol y me la proporcionó en abundancia. Huelga decir que fue la peor borrachera y resaca subsecuente de la que tengo memoria.
Jamás supe si mi abuelo confiaba en realidad en aquel remedio casero o si lo hizo únicamente para darme una lección -inolvidable- en mi formación alcohólica.

Cuando murió, muy anciano, imaginando historias que ocurrían solo en su mente, no pude estar cerca de él para despedirme y con un abrazo agradecerle por todo. Me dejó como herencia un rebelde reloj chino a cuerda que siempre se adelanta y un ejemplar del "Elogio de la Locura" de Erasmo de Rotterdam. Nunca se lo ví leer, pero sospecho que mi abuelo era un discípulo fiel del buen Erasmo.

Cuando leí el libro y cuando, a menudo, vuelvo a él, como ahora, lo extraño más de la cuenta.

"Cerrar los ojos a los defectos de los amigos, creer en su afecto, alabar sus vicios como si fueran virtudes, ¿no es realmente una locura? El enamorado que besa con pasión una verruga de su amada, el que respira con arrobamiento el aliento fétido de su amiga, el padre que piensa que los ojos de su hijo son los más bellos del mundo, cuando es patente que padece de un pronunciado estrabismo, ¿no son ejemplos vivos y rotundos de estupidez?" (Erasmo, Elogio de la Locura)

lunes, 10 de setiembre de 2007

VIDA DE PERROS

Husmeando entre cosas viejas, encuentro este relato. Combato contra mi sentido del ridículo y la verguenza y lo reproduzco a continuación:

VIDA DE PERROS

En aquella época, para nosotros, el mundo se dividía en antes y después de los exámenes. Antes, los cafés al amanecer, la confusión, los ojos hinchados y enrojecidos por la falta de sueño; era el momento de comprobar que el día tiene en verdad veinticuatro horas, enterrados como andábamos en libros, puteando y maldiciendo. Después, el desenfreno, las farras interminables, el ron y la cerveza ardiendo a nuestras gargantas, los besos, los revolcones, la vida a plenitud y sin tregua.

Pero cuando digo que los exámenes nos traumaban no lo hago porque acaso nosotros fuéramos ideales estudiantes o ejemplos a seguir, nada de eso, el Derecho nos importaba entonces lo que un pepino, simplemente, nos repelía la idea de volver a cursar –si es que los desaprobábamos- aquellas materias insoportablemente aburridas; el infierno realmente habitaba en nuestras aulas. En esos tiempos consumíamos casi de todo para ahuyentar el sueño: anfetaminas, café diluido en coca-colas, aspirinas con cerveza, duchazos de agua fría en la madrugada, cosas así; tras todo ello, generalmente lo único que manteníamos en pie era el morbo y la fantasía, y una situación incómoda –en esos trances- que a veces se tornaba insostenible entre nuestras piernas (un onanista compañero nos dio el antídoto para tan alevosa contraindicación, masturbarse puntualmente cada hora y media, así al menos uno podía leer el manual de Derecho Industrial sin imaginarse que hacía el amor con blondas obreras sudorosas alrededor de una factoría).

Por esos días también la conocí... Patricia ¡diablos!, magnífico cuerpo, caderas y piernas de ensueño dibujadas tras unos jeans desteñidos, senos redondos y firmes que, como duraznos en almíbar, reposaban bajo su blusa transparente, y un par de increíbles ojos negros de relámpago. Sí, lo recuerdo bien, eran aquellos ojos indescifrables, ahora tímidos, los que espiaban angustiados mi examen, aquella tarde áspera cuando el proceso penal terminó de acoplarse con la arrechura que entonces me embargaba...

- Oye, ¿tienes la cinco?-
Me hice el desentendido, entonces, ni siquiera la miré.
- Hey, por favor, la cinco, ¿la tienes?-
- Eso depende- ataqué tanteando el terreno.
- Depende... ¿de qué?- me preguntó susurrando y casi a punto de llorar, entonces me fije lo carnosos que eran sus labios.
- De lo que tengas que hacer mañana a la noche- no podía dar concesiones, además, ¿qué hacer una vez echado al mar sino nadar?.
- ¿Estás loco?, ¿Y el final de Internacional?- me sonrió y entonces todo era cuestión ya de saber administrar la situación.
- Bah, el profesor es un reverendo imbécil, todo el mundo se copia-
Alea jacta est.
- Está bien, pero tengo que regresar temprano-
- Ok. Paso por ti a las ocho- sellamos el pacto con una mutua sonrisa y me apresuré a vomitarle lo que en el proceso penal no se considera objeto de prueba: lo notorio, las leyes naturales, lo imposible...

Aquella noche la luna fue mi cómplice, después de una de Almodóvar en la Filmoteca, hubo vino –su reticencia era pura pose, se derretía ante un buen tinto- y abundante conversa en un barcito pacharaco del centro, después, las horas que corrían mientras sudábamos y nos agitábamos en un hostal, mientras desnudos pontificábamos la gloria del amanecer. No hay discusión, nada en la vida se compara a un buen polvo.

Nuestros encuentros de fortuitos pasaron a ser habituales, la relación clandestina, contra todo pronóstico, se asentó y consolidó, la vida en la universidad seguía igual de mediocre, mi mujer adquirió hábitos quisquillosos y caprichos estúpidos, las ramas del Derecho navegaban por mi cerebro sin echar ancla alguna, y, por si fuera poco, el futuro se presentaba –al menos para mí- como una colilla apagada. A nuestro horizonte, en verdad se lo tragaba el horizonte.

El final de mi juventud –y el de la historia- es bastante previsible, en vez de graduarme y hacer la tesis, obtuve un hijo y me titulé de marido (en realidad tuve que casarme, porque Patricia, además de buena amante era también bastante católica, y no aceptaba otro tipo de solución al problema del retraso). Conseguí un empleo mediano de redactor en un semanario de actualidad –mi afición a la literatura terminó por salvarme- y comencé a arrastrar una extraña vida en común con una mujer y un pequeñuelo, que, demás está decirlo, se parece cada vez más a su madre y menos a mí. Con los amigos de la facultad me veo esporádicamente, lo suficiente para que una buena borrachera nos haga recordar aquellos tiempos idos de libros y glorias. Algunos, los menos, han triunfado y destacan ganando pleitos ajenos e inhalando cocaína (además de pagarnos las copas); otros, los más, fracasan diariamente coexistiendo con la inmundicia del Poder Judicial y una vida mediocres. A todos por igual los años han acrecentado su estupidez.

Es curioso, pero por mi parte recuerdo todo esto con nostalgia, aquí en el hospital, mientras fumo un cigarrillo a escondidas y espero a que Patricia acarree otra boca más que alimentar –sólo espero que sea mujer y que herede de su madre aquellos ojos negros de relámpago-, mirando el pasado en los recuerdos con una única convicción, que, lenta, ásperamente, se escurre por mi garganta, nuestra vida es de perros y la juventud, una mierda.

P.d.- Lo escrito líneas arriba es para la horda Valium, la mejor materia que me dio la universidad .
Lima, marzo 13, 1993.

viernes, 7 de setiembre de 2007

El Apetito por la Destrucción: 20 años después

Leyendo la última Rolling Stone (sí, en español, la única que se puede conseguir en el kiosko del aeropuerto) me entero que el "Appetite for Destruction" de los Guns n' Roses cumple 20 años desde que fuera editado, allá por el lejano mes de julio de 1987.

Debo confesar que, en plena euforia por los Guns n' Roses en los 90', la banda de Axl Rose jamás me gustó, sobretodo por una cuestión de principios. En esa época era metalero -de los duros y radicales- y andaba harto de ver por doquier tipos con pañoleta en la cabeza emulando al tal Axl. Los rechazaba instintivamente, así que no les presté demasiada atención. Estupideces de la adolescencia.

Sin embargo, con la sabiduría que dan los años (ya quisiera) mi concepto sobre esta banda y en particular sobre este disco ha variado radicalmente. Fundamental para entender la progresión del rock comercial de los '80 hacia la música alternativa de los '90, el "Appetite for Destruction" tiene todo lo que un disco debut debe de tener: harto punche, canciones memorables, inmejorables riffs y sucio rock and roll. Un gancho al hígado.

Lo que siguió a la edición de este fundamental álbum es historia harto conocida. La fama, el dinero, las drogas (más), las mujeres (más), terminaron por acentuar la patología de Axl Rose (fue diagnosticado como maniaco depresivo) y el grupo se deshizo luego de fuertes e irreconciliables peleas entre ellos. En la actualidad dos de sus miembros (Slash y Duff McKagan) tratan de revivir los buenos tiempos en Velvet Revolver y Axl Rose hace casi 9 años -¿¿??- sigue grabando lo que será el disco que marque su retorno "Chinese Democracy".

Una anécdota sobre la grabación del "Appetite for Destruction". En la canción 'Rocket Queen' que cierra el álbum se oyen unos gemidos femeninos que delatan un polvo de los buenos. Los gemidos pertenecen a Adriana Smith -una stripper- y la grabación la realizó Axl Rose mientras se la tiraba en el estudio de grabación. Lo bueno viene aquí: Adriana Smith era en esa época novia del baterista de la banda.

En fin, que 20 años no son nada y este álbum ha ganado ya por derecho propio su sitial en la historia del rock. Por mi parte, cada vez que escucho "Sweet Child o' Mine", "Welcome to the Jungle" o "Paradise City" me vienen ganas de hacer el amor, emborracharme e ir a cualquier discoteca, todo en ese orden. Estupideces de la vejez.


martes, 4 de setiembre de 2007

Working Class Hero: The U.S Vs John Lennon


Los que admiran el genio musical de John Lennon con frecuencia suelen olvidar su condición de activista político.

Lennon, durante toda su carrera musical -e incluso antes- fue un personaje incómodo, políticamente incorrecto, un rebelde y también un desadaptado que -con fina ironía- descreía de los íconos de la cultura occidental y de sus cánones apáticos y aburridos. Provocador agudo, sacudía de rato en rato la sociedad hipócrita –norteamericana e inglesa- que le había tocado sufrir. Su cruzada pacifista, su amistad con personajes radicales (como Bobby Seale, cofundador de las Panteras Negras), su participación decidida en el movimiento por los derechos civiles, hicieron de Lennon un personaje non grato para la administración Nixon. Al punto que el F.B.I –dirigido por el siniestro EdgarHoover- lo investigaba y perseguía. Lo acosaba y espiaba.

El documental “USA Vs John Lennon” (2006) de David Leaf y John Scheinfeld recorre, en 96 minutos, la dimensión política de Lennon y centra su atención en el encono con que el imperio más poderoso del planeta –a través de sus tentáculos oficiales- vigilaba cada una de sus acciones.

A pesar de las amenazas veladas, Lennon nunca claudicó en decir lo que pensaba (luchó legalmente por varios años para evitar su deportación y al final lo consiguió), su campaña antibélica -el inmejorable “War is Over (if you want it)“- en plena guerra de vietnam fue el mejor ejemplo de su espiritu inconformista y rebelde.

El documental muestra una anécdota reveladora sobre el carácter de Lennon incluso cuando aún formaba parte de los Beatles. En una monótona entrevista televisada a los cuatro de pronto un periodista les pregunta sobre la guerra de Vietnam. Paul, Ringo y George parecen incómodos, miran para otro lado, les fastidia el tema o no les interesa en lo más mínimo. Solo Lennon contesta la pregunta.

Lennon. Un verdadero Working Class Hero.