domingo, 1 de mayo de 2011

Ernesto Sabato: Antes del fin


Ernesto Sabato se fue 55 días antes de cumplir los cien años. Se cansó de esta vida que él mismo se ocupó de mirarla desde tantos ángulos distintos. Nos dijo adiós y cerró sus maltratados ojos, esta vez para siempre. Este mes de abril -a pesar de todo lo bueno que trajo- sigue siendo el más cruel.

Él fue responsable que todas las chicas que me gustaran en la universidad les cambiara el nombre por "Alejandra", buscando inútilmente en ellas a aquel personaje tan entrañable de "Sobre héroes y tumbas". Sus ensayos (aun recuerdo el estremecimiento cuando descubrí 'Uno y el universo'), leídos al fondo de una aburrida clase de derecho, fueron mis mejores lecciones de filosofía, ética y moral. En sus pocas novelas aprendí más de la vida que en las esquinas de mi calle.

Con su doctorado de física a cuestas, en París, se fue a refugiar entre los surrealistas franceses, aburrido de ver pasar la vida desde el Labotario Curie ("Durante ese tiempo de antagonismos, por la mañana me sepultaba entre electrómetros y probetas y anochecía en los bares, con los delirantes surrealistas. En el Dome y en el Deux Magots, alcoholizados con aquellos heraldos del caos y la desmesura, pasábamos horas elaborando cadáveres exquisitos"). Cansado de la ciencia, descreído y escéptico, abandona una prometedora carrera en la física y decide refugiarse en la literatura y pintura. "El Túnel" es una de sus primeras ficciones, aun cuando sus ensayos ya eran conocidos ("Bastará decir que soy Juan Pablo Castell; el pintor que mató a María Iribarne..."), después vendrían "Sobre héroes y tumbas" y "Abaddón el exterminador", tres novelas con las cuales su prestigio y calidad como escritor comienzan a ser unánimemente reconocidos. Recibe el premio Cervantes en 1984, pero ni aún así dejó de quemar a la tarde todo aquello que escribía durante el día.

Luego de recuperada la democracia en Argentina, el presidente Raúl Alfonsín le encomendó la difícil tarea de presidir la CONADEP, una comisión encargada de investigar las violaciones de derechos humanos en la Argentina durante la dictadura y que dio origen al estremecedor informe: 'Nunca más': "Señores jueces: quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria. Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: ¡Nunca más!" (palabras del Fiscal Strassera en el juicio a las Juntas Militares). 

Su mujer de siempre, Matilde (a quien conoció a los 17 años, en el partido comunista) se fue hace 13 años, dejándolo en una profunda tristeza. Abandonó para siempre la escritura (la ceguera galopante que lo acosaba no le dio tregua alguna) y se refugió en la pintura y la música. Quizás la muerte -esa dama impía que no respeta nada- lo encontró así, sereno y tranquilo, con un pincel a la mano y con un viejo tango resonando en las paredes de su casa.

El día de ayer fue uno aciago, no solo para la Argentina, sino para todos aquellos que lo sentimos -a través de sus novelas y ensayos- como un viejo maestro, como un padre intelectual distante pero no por eso menos cariñoso ni generoso. Hasta siempre maestro Sabato, por aquí se te extrañará mucho.

 "Les propongo, entonces, con la gravedad de las palabras finales de la vida, que nos abracemos en un compromiso... sólo quienes sean capaces de sostener la utopía, serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido"


Ernesto Sabato, 24/06/1911 - 30/04/2011

viernes, 22 de abril de 2011

Giordano Bruno

“El joven estudioso estrecha el libro contra su pecho mientras se abre paso entre la multitud. El Campo dei Fiori está abarrotado; es un año jubilar y Roma rebosa de peregrinos, pedigüeños y carteristas. Él avanza lento ignorando a los vendedores que le tiran con fuerza de la manga. Días antes una pequeña noticia había llamado su atención en una publicación local. Se iba a ejecutar a un monje dominico de Nola que había agotado la paciencia y la buena voluntad de las autoridades. El estudioso suspira. Se le encoge el corazón ante la expectativa. Aún no ha pasado un siglo desde la muerte de Leonardo pero la ilustración se ha desvanecido tanto que parecen haber transcurrido eones.

El estudioso trepa con dificultad el andamiaje situado detrás del puesto de un mercader y eso le permite ver desde arriba las cabezas de la masa. El griterío procedente de un extremo de la plaza le comunica que Bruno ha llegado tras haberlo exhibido desnudo por las calles de Roma. Lo atan al poste con cuerda gruesa mientras un funcionario local lee los cargos. El estudioso sólo alcanza a oír palabras sueltas: “hereje impenitente…, negativa a retractarse…, despropósitos constantes”.

Un soldado atraviesa la lengua y la mandíbula de Bruno con una aguja para que deje de hablar. Como gesto de clemencia, el soldado le cuelga un saco de pólvora alrededor del cuello para acelerar el fin del sufrimiento. Bruno aparta la cabeza cuando le ofrecen el crucifijo. Los gritos saturan el aire; antorchas encendidas se elevan a lo alto y luego descienden. El estudioso no soporta mirar más y se abre camino a empellones para salir de la plaza.

El libro que sostenía entre las manos el joven estudioso era Del infinito: el universo y los mundos, escrito por Giordano Bruno en 1584".

domingo, 17 de abril de 2011

Zen para principiantes


A esta película (basada en el libro homónimo de Elizabeth Gilbert) le han caído con todo. Que si es un mamotreto más de aquella fábrica de sueños llamada Hollywood, que si la trama es insufrible por más que quiera parecer profunda, etc. Incluso alguien de mi entorno femenino me advirtió -cuando quise verla, de puro inocente- que era una "porquería". Entonces -también de puro inocente- decidí retirarla de aquellas diversiones pendientes que duran dos horas. Me habían dicho que era mala -malísima en verdad- y eso para mí era suficiente.

Sin embargo, aquello cambió cuando un sábado, en pleno Polvos Azules y buscando documentales de rock, mi buen amigo Danny me inquirió -bastante serio- si había visto la película de marras. "No" -respondí- "X me ha dicho que es una porquería" -respondí bastante seguro-. "Nada que ver" -dijo Danny, sonriendo- "Yo la ví en Alemania y no me pareció tan mala como dices". Entonces, decidí comprarla y agregarla a mi carrito de blue ray piratas, al fin y al cabo, solo perdía seis soles en el intento.

Durante algunas semanas le tuve miedo a esta película y no me pregunten la razón porque tampoco la sé. Sólo estaba seguro que no quería verla solo. Me dije entonces que cuando sucediera -es decir, cuando al fin la pusiera en el reproductor y decidiera darle play- tenía que estar en compañía de alguien especial. Total, que después de algunas semanas enterrada bajo otros títulos, llegó el día de decidir por mí mismo -y bien acompañado- quién tenía la razón sobre el juicio (arbitrario, al fin y al cabo como todos los juicios de valor) de la susodicha película.

Personalmente, la película no me pareció tan mala como me habían dicho y tampoco los 130 minutos que dura se me hicieron interminables. Es más, en algunos pasajes de la misma no pude evitar emocionarme y reconocer en el personaje de Julia Roberts -radiante como siempre- algunos pasajes y paisajes de mi vida. Es cierto que la película tiene pretensiones que sobrepasan a una cinta cinematográfica -solo concebibles en un libro- pero no creo que sea un intento fallido, ni mucho menos. "Confía" es la palabra clave alrededor de la cual gira toda la cinta y es mi palabra favorita de estos días.

Danny, te debo un par de cervezas.

sábado, 9 de abril de 2011

Como un explorador....


Como siempre, el maestro Sabina tiene infinita razón....
 

"Después de tanto tiempo al fin te has ido
y, en vez de lamentarme, he decidido
tomármelo con calma.

De par en par he abierto los balcones,
he sacudido el polvo a todos los rincones
de mi alma.


Me he dicho que la vida no es un valle
de lágrimas… y he salido a la calle
como un explorador. 

He vuelto a tropezar con el pasado
y he pedido, en el bar de mis pecados,
otra copa de ron.


Y en otros ojos me olvidé de tu mirada
y en otros labios despisté a la madrugada
y en otro pelo, me curé del desconsuelo,
que empapaba tu almohada.


Y en otros puertos he atracado mi velero
y en otros cuartos he colgado mi sombrero,
y una mañana, comprendí que a veces gana,
el que pierde a una mujer.


Con el cartel de libre en la solapa,
he vuelto a ser un guapo entre las guapas,
chulapas de Madrid,
sólo me pongo triste cuando alguno,
en el momento más inoportuno,
me pregunta por ti. 


Y en otros ojos me olvidé de tu mirada
y en otros labios despisté a la madrugada
y en otro pelo, me curé del desconsuelo,
que empapaba tu almohada.


Y en otros puertos he atracado mi velero
y en otros cuartos he colgado mi sombrero,
y una mañana, comprendí que a veces gana,
el que pierde a una mujer (¿bailas?)".

martes, 5 de abril de 2011

...Y nosotros ahogados en un vaso de agua


"Es bastante peculiar ser un humano. Nuestra vida está colmada de sucesos y ajetreo, de trabajo y entretenimiento, del ir y venir de familiares y amigos. Vistos desde la altura, nuestros actos parecerían tan intencionados como la actividad de las abejas en una colmena o las ardillas en un bosque. Sin embargo, todos nos consideramos entes vivos, conscientes. Nos planteamos nuestra propia existencia. Sabemos que moriremos. Tal vez compartamos esta capacidad de autoconciencia con unas pocas especies más en la Tierra, pero ninguna otra criatura ha llegado a conocer el lugar que ocupa dentro de los vastos paisajes del espacio y del tiempo"
                                              Chris Impey, Una historia del cosmos

sábado, 2 de abril de 2011

The Trooper


Los cuatro jinetes del apocalipsis (o los destructores del porvenir, ustedes decidan).

jueves, 31 de marzo de 2011

Better Man

El disco "Vitalogy" de Pearl Jam fue uno de los pocos originales que compré apenas salió al incipiente mercado limeño allá por el año de 1994. Aun recuerdo los 20 dólares que gasté juntando los sencillos de las escasas propinas que recibía (sueldo de hijo, que le dicen).

El disco y sus sucesivas escuchas -solo o con los compinches de siempre- fue todo un acontecimiento para mi incipiente -en ese entonces- formación musical. Me enganché sobremanera a él (aun lo conservo, viejo, ajado,  medio destrozado, pero con la potencia de siempre). Sólo estaba seguro de una cosa, Pearl Jam era -y es- un grupo de puta madre (disculpen el francés). 

Ahora, después de muchos años, lo rescato a través de un box set deluxe editado este año donde incluyen el VS y el Vitalogy es una edición de 3 discos. Vuelvo a sentir lo que sentía hace más de 15 años, cuando era feliz e indocumentado.

La canción Better man es el soundtrack de estos días.

"Waitin', watchin' the clock, it's four o'clock, it's got to stop
Tell him, take no more, she practices her speech
As he opens the door, she rolls over...
Pretends to sleep as he looks her over

She lies and says she's in love with him, can't find a better man...
She dreams in color, she dreams in red, can't find a better man...
Can't find a better man
Can't find a better man
Ohh...

Talkin' to herself, there's no one else who needs to know...
She tells herself, oh...
Memories back when she was bold and strong
And waiting for the world to come along...
Swears she knew it, now she swears he's gone

She lies and says she's in love with him, can't find a better man...
She dreams in color, she dreams in red, can't find a better man...
She lies and says she still loves him, can't find a better man...
She dreams in color, she dreams in red, can't find a better man...
Can't find a better man
Can't find a better man
Yeah...

She loved him, yeah... she don't want to leave this way
She feeds him, yeah... that's why she'll be back again

Can't find a better man
Can't find a better man
Can't find a better man
Can't find a better... man..."

miércoles, 30 de marzo de 2011

Causas y Azares


Hoy conversaba con una querida amiga sobre la manera cómo el azar se inmiscuye en nuestras vidas y nos hace pensar -a veces- que todo carece de sentido y dirección. Que estamos aquí de paso, metidos en una inmensa licuadora que no deja de funcionar nunca y que el arte de vivir consiste en dejarse llevar para no terminar demasiado mareado, confuso y embarrado.

En esas estaba, cuando recordé la letra de una inmensa canción de Silvio Rodriguez (a quien se le perdona todo, incluso que siga siendo marxista en Cuba) que resume perfectamente lo que uno aquí no puede explicar -y es que la poesía, como el Señor, tienen caminos inescrutables-. Se llama Causas y azares y pertenece a su disco homónimo de 1986.

"Cuando Pedro salió a su ventana
no sabía —mi amor, no sabía—
que la luz de esa clara mañana
era luz de su último día.

Y las causas lo fueron cercando

cotidianas, invisibles.
Y el azar se le iba enredando
poderoso, invencible.

Cuando Juan regresaba a su lecho

no sabía —oh alma querida—
que en la noche lluviosa y sin techo
lo esperaba el amor de su vida.

Y las causas lo fueron cercando

cotidianas, invisibles.
Y el azar se le iba enredando
poderoso, invencible.

Cuando acabe este verso que canto

yo no sé —yo no sé, madre mía—
si me espera la paz o el espanto,
si el ahora o si el todavía.

Pues las causas me andan cercando

cotidianas, invisibles.
Y el azar se me viene enredando
poderoso, invencible."

jueves, 24 de marzo de 2011

La bestia en Lima (Iron Maiden, Estadio de San Marcos, 23 de marzo de 2011)



Siempre me criticaron que en los conciertos no era demasiado efusivo, que la emoción me la guardaba en los bolsillos. No sé si esa visión era la correcta. Creo que no. Sin embargo, ayer sí que fue la excepción. Cuando Iron Maiden salió al escenario a las 9 de la noche, todo cambió.

La noche limeña prometía, a pesar que la convocatoria no terminaba de pegar y la gente llegaba a cuentagotas. Y digo prometía porque no estaba solo, después de muchísimos años asistía con mis dos mejores amigos a la comunión con la música (Valium en pleno, sus otros miembros están en el destierro). Las cervezas y los puchos iban y venían y el cuerpo estaba preparado para detonar como un cochebomba.

Contracorriente, el grupo peruano telonero, cumplió con creces. Con dos magníficas guitarras y una estridente batería demostró que hay poco que envidiar afuera y dejó algunas frases de antología ("Buenas noches, basuras"; "Aniquila la situación"; "Sácale la mierda a esa guitarra"). Los tres comenzamos a avanzar, entre una marea de sudor y polos negros, el escenario era el objetivo final.

Con una puntualidad inglesa, a las 9 de la noche los reflectores se apagaron y el escenario se convirtió en una pequeña vía láctea. Los acordes del intro de The final frontier dieron paso a la explosión de las tres guitarras, el bajo, la batería y la voz inconfundible de Bruce Dickinson. La bestia estaba nuevamente en Lima y venía dispuesta a arrasar. La espera de 26 años por fin terminaba. Durante las próximas dos horas nadie iba a quedar indiferente.

La noche comenzó a enfriarse (una inusitada lluvia se desató y me hizo pensar por un momento en el Cusco) pero adelante el calor era peor que un sauna. Los cabellos mojados y la gente arremolinada que saltaba sin pausa contagiaban al pogo que poco a poco se fue desatando. 2 minutes to midnight fue el principio del fin. La marea humana nos llevaba de un lado a otro y lo único que quedaba por hacer era dejarse llevar. Intentar resistirse era inútil.

Es difícil tratar de recordar lo que pasó a continuación. Tengo visiones fragmentadas del concierto. Solo sé que la música sonaba y sonaba, potente, sólida, sin pausa. Lo siguiente que recuerdo es un cataclismo de gente saltando y gritando y yo con ellos, abrazado a extraños (cometí el error de ir al baño a medio concierto -mis recientes estrenados riñones no aguantaron tantas cervezas- y, aunque volví a meterme de lleno a la masa de gente de adelante, no pude encontrar de nuevo a mis partners). La gente, cuando había una pausa en esa locura colectiva, socializaba las cervezas, los puchos y hasta los huiros. Acólitos de una religión extraña y desconocida, comulgábamos en conjunto con todos los presentes.

Al final, pude recuperar al fin a mis amigos y terminamos la noche conversando y tomando unas cervezas en un parque, hasta que la policía, patrullero de por medio, nos botó. Ya no seremos los jóvenes de antes, pero ayer pudimos comprobar que nos divertimos igual. 

Dicen que al concierto de Maiden asistieron únicamente 25 mil personas. Sentí que era hermano de todas ellas.

 

Set List
Satellite 15... The Final Frontier
El Dorado
2 Minutes to Midnight
The Talisman
Coming Home
Dance of Death
The Trooper
The Wicker Man
Blood Brothers
When the Wild Wind Blows
The Evil That Men Do
Fear of the Dark
Iron Maiden
--------------
The Number of the Beast
Hallowed Be Thy Name
Running Free



lunes, 21 de marzo de 2011

Presentación (Nueva Era)

Queridos (y escasos) seguidores:

Han sido más de cuatro años que escribo y mantengo este blog bajo el seudónimo de Giordano Bruno, aquel hereje por excelencia que decidió incinerarse defendiendo sus ideas en un mundo regido por el oscurantismo y la intolerancia. Durante este largo tiempo quise hacer de este medio una bitácora de viaje, un registro de emociones, sensaciones y lecturas que me permitieran arrojar una botella al mar del ciberespacio dejando constancia que existía alguien del otro lado, con las mismas confusiones, sufrimientos y pequeñas alegrías como cualquier otro.

De ese tiempo hasta ahora demasiada agua ha corrido bajo el puente. Mis confusiones siguen siendo muchas y mis certezas son pequeñas y se cuentan con los dedos de una mano. Sin embargo, hace poco tiempo que mi vida está experimentando un cambio radical en todos los aspectos, he empezado un viaje interior que espero que me lleve a encontrarme conmigo mismo, sea lo que fuere que halle al final del sendero. En esos afanes, me planteé seriamente abandonar este blog, eliminarlo o dejarlo a la deriva, con la esperanza que tantas palabras que podían resumir una vida sirvieran -si fuera el caso- de algo a alguien. Sin embargo, me pareció injusto abandonar este pequeño cuaderno de viaje, por insignificante que fuera. Le tengo un inmenso cariño y en sus páginas virtuales puedo reconocerme en todos estos años, tal como soy y como siempre quise ser.

Es por eso (y por muchas otras cosas más) que decido hoy abandonar el anonimato y dar la cara (disculpen la osadía). Se inicia -al menos para mí- una nueva etapa y una nueva era. Aún no sé a dónde me llevará. Como música de fondo resuenan los acordes de la canción de la Velvet Underground: "Something's got a hold on me/ And I don't know what/ It's the beginning of a new age/ It's the beginning of a new age/ It's a new age."

  

viernes, 18 de marzo de 2011

Ala de Colibrí


Hoy me propongo fundar un partido de sueños,
talleres donde reparar alas de colibríes.
Se admiten tarados, enfermos, gordos sin amor,
tullidos, enanos, vampiros y días sin sol.

Hoy voy a patrocinar el candor desahuciado,
esa crítica masa de Dios que no es pos ni moderna.
Se admiten proscritos, rabiosos, pueblos sin hogar,
desaparecidos, deudores del banco mundial.

Por una calle descascarada
por una mano bien apretada.

Hoy voy a hacer asamblea de flores marchitas,
de deshechos de fiesta infantil, de piñatas usadas,
de sombras en pena del reino de lo natural
que otorgan licencia a cualquier artefacto de amar.

Por el levante, por el poniente,
por el deseo, por la simiente.

Por tanta noche, por el sol diario.
En compañía y en solitario.

Ala de colibrí,
liviana y pura.
Ala de colibrí
para la cura.
                 (Silvio Rodríguez)

jueves, 17 de marzo de 2011

Wild Horses


"I know I dreamed you a sin and a lie
I have my freedom but I don't have much time
Faith has been broken, tears must be cried
Let's do some living, after we'll die

Wild horses couldn't drag me away
Wild, wild horses, we'll ride them some day

Wild horses couldn't drag me away
Wild, wild horses, we'll ride them some day"

Amén, Rolling Stones.

martes, 8 de marzo de 2011

Lucha de Gigantes


Lucha de gigantes convierte
el aire en gas natural,
un duelo salvaje advierte
lo cerca que ando de entrar
en un mundo descomunal,
siento mi fragilidad.

Vaya pesadilla corriendo
con una bestia detrás,
dime que es mentira todo,
un sueño tonto y no más,
me da miedo la enormidad,
donde nadie oye mi voz.

Deja de engañar,
no quieras ocultar
que has pasado sin tropezar.

Monstruo de papel,
no se contra quién voy,
¿o es que acaso hay alguien más aquí?

Creo en los fantasmas terribles
de algún extraño lugar,
y en mis tonterías para
hacer tu risa estallar.

En un mundo descomunal,
siento mi fragilidad.

Deja de engañar,
no quieras ocultar
que has pasado sin tropezar.

Monstruo de papel,
no se contra quién voy,
¿o es que acaso hay alguien más aquí?

Deja que pasemos, sin miedo...

PD: Hoy, por alguna extraña razón, me levanté con esta canción en la cabeza.
El gran Antonio Vegas y una verdad inmensa como la luna.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Cerrado por derribo


Esta sala de espera sin esperanza,
estas pilas de un timbre que se secó,
esta mala ventura, esta contradanza,
este tráiler de mudanzas,
con los muebles del amor.


Esta campana herida en el campanario,
esta mitad partida por la mitad,
estos besos de Judas, este calvario,
este look de presidiario,
esta cura de humildad.


Este cambio de acera de tus caderas,
este payaso que ya no hace reír,
este arrabal sin grillos en primavera,
ni espaldas con cremallera,
ni anillos de presumir.


Este dulce de leche contaminado,
este perro andaluz sin domesticar,
este orgullo de príncipe destronado,
esta esquina del pecado,
esta ruina de Don Juan.


No abuses de mi inspiración,
no acuses a mi corazón
tan maltrecho y ajado
que está cerrado por derribo.
Por las arrugas de mi voz
se filtra la desolación
de saber que estos son
los últimos versos que te escribo,
para decir "condiós" a los dos nos sobran los motivos.


Esta necesidad de necesitarte,
este llamarte sin quererte llamar,
este olvidarme del deber de olvidarte,
este lunes, este martes
y el miércoles que vendrá.


Esta lágrima de hombre de las cavernas,
esta horma del zapato de Barba Azul,
qué poco rato dura la vida eterna
por el túnel de tus piernas
entre Córdoba y Maipú.


Esta guitarra húerfana y delirante,
con su terco knock knockin’ on heaven’s door,
estos dedos que dejan caer un guante,
delicado y transhumante,
a los pies de un trovador.


Este Land Rover aparcado en tu puerta,
la rueca de Penélope en el Luna Park,
este sueño que sueña que se despierta,
esta caracola muerta
sin la gramola del mar.


No abuses de mi inspiración,
no acuses a mi corazón
tan maltrecho y ajado
que está cerrado por derribo.
Por las arrugas de mi voz
se filtra la desolación
de saber que estos son
los últimos versos que te escribo,
para decir "condiós" a los dos nos sobran los motivos.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Javier Heraud: Poema


Quisieron ser iguales los hombres.
                                     Y eran hombres.
Sólo que no se daban cuenta.
Quisieron gozar y sufrir como los hombres.
                                    Y eran hombres.
Quisieron morir como los hombres.
                                     Han muerto.
Ahora sí que saben qué hombres eran.
                                    Son hombres.
                                                          (1958)

lunes, 21 de febrero de 2011

La insoportable inmadurez del ser


En casi todas las películas de Woody Allen el azar suele jugar un papel fundamental en determinar el destino de sus protagonistas. El destino, en ese sentido, no es otra cosa que las piezas de ajedrez movidas por un Dios detrás de Dios del que hablaba el poema de Borges. Casi siempre, las fichas dispuestas en ese enorme tablero que es la vida acaban firmando tablas, en el mejor de los casos y, en el peor, suscribiendo la defunción del rey.

La última película de Allen, "You will meet a tall dark stranger" (2010)  (traducida extrañamente al castellano como "Conocerás al hombre de tu vida") es un manifiesto acerca de la mediocridad de la que están pobladas nuestras relaciones afectivas en los tiempos que corren, de cómo solemos angustiarnos por perseguir una felicidad que es cada vez más esquiva, de cómo el destino se burla de nuestras insatisfacciones. Aquí no hay golpes de suerte como en Matchpoint, aquí lo que puede salir mal sale de todas maneras mal.

El amor evidentemente es el leivmotiv de este cúmulo de historias entrecruzadas donde cada personaje va construyendo, poco a poco, el pozo de donde ya no podrá salir. Sin embargo, la narración es ajena al tono fatalista y sombrío que podría adoptarse (y que constituye una marca registrada de Woody Allen); aquí los personajes se van a la mierda con una sonrisa cómplice del espectador. La comedia es la excusa para presentarnos en toda su dimensión la fatalidad de la que está hecha la vida de los hombres.

Los protagonistas también dan la talla: Anthony Hopkins (primera vez dirigido por Allen) es un correcto anciano preocupado por alcanzar una plenitud física y sexual que ya le es esquiva y que lo lleva a divorciarse de su arcaica esposa (una brillante Gemma Jones) y volver a casarse con una prostituta escandalosa y venida a menos (Lucy Punch). También está la bellísima Naomí Watts (con esa belleza que a las mujeres solo le otorga la madurez) quien debe sobrellevar un anodino matrimonio con un escritor frustrado (Josh Brolin) y un amor no correspondido con su jefe snob (Antonio Banderas). El hilo conductor de todos ellos es una charlatana adivinadora del futuro que con sus predicciones ocasiona más de un desarreglo. En suma, el reparto cumple a cabalidad la función de representar la tragicomedia montada por Allen para ilustrarnos acerca de cómo la vida se encuentra en otra parte, menos allí donde la esperamos.

En los primeros 7 minutos de la película, Allen, de manera brillante, nos presenta a todos los personajes de la historia. El resto de la narración está dedicada a mostrarnos su inevitable -y a veces cómica- caída.

Háganse un favor y véanla.

  

lunes, 7 de febrero de 2011

Blues for Gary


Se fue a los 58 años. Una edad donde uno ya no es una joven promesa pero el queda el innegable talento que te brinda la experiencia. Estaba en Málaga de vacaciones y, al parecer, su agotado y bluesero corazón no quizo consentir unos acordes más. Se fue como los grandes. Sin despedirse. Sin lágrimas ni adioses inoportunos. Se quitó sin más.

Gary Moore (1952-2011) fue uno de aquellos eximios guitarristas de segunda fila, sin que esto signifique desmedro o falta de maestría. Nada de eso. Lo suyo era la guitarra eléctrica y afilada. Lo supo Thin Lizzy que lo tuvo entre sus filas. Lo supo también el gran Peter Green que lo recomendó ante la CBS para que lo ficharan. Lo suyo era era el hard rock y el heavy. El blues -la etapa que más prefiero- fue un amor tardío pero no menos importante. Su guitarra lloraba con esos acordes sobre el amor sucio y no correspondido.

Ahora, mientras escucho el magnífico disco "Blues for Greeny" (1995), donde plasmó toda su admiración por Peter Green y el blues duro de Fleetwood Mac, creo que Moore, allá arriba, ya está afinando su vieja guitarra y buscando a Rory Gallagher y a Hendrix para bajarse unas botellas de whisky.

Hasta luego, maestro.   

martes, 1 de febrero de 2011

La noche devastada


Las memorias del cubano Reinaldo Arenas, “Antes que anochezca” (Barcelona, Tusquets editores, 7º edición. 343 páginas),  es un libro devastador en varios sentidos.

En primer lugar, porque desnuda la miseria de la revolución cubana, aquel experimento social que entusiasmó a gran parte de Latinoamérica, pero que, luego de muy poco tiempo, terminó plagada de oscuros funcionarios y soplones de toda laya, donde la sola palabra crítica, disidente  o contraria al régimen era –y es- condenada como delito y castigada con prisión efectiva en unas cárceles que se asemejan a degradantes campos de concentración. Reinaldo Arenas tuvo la desdicha de encarnar todo lo condenado por los progresistas barbudos que tomaron el poder a partir del 1º de enero de 1959 en la pequeña isla caribeña: era escritor, homosexual y disidente.

El testimonio de Arenas sobre su vida en Cuba es conmovedor y desgarrado. Al principio, aun adolescente, se pliega vigorosamente a la revolución que se venía gestando y que culmina en la toma del poder por parte de Fidel Castro y sus milicianos. Después, poco a poco, va cayendo en cuenta del gran embuste que significaba el régimen que solicitaba sacrificios del pueblo a cambio de discursos floridos y promesas etéreas. Su devoción por la literatura lo lleva a escribir como poseso sus novelas y poemas y pedir a sus amigos que le guarden sus manuscritos originales por temor que caigan en manos de los burócratas del servicio de inteligencia, donde, de seguro, lo condenarían por escribir aquellos despropósitos en una isla donde en teoría el paraíso había sido instaurado en la tierra. Aquel ir y venir de sus manuscritos lo llevó a reescribir de memoria más de tres veces “Otra vez el mar” (una de sus más logradas novelas y que mi dilecto amigo puñalón secuestró de mi biblioteca sin devolución hasta la fecha) porque, por alguna u otra razón, aquel endemoniado manuscrito se perdía una y otra vez. Hasta que sucedió lo inevitable. Le fabrican una denuncia y dictan orden de arresto contra él. Se escapa y logra refugiarse en el Parque Lenin de La Habana por algunos meses, trepado a los árboles y durmiendo como mono colgado en ellos, con la única compañía de un viejo ejemplar de La Ilíada. Teme perder la razón y se deja capturar. La prisión a donde lo envían es en realidad un campo de concentración disfrazado donde los seres humanos son tratados como escoria, trata de suicidarse pero falla. La vida, poco a poco, se vuelve una oscura pesadilla de la cual teme no despertar. 

Los suplicios y vejaciones sufridas por Arenas no las narra el yo ficcional del escritor, las sufre él mismo en carne propia y por tanto son el testimonio de un sobreviviente, de alguien cuyo error fue no coincidir con el régimen implantado y que por lo mismo tuvo que padecer los vericuetos de un sistema desalmado y kafkiano que condenaba a la desaparición cualquier intento de disidencia. Si alguien, aun en la actualidad, defiende (con candor o ingenuidad) el régimen cubano, bastaría una lectura de estas descarnadas memorias escritas por un cubano cuyo único delito consistió en declarar abiertamente su insatisfacción con el estado de las cosas existente para reconsiderar los entusiasmos progresistas con relación a Cuba. 

En segundo lugar, el libro también es devastador en la descripción abierta e impudorosa de la homosexualidad de Arenas y de los homosexuales en Cuba en aquellos primeros años de la revolución cubana. Según confesión propia, Arenas tuvo encuentros sexuales con más de 5000 hombres en Cuba, muchos de ellos altos oficiales y soldados rasos que representaban la virilidad de la revolución. Sin embargo, esta condición y estas preferencias son narradas de una manera espontánea, sin complejos ni remordimientos de ningún tipo, como una consecuencia previsible y natural de las preferencias sexuales de su autor. Incluso en las más sórdidas aventuras, la libertad de hacer lo que a uno le plazca es la guía que ilumina el camino de Arenas.

Al fin, con la apertura del Puerto Mariel en Cuba para dejar salir a todos los indeseables de la impoluta revolución cubana (homosexuales, orates, delincuentes y un largo etcétera), Reinaldo Arenas consigue escabullirse del férreo control del régimen cubano contra él, y cambiando una letra de su apellido –Arinas por Arenas- logra embarcarse en una de esas naves repletas de desesperados cubanos que dejando atrás familia y sueños destrozados, logran, por fin, escapar del "paraíso terrenal".

Sin embargo, ya una vez libre, aquella libertad sexual le pasaría la factura. Le detectan sida y, muy enfermo ya, antes del fin (antes que anochezca) decide suicidarse, en el ejercicio último de su libertad de decidir. Estamos en Nueva York, en el mes de diciembre del año 1990 y la noche afuera ya llegó.      

 CARTA DE DESPEDIDA DE REINALDO ARENAS ANTES DE SUICIDARSE:

“Queridos amigos: debido al estado precario de mi salud y a la terrible depresión sentimental que siento al no poder seguir escribiendo y luchando por la libertad de Cuba, pongo fin a mi vida. En los últimos años, aunque me sentía muy enfermo, he podido terminar mi obra literaria, en la cual he trabajado por casi treinta años. Les dejo pues como legado todos mis terrores, pero también la esperanza de que pronto Cuba será libre. Me siento satisfecho con haber podido contribuir aunque modestamente al triunfo de esa libertad.  Pongo fin a mi vida voluntariamente porque no puedo seguir trabajando. Ninguna de las personas que me rodean está comprometida con esta decisión. Sólo hay un responsable: Fidel Castro. Los sufrimientos del exilio, las penas del destierro, la soledad y las enfermedades que haya podido contraer en el destierro, seguramente no las hubiera sufrido de haber vivido libre en mi país. 

Al pueblo cubano, tanto en el exilio como en la isla, los exhorto a que sigan luchando por la libertad. Mi mensaje no es un mensaje de derrota sino de lucha y esperanza. 

Cuba será libre. Yo ya lo soy”